A Very Charlie Marian Story: Siempre tuya, Mariana.
viernes, 3 de abril de 2026
p#t@s relaciones
martes, 24 de marzo de 2026
El increíble peso de la moralidad pulcra (Spoiler: Nadie es perfectx, no, ni siquiera yo)
Tengo este hábito de que cuando tengo una idea, un pensamiento o una opinión turbo funable, que me consta que puedo estar pecando de intolerante, violenta, amargada, lo que hago es escribir en mi diario. Lo hago porque suelo ser consciente de cuando estoy pensando algo que no viene de un lugar sensato, lo hago porque ya me funaron varias veces cuando tenía tuiter y era activa por allá. Entendí, a punta de groserías y acoso, que las redes nunca son el lugar para decir cosas cuestionables, cosas que te constan que no serán bien recibidas porque no son populares o directamente estúpidas y mezquinas.
Más allá de curar un personaje de internet, mi motivación es la auto-preservación. Claro, me gusta pendejearme a fachos, machitos y cualquier persona que sea el signo inequívoco de la involución humana pero de ahí a que incluso mismos progres, decontruidxs, wokes, zurdos, o cualquiera de esos grupos te acose hay un mundo de diferencia. Se siente más feo, pues, porque su vocabulario es más amplio para llamarte basura humana con palabras finas.
Ya lo viví. Sobre todo con respecto a mi veganismo y pansexualidad.
Uno de mis filósofos favoritos y amigo personal, Yisuscraist, dijo: El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Y en el 2026, todo el mundo parece armado con sus pilas de piedras.
¿En qué punto señalar las violencias ajenas cruza la línea de lo casual? ¿Cuándo dejas de apoyar una causa y te conviertes en policía? ¿Es que existen temas en los que podemos darnos el lujo de ser unos verdaderos culeros y otros temas que son más tabú?
A veces me pregunto si alguna vez yo me porté así de insoportable y engreída, porque vamos a admitirlo: Hay cierto placer y cierta arrogancia en señalar los errores ajenos. Hay cierta altanería en demostrar tus conocimientos con el fin de humillar, ¿Está entonces tu moral intacta si actúas desde la más alzada de las soberbias?
Tengo a 1 conocidx que actúa exactamente así, como POLICÍA: Se la pasa señalando las palabras incorrectas en los discursos, se la pasa quejándose de X artista o Y cosa que probablemente consume porque de otra manera no tendría manera de saber sus trapos sucios. Tira piedras, porque ellx está libre de pecado seguramente.
Llega un momento en que yo me pregunto: ¿Sirve de algo atacar bajo el nombre de la corrección politíca movimientos, discursos, actos y figuras ante el primer fallo? ¿Tenemos que descartarles sólo porque cometieron un error?
Un error: Un signo evidente de humanidad. ¿No esperamos errores de la humanidad? ¿No es eso lo que nos hace personas, que somos falibles, que somos imperfectos, que por ratos podemos ser intolerantes, odiosos, cabrones, pendejos, mezquinos, ignorantes?
La humanidad siempre descrita desde las virtudes como la compasión, la solidaridad, la hermandad es muy fácil de aceptar, de entender, ¿Pero la humanidad desde el error, el prejuicio? Poca gente realmente se atreve a explorar. Como si realmente la mayoría fuera perfecta, siempre tuviera buenas intenciones, fuera "pura de corazón".
Pues no. La humanidad es ambivalencia, es incongruencia, es imperfecta.
Perfecta nada, nadie, ni siquiera el mundo que la gente de izquierda soñamos: Ni siquiera ese paraíso estaría libre de violencia.
Puedo entender que señalemos los discursos violentos de las personas, porque exactamente así inicia la violencia mortal: Con palabras, con gestos, con guiños. Lo entiendo totalmente. Lo que me cuesta trabajo quizás es rascar para encontrarle un defecto a la gente que generalmente pregona lo "correcto".
¡Claro! Entiendo que hay que saber a leer entre líneas, distinguir los dog-whistles, la simbología, los guiños. ¡Lo entiendo totalmente!
Pero si somos sincerxs todo el mundo lo hace: Tú, amable lector, caes en eso. Dices algo con toda la buena intención que entre líneas se lee como algo peligroso. Yo también lo hago. La cantante de moda lo hace. El artista marginal del barrio lo hace. Lo hace el escritor emergente, lo hace la película más innovadora y lo hace el santo peor martirizado que puedes citar.
Lo hace la religión, lo hace el gobierno. Lo hace la escuela, lo hace el amor. Lo hace la familia, lo hace la lucha más deconstruida que puedas imaginar.
Y también entiendo que los señalamientos sirven para mejorar, totalmente (entiendo muchas cosas, oigan UuUr soy comprensiva as fuck!) pero llega un momento en que si tu única personalidad es apuntar con el dedo es incómodo.
Te das cuenta cuando alguien es un policía: Te señalan con el dedo y te dan las miles de razones por las que lo que dijiste es malo, ¿Pero te aportan, te dan una sugerencia? Si no lo hacen, SON POLICÍAS.
¿En qué momento este acto de liberación se volvió la excusa perfecta de Perfectxs(C) para señalar, humillar, para alimentar su ego moralista?
¿En qué momento una revolución se lleva a cabo a punta de acusaciones? Y ojo que, estoy hablando de inconsistencias en el discurso, no de acciones abusivas tal cual, porque creo que hay una diferencia entre un tuit o una mala palabra a una violación, un acto de discriminación activamente realizado.
¿En qué momento un error se convierte en una diana para lanzar piedras? ¿Es que ya nadie puede darse el lujo de ser TONTX?
No. Con cámaras, con plataforma, con redes sociales, con fans enojados (así les digo a los haters) no se puede dar nadie ese lujo.
Los ojos están puestos en tus palabras, tus fotos, tus acciones. ¿Qué consumes, a quién le das tu dinero y tu tiempo? ¿Qué haces para deshacerte de tus grilletes? ¿Cómo escribes lo que escribes, qué compartes, cómo lo compartes? ¿Qué oyes, cómo lo interpretas? Tengo una larga lista para criticarte. Ven, críticame tú también.
¿Podemos ser moralmente pulcrxs en esta vida, en esta dinámica social?
No.
Nadie es pulcrx.
Ni el santo más santo de todos los santos, porque tiene cola que le pisen.
Ni el fascista más fascista de todos los fascistas es tan malo, porque algo bueno habrá hecho por alguien.
Es un termómetro, entonces. ¿Podemos medir las buenas intenciones?
La diferencia recae, creo yo, en que los motivos y la consciencia: Unx debería poder darse cuenta de cuando sus ideas no están sustentadas en buenas razones. Unx debería poder decirse a sí mismo "esto no le aporta a nadie". Unx debería poder darse cuenta de la naturaleza de lo que piensa, de lo que siente, de lo que dice. En un mundo ideal (mind you) así deberíamos ser todxs: Conscientes, cuestionándonos a nosotrxs mismxs.
Pero así no funciona el mundo, ¿Verdad?
Entonces mucha gente con la bandera del Progresismo y actitud de policía se sube a su pedastal y ataca a los demás: A los derefachos, a lxs indecisxs, a los de izquierda. Ataca a lxs ignorantes, analfabetas, a lxs doctaradxs, a los opinólogxs, a los columnistas, a lxs "líderes de opinión". Ataca a lxs activistas, a lxs movimientos, a lxs íconxs.
¡Y HAY UNA DIFERENCIA ENTRE CUESTIONAR Y ATACAR!
Un polícia ataca. Una persona consciente le cuestiona.
¿Podremos llevar así un cambio al mundo?
Te saltan cuando mencionas la violencia, las armas. Parecieran infiltrados de la derecha con tanta desaprobación.
Cuestiona y aporta, no sólo señales, porque gritar lobo es de policías.
lunes, 16 de marzo de 2026
#embrujada
La primera aclaración que quiero dar es que me dije a mí misma, cuando empecé a sospechar de esto, que no iba a darle importancia al asunto porque autosugestionarme iba a empeorarlo todo. Obviamente decidí romper eso porque lo de hoy fue el colmo.
La segunda aclaración aclaración que quiero dar es que, pese a que yo sí creo en la brujería y todo lo místico, nunca he pensado que pudiera pasarme a mí, porque, ¿Por qué alguien me haría algo así? Yo que soy toda dulzura y simpatía y carisma y tranquilidad... Mis enemigos son Goliaths.
La tercera aclaración es que no me consta, ¿Okey? Cuando se me ocurrió la posibilidad me puse a investigar sobre si existía alguna manera de confirmarlo y resulta que sí, que hay muchas maneras pero mientras leía la neta me dio miedo y mejor le paré. Me dije a mí misma que dejaría pasar el tema, que no volvería ni a pensar en ello ni a hablarlo.
Todo estuvo bien durante algunos días, pero anoche nuevamente ocurrió y ahora, cansada por no descansar nada y con mis ojeras cada día más parecidas a moretones, tomé la decisión de escribir sobre esto.
Quizás les parezca una demente, quizás estoy exagerando, quizás es real y alguien que me lea pueda ofrecerme consuelo, quizás sólo necesito hacer esto público para deshacerme de esa carga mental y emocional que se está convirtiendo en física.
Así que aquí va:
Creo que me han hecho un amarre.
No tengo más testimonio que el mío para argumentar, ¡Pero lean con atención! Ésta es una historia que ya conté en el pasado, en mi blog. De hecho podría asegurar que he escrito en más de alguna ocasión sobre esto, sobre él. Le he dado miles de vueltas, intentando entender qué ha pasado, por qué pasó esto, por qué me sentí así y por qué sigo sintiendo esto. En mi mente no hay razón alguna, sé lo que deseo. Oh, pero mi cuerpo y mi corazón... ¡Incomprensible!
Esta historia se remonta al 2010, más de diez años atrás. Nos conocimos en la calle, él iba con su madre y yo con la mía, luego coincidimos en la preparatoria.
No sé cómo empezar a escribir esto sin sonar como una completa demente, pero bueno, lo más claro es lo más directo o algo así dicen, así que intentaré ser lo más concreta posible:
Podía reconocer que era un tipo apuesto, eso que ni qué. No era más que una apreciación superficial de su persona, porque realmente no lo conocía más allá de saludos de pasillos. Entonces algo pareció cambiar, al menos de su parte:
Esos saludos se convirtieron en pláticas más concretas y largas. Su nula capacidad de respetar mi espacio personal se hizo más evidente y su mirada... No sé cómo podría describirla más que <<atenta>>
Pero el acoso que vino con esto, de sus fans, hombres y mujeres, fue infumable. Y yo no entendía por qué, qué había hecho que fuera tan malo para merecer esos maltratos. Lo peor fue ver que él no se inmutaba, y bueno, tampoco es como que le culpe del todo porque a veces no estaba presente y yo nunca se lo dije, pero las veces que sí lo vio y decidió no hacer nada... Puaj, eso terminó por concertar un recelo hacia él y todo lo que pudiera representar.
Pasé una época muy confusa por aquellos años, sintiendo que me estaba enamorando de una de mis amigAs, el primer enamoramiento de una mujer que pude detectar como tal y que un día me despertara a las pinches seis de la mañana para estar en la escuela a las siete y media y sentir como si un imán me jalara hacia él. Así, de la nada.
Siempre he sido una persona muy ensimismada que ha vivido y vive por escribir, así que en ese momento mi única preocupación era que estaba emocionada por los fanfics que estaba escribiendo sobre Glee, sobre mi amiga agregando al facebook a mi ex-noviecito de secundaria (???), sobre sentirme enamorada de otra amiga y de repente, ¡Pum! como putazo en el estómago, sin aire y desorientada, sentir esto tan fuerte: Pura atracción.
Atracción netamente sexual. Como un magnetismo que me jalaba, una tensión que me asustaba mucho. Me sentía a la defensiva, confundida y cada vez que él me ponía las manos en la cintura para pasar por el estrecho pasillo de entre las bancas, me enfadaba cuando lo hacía y me enfadaba cuando las quitaba. Pensé que me estaba volviendo loca.
Por mucho tiempo lo pensé así. Él como persona no me inspiraba romance, de hecho de repente me caía mal, así que hice todo lo posible por mantenerme lejos porque estar cerca era, además de incómodo para mi experiencia como ser humano, también peligroso por sus celosas fans.
De vez en cuando me lo encontraba por la calle, y así fue que descubrí que vivía extrañamente cerca de la casa de mi abuela. Incluso en algún partido de fútbol amistoso entre mi escuela y la preparatoria de mi anterior casa de estudios, él participó en el equipo donde estaba mi ex novio y fue una escena de lo más pinche irreal, bizarra, horripilante. Salida de la romcom más barata que pudieras imaginar.
Me seguía por los pasillos, alguna vez hasta me correteó hasta la salida sólo para hacerme una plática extraña. Durante aquel intercambio de opiniones y respuestas pendejas (siempre he sido malísima para las small talks) él se acercó mucho a mí, yo retrocedí. Por cada pasado que él daba, yo daba dos. Él uno, yo dos, él uno, yo dos, él uno, yo dos y topé con pared. Casi me vomito encima de la ansiedad.
Luego nos graduamos y no supe de él en un buen tiempo, hasta que nos volvimos a ver en un funeral.
¿Pero dejé de verlo?
No. Al contrario, todo se hizo peor.
Comenzó como un sueño, uno rarísimo, pero como yo siempre he tenido este problema no le di muchas vueltas. Luego fue otro sueño, e igual no le di importancia. Cuando tuve una semana seguida de sueños con él, no sueños cualquiera, sueños ROMÁNTICOS, fue cuando empecé a alterarme mucho.
Mi primer pensamiento fue creer que estaba traumada. Que era estrés post-traumático por el bullying que recibí por estar "cerca" de él. Pero conforme pasó el tiempo, los sueños se hicieron persistentes. ¿Es que yo estaba enamorada y me resistía a aceptarlo?
Podía aceptar que física y sexualmente me atraía, eso jamás lo negué. La cosa era que no me caía bien. Algo en él me repelía y les digo, cada vez que me hablaba de Vargas Llosa (porque vio que me encanta leer) yo sólo le ponía los ojos en blanco.
¿Pero amor? ¿Romance? ¿Quería que fuera mi novio? ¿Quería vivir una historia de amor con él?
No.
Al menos, no creo que fuera así. Podía comparar lo que sentía por él y por mi amiga y era bien diferente: Por él era algo meramente carnal. Por ella era carnal pero además romántico. Él me parecía simplón y hasta tibio. Por ella sentía admiración, deseaba su aprobación a toda costa. Cuando estaba con él me tensaba en automático, como si estuviera frente a un enemigo. Con ella me sentía nerviosa, tímida, boba y ansiosa por agradarle.
De ella quería su atención absoluta. De él quería mantenerme alejada. ¿Entonces por qué los sueños?
Quizás lo más desgastante de los sueños era que, no sólo eran románticos (casi nunca sexuales), sino que al despertar estaba sudando en frío y sentía el corazón latiéndome en la garganta. Tenía esta necesidad de saber cómo estaba. Por alguna razón mis sentimientos oscilaban entre la más terrible de las angustias, preocupada de que estuviera mal, o la más perversa de las curiosidades. Así que lo stalkeaba, cosa nada saludable porque él nunca ha sido de redes sociales así que rara vez encontraba algo nuevo.
Tener pesadillas o sueños raros para mí es normal. Los he tenido desde que tengo consciencia y eso siempre ha sido información pública. La sensación de angustia y estrés, un impulso arrollador al despertar de hacer algo era lo que me asustaba montones.
¿Por qué me siento así?
Un año después de graduarnos conocí a una chica increíble de la que me enamoré locamente pero como los sueños seguían y esos sentimientos me perseguían, sentí que no podía darle mi 100% así que decidí hacer algo muy valiente o muy innecesariamente estúpido, depende de a quién se lo pregunte: Decidí hablar con él.
Me seguía perseguida, atormentada. Pensé por MESES que realmente me había enamorado. Aunque mi opinión y mi corazón eran contrarios a mi cuerpo, decidí darle el beneficio de la duda a mi cabeza. Lo más cercano en palabras era "enamoramiento". Al menos a mis 18 años así lo pensé.
Entonces le escribí por red social, le pedí que nos viéramos para hablar y él aceptó.
Yo fui con la intención de decirle lo que sentía para liberarme de lo que consideraba las consecuencias de emociones reprimidas (¿Ah que sí se nota que ponía atención a mis clases de psicología de la prepa UuUr?) porque quería entregarme por completo a esta chica, porque me encantaba y quería estar con ella y quería que no sintiera que entre nosotras existía la sombra de un hombre (ella es lesbiana)
Quería ser una novia presente, atenta, responsable y estaba enamorada.
Entonces lo vi a él en un centro comercial. Nos sentamos en un lugar de la zona de comida, iniciamos con una plática sencilla, casual, casi formal. De repente le solté la verdad.
-Te cité porque conocí a alguien y quiero corresponderle al cien, pero siento que no puedo porque antes debo decirte que me gustasbas en la prepa-
Su cara fue algo de caricatura. Pasó de rostro relajado y sonriente a una mueca seria y después de asimilar mis palabras sus grandes ojos verdes se abrieron, horrorizados. Ni siquiera intentó ocultar el terror tras su voz cuando me dijo:
-¡¿Por qué no me lo dijiste?!-
De regreso a casa pensé que me había gritado porque el aire acondicionado estaba muy alto (era como septiembre del 2013), o porque las pantallas tenían el volumen a todo lo que da. O por el ruido de la gente. De las cocinas de los locales. Qué sé yo, eso me dije a mí misma.
-Porque no lo creí importante- dije, mirando hacia mis manos.
Él siguió preguntando lo mismo: ¿Por qué no hiciste esto? ¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué? ¿Por qué?
Pues, porque no y ya.
Él no dijo lo mismo sobre mí, y si lo dijo, no me acuerdo. Yo me fui satisfecha de aquella conversación, lista para saltar a los brazos de aquella chica que conocí.
Imaginé que esa confesión sería romper el candado de mi prisión mental y emocional, ¿Pero lo fue?
No. De hecho los sueños se volvieron más insistentes, intensos, angustiosos. Pero me resistí. Los sentimientos que despertaban aquellas escenas me alteraron por completo y eventualmente terminé con aquella chica (O más bien, ella terminó conmigo por básicamente no sentir que le estaba dando todo de mí) y empecé a tener problemas en la escuela. Mi salud empeoró, sólo quería dormir porque me sentía cansada todo el tiempo. ¿Sería cáncer a una temprana edad?
Varios años después de ese encuentro en el centro comercial, él y yo nos encontramos en un funeral. Nos reconocimos en la iglesia, nos acercamos y nos abrazamos. Platicamos muy poco, lo suficiente como para alterarme. Así fue nuestra conversación:
-Hola- yo.
-¿Cómo estás?- él.
-Bien, ¿Y tú?- yo
-Bien. ¿Con quién vienes?- él.
Le rodé los ojos en automático. Él ya había visto a mi hermana, a la que reconocía, pero de todas maneras quería asegurarse de que no había ido con alguien ajeno. Él iba con su NOVIA por supuesto.
Quizás el detalle que me falta omitir es que los sueños que tuve son cuando no estaba cerca de él. Cuando lo veía, dormía como bebé. Pero pasaban días sin saber de él, sin stalkearlo, y eran semanas de soñarlo.
Pasó el tiempo: Cada quién hizo su vida en lugares diferentes, él estudió en otro lugar, yo me fui a trabajar un tiempo a otro lado. No hemos vuelto a coincidir en ningún lugar físico. Yo me he enamorado, enamorado de verdad, bien recio, de que he creído en las almas gemelas y el amor de la vida y todas esas mierdas, y seguramente él también.
Y entonces los sueños volvieron, hace como un año. Insistentes. Al menos dos veces a la semana. He regresado a tener 19 y estar abrumada, nerviosa, tensa, angustiada. Deberían ver mis ojeras. Mi cuerpo no descansa porque mi mente está en otro lado, mi corazón también.
¡Y he escrito de eso! Claro, de hecho lo usé para una novela (espero que gane algún concurso o alguna editorial la acepte XD y entonces ya sabrán cómo eran mis sueños para entenderme poquito mejor)
¿Por qué?
¿Por qué cuando otra gente me ha marcado con más fuerza, de una forma más sustancial, más violentamente, más románticamente, más sexualmente, yo sigo viéndolo en mis sueños?
Sueños románticos de niña. Sueños donde él me da la mano, me regala flores, me lleva a lugares, me dice que me quiere, me besa la cara. Sueños tan equis porque no tienen que ver con mi yo de ahora.
Porque si la ausencia de intimidad sexual es tan marcada, ahí tengo tuiter y en un mes me agarro a alguien. Ya lo he vivido y funciona.
Si es la ausencia de intimidad romántica, créanme, tengo a alguien que me quiere y yo quiero. Palabras bonitas no me sobran, gestos menos.
Si es la ausencia de intimidad emocional... Yo jamás la tuve con él. No tiene sentido que sienta eso.
El dolor corporal, la angustia emocional, ¡La confusión! Brutales.
Alguien me sugirió la posibilidad de que fuera víctima de un amarre. Uno que no se terminó de completar, uno que sigue presente. ¿Eso se puede? ¿Después de tanto tiempo, después de que he experimentado el amor real?
Quién sabe.
A literal 15 años del inicio de esta historia, sigo soñando con él. Sigo sintiendo este impulso de saber de él, de buscarlo, stalkearlo para saber que está bien, al despertar.
Si me preguntan qué es lo que siento por él, honestamente diría que no sé. No sé porque no lo conozco. No estoy segura de que lo que sentí fue amor romántico, no se sentía igual a lo que dicen que debe ser, pero tampoco era indiferencia.
La indiferencia no te hace vivir esta mierda.
Le conté a un par de personas sobre el tema, porque perder el sueño es algo que me enoja mucho. Dos tercios me dijeron que debería hacerme una "limpia energética" porque sonaba a "amarre".
martes, 10 de marzo de 2026
Si nos queríamos tanto, ¿Por qué nos dejamos?
Siempre que cuento esta historia menciono que es normal que la gente crezca y se separe, porque una cambia y tus prioridades se reorganizan y de repente esas diferencias se vuelven distancia y lo que parecían puntos en común se revelan como incompatibilidad. La vida está en constante movimiento y por más que una se clave al suelo el tiempo pasa.
Lo que una vez pareció inevitable ahora se siente condenado.
Así es más o menos mi explicación cuando me preguntan la razón de por qué terminamos.
Pues terminamos, cambiamos, nos alejamos, crecimos, nuestra dinámica sufrió una reorganización por parte de ambas.
Pero ahora que lo pienso, después de que le mandé una carta en san valentín diciéndole te quiero, me pregunto por qué si nos queríamos tanto, nos dejamos.
Sería mentir si digo que durante un prolongado tiempo no me aferré a esa posibilidad, de que simplemente nuestra ruptura haya iniciado porque ella ya no me quería. Aunque era bastante doloroso asumirlo, era lo más lógico de creer.
Nuestra imposibilidad de estar juntas era debido a su falta de amor. Porque durante todo ese tiempo que pasamos juntas, a ella se le había terminado el amor por mí.
Y bueno, me enojaba pensar que en vez de decírmelo apenas lo vio venir, decidió dejarlo pasar hasta el punto de extender nuestra relación a un punto en que todo se sentía aburrido, metódico, agónico.
Pero ella jamás me dijo que ya no me quería, pero sus acciones me resultaban confusas. ¿Qué pasó, en qué momento todo cambió?
A lo largo de estos años vivimos altibajos, como cualquier relación. Y nos peleamos y nos dejamos y nos reconciliamos y volvimos y estuvimos bien y luego mal y luego bien y luego excelente y luego muy mal y luego todo se puso tenso, difícil, evasivo, frío, silencioso.
El final llegó para ambas y creo que ella ya se había mentalizado y estaba lista para soltarme, pero yo no. Yo quería quedarme abrazada a ella, quería seguir con sus manos en mi piel y su voz en mi teléfono y su compañía y sus opiniones y sus defectos y sus aficiones.
¿Por qué si te quería tanto te dejé?
Soy de la creencia de que cuando alguien te deja de querer no puedes hacer nada por revertirlo. Y no voy a mentir, mucha parte de mi vida romántica sería mucho mejor y menos dolorosa y más sana si la gente sencillamente fuera más honesta conmigo, directa.
Dejé de sentirme querida, esa es la verdad. Ella ya estaba en otra cosa, haciendo otros planes, apenas teniendo el mínimo tiempo para mí. Era un rechazo sutil, una indirecta que me tomó semanas, meses entender, pero que también fue muy doloroso para mí.
Yo sabía que si sacaba el tema, terminaríamos. Cada quién se iría por su parte y eso sería todo. Quizás por eso yo también ayudé a extender esta dinámica poco saludable, porque encararla significaba perderla.
¿Por qué si te quería tanto decidí borrarme de tu vida?
Por enojo. Por orgullo. Por dolor. Por querer corresponder su rechazo. Por terca.
Por sobrevivencia.
Porque sentí que si me quedaba con ella a una distancia tan cercana pero sabiéndome no correspondida me iba a destruir Y AHORA ENTIENDO POR QUÉ MUCHXS DE MIS EXS NO QUISIERON UNA AMISTAD CONMIGO.
¿Por qué si me quería tanto decidió dejarme ir así como si nada?
Cada persona es un universo, eso también lo pienso. Ella tuvo sus razones, quizás porque todavía sentía el cariño suficiente para respetar mi decisión, quizás porque sólo ya no le importaba.
¿Qué ha pasado desde entonces? Eso ya lo saben. Yo me aferré a seguir con mi vida, hice cosas, trabajos, rutinas de ejercicio, borracheras, salidas con mis amigxs y familias. Intenté enamorarme, la primera vez luego de eso sentí algo muy parecido por él, pero no lo conseguí. La segunda vez sí fue muy parecido, casi hasta imaginaba mi vida con ellx pero ya saben cómo terminó todo aquello.
He conocido a más personas, he intentado enamorarme, he intentado abrirme a nuevas experiencias y saben que me esfuerzo en ser amigable y social y todo eso y me dedico a mis cosas, mis proyectos y me involucro, trabajo e intento moderar la manera en que manejo mis vicios y tendencias autodestructivas pero algo falta. Será acaso que teilor suif tiene razón y los viejos hábitos realmente se mueren gritando y necesito un exorcismo.
Será acaso que esto es la clase de amor que siempre se queda, no como un fantasma ni como una cicatriz sino como un aspecto de ti que de vez en cuando sale a la superficie.
Será acaso estrés post-traumático, o el hilo rojo del destino. Será acaso el amor de mi vida o un recuerdo al que me aferro porque no he podido sentir ni vivir exactamente lo mismo.
Será acaso que paso mucho tiempo dentro de mi cabeza.
Si nos dejamos hace tanto tiempo, ¿Por qué no hemos podido dejar de querernos?
jueves, 26 de febrero de 2026
Se fue
Se fue de todos lados menos de mí.
¿De mi inconsciente, de mi consciente, de mis entrañas, de mis impulsos, de mis deseos, de mis pensamientos, de mi voluntad, de mi estrés post-traumático?
No sé cómo lidiar con esto. Supongo que debería hablarlo, debería ir a terapia para desenredar todo esto, pero no sé qué más podría decir que no haya dicho o escrito antes. No sé qué más hacer: Es evidente que tomo mis precauciones para no detonarme, y aunque a veces digo su nombre en chistes, no significa gran cosa para mí. Por el contrario, es una manera de demostrar que todavía tengo el control.
¿Pero lo tengo?
Activamente diario decido dejarla ir. Decido no llamarla, no ir a su casa a llorarle. Decido no mandar a alguna de mis amigas para que investigue por mí. Decido no contactar a su hermana, a sus xadres. Decido enfocar mis energías en lo mío: En mi escritura, mis espacios, mis amigxs, mis pasatiempos, en mi perro, en mi familia, mi trabajo. Eso es una elección, ¿No? Diario tomo el mismo camino: Dejarla ir.
Es evidente que el peso de mi soledad de ratos se puede volver asfixiante y sí, la extraño. La extraño mucho; pese a eso no la busco, ni intento invocarla. No me gusta sentir que la extraño porque es como vivir la montaña rusa del duelo y es cansado: Me enoja que todo esto se haya terminado así, pero me concilio con la idea de que las relaciones no son para siempre. Me deprime que vaya a estar tan sola y triste el resto de mi vida pero después alguien me hace reír y pienso en lo contenta que estoy con mis amixes y estoy convencida de que es una eventualidad, que todo va a pasar y yo haré más y mejores amigxs.
Durante todo estos altibajos, el vacío de su ausencia es palpable, es innegable pero soy excelente teorizando sobre mis sentimientos y cuestionando lo que pienso:
La extraño porque me siento muy mal con todo: Con mi vida, con el mundo. Con ella nunca me sentí mal.
¿Pero es así, o sólo es el espejismo idealizado de una persona que no siempre fue tan buena onda conmigo? Que me hirió, que me escondió, que dudó de mí, que renunció a mí como si fuera yo un vicio.
Pienso en aquel movimiento suyo, perfectamente calculado, un engaño que me hirió en lo más profundo de mis sentimientos, algo que ni sabía que podía sentir.
Pienso en nuestras discusiones, en aquellas pequeñas trampas suyas en las que nunca podíamos tener un acuerdo porque ella en vez de ofrecer soluciones sólo enredaba más la conversación haciendo preguntas.
Pienso en su abandono, su indiferencia.
Pienso en el brillo en sus ojos cuando me hacía un halago. Pienso en la tensión que sentía cuando nos tocábamos de forma casual, pienso en cuando me tomaba de la mano para ayudarme a cruzar la calle porque sabe que no sé hacerlo de forma prudente. Pienso en su acento chiapaneco, pienso en su risa y su compañía.
Pienso en su silencio, pienso en sus "te amo", pienso en su irritación, y su abandono, quizás uno de los peores que he experimentado, quizás el más devastador.
Era mi mejor amiga.
¿Cuántas oportunidades tenemos, a lo largo de nuestra vida, de darle ese titulo a alguien que realmente lo merezca?
Recuerdo sus comentarios hirientes, sus desplantes y el frío de la inseguridad en la que envolvió nuestra dinámica cuando los rumores comenzaron a volar.
Recuerdo las canciones que me dedicó, recuerdo las madrugadas que pasamos hablando.
Recuerdo sus acciones ofensivas, recuerdo sus regalos.
Recuerdo cuando dijo que le gustaba que fuera "diferente" al resto de las personas. Ahí donde todo el mundo gusta de señalarme, o burlarse de mí, ella encontraba diversión y belleza.
Recuerdo nuestras peleas, y su silencioso adiós.
Y eso es todo: Recuerdos, algunas fotos y la música que sobrevivió. Ahora ella ya no está, y yo estoy experimentado una soledad muy particular que me atormenta, desde hace tres, casi cuatro años.
Cuando algún novix rompía conmigo, era cuestión de meses para encontrarme a alguien más. Aunque fuera una aventurilla, nunca falta quién se acerque y se preste a vivir lo que se tenga que vivir.
Cuando una amistad se rompía, el malestar me duraba un mes y eventualmente me consolaba saber que tengo más amigxs, y que incluso podría hacerme de más si me esforzara un poco.
Pero desde que ella se fue, no sé cómo reponer esta relación, no sé cómo reemplazarla y miren que he intentado de todo: Me abrí tinder, bumble. Me uní a grupos de facebook. Acepté salidas con lxs amigxs de mis besties. Hice un maldito club de lectura. Contesto las cartas de amor que me envía gente sin cara.
Vago por los rincones del mundo, rasco en la tierra y corro bajo la lluvia. Voy a parques, a tiendas, a cafeterías y bares.
Le sonrío a todo el mundo, respondo con aire amigable. Dejo entrar a la gente y nada me llena, nada es igual, nadie se acerca ni tantito.
Y YA SÉ QUE ES UNA MAMADA ESTAR BUSCANDO SATISFACER ESTE ABANDONO CON GENTE INOCENTE QUE POSIBLEMENTE TIENEN BUENA FE CUANDO ME HABLAN.
¿Pero no es así como funciona esto? Rompes, vives tu duelo y luego lo intentas otra vez.
Hacía mucho que no tenía un sueño tan vívido físicamente. Al despertar seguía sintiendo la humedad en mi boca, un palpitar muy ligero en mis labios y el corazón latiéndome tan fuerte que, no miento, sigo sintiendo dolor en mi pecho (ojalámemuera)
Un escalofrío, sudor frío en mi nuca y un aturdimiento que ha persistido durante mi día. Tengo ganas de gritar, tengo ganas de contarle a alguien pero no me siento cómoda ni escribiéndolo en mi diario. ¿Será acaso que porque deseo que se vuelva realidad?
Mis deseos rara vez empatan con la realidad.
Ella se fue, tiene años que así es, ¿Por qué yo no puedo irme también?
miércoles, 18 de febrero de 2026
Perdóname padre, porque he pecado mucho de pensamiento...
Las iglesias me dan miedo. No importa cuál sea su estilo arquitectónico ni a qué santo o a qué divinidad esté dedicada, todas me producen la misma sensación inquietante de angustia y paranoia. Quizás una parte de mí cree que esos lugares se llenan muy rápido de gente desesperada y ésta me resulta perceptible a mis sentidos, igual que entrar a un hospital o un recinto fúnebre. Quizás hay algo más.
Es innegable que esta adversión tan instintiva viene desde mis tiernos años de infancia, exactamente por el contexto familiar tan marcadamente católico en el que crecí. Luego las escuelas en las que estudié, desde las primarias y hasta la prepa en colegios religiosos (Lo menciono en plural porque saben que estuve en muchas escuelas)
La religión para mí, desde mi nacimiento, y exactamente como a millones de otras personas, fue una imposición. Nadie nunca me preguntó si era algo que me interesara, sólo dieron por hecho que así como mi género y mi orientación, mi catolicismo era por default, casi que por naturaleza.
Así que me vi obligada a crecer entre misas, sermones, historias terroríficas totalmente NO APTAS PARA NIÑXS, entre privaciones y prejuicios.
Por eso cuando cumplo algunos años y mi desbordante curiosidad infantil se hace presente, las respuestas que recibo son represoras:
A Dios no le gustan las niñas preguntonas.
Así me responden en el catecismo cuando pregunto que por qué juzgan tan mal a Judas Iscariote si su destino era traicionar a Jesús y según lo que dicen las catequistas, Dios tiene un plan para todos.
A Dios no le gustan las dudas.
Así me dicen cuando pregunto la intersección de los dinosaurios y la historia de la creación.
A Dios no le gustan las desobedientes.
Así me dicen cuando no quiero ponerme de rodillas para "hablar con Dios".
A Dios no le gustan las desviadas.
Así me dicen cuando quiero hacer el bailable por el día de las madres con mi amiga, no con un niño al que no le hablo.
A Dios no le gustan las herejes.
Así me dicen cuando pregunto que si Dios es todo poderoso y omnipotente, por qué no hace nada para detener el mal en el mundo que ÉL creó.
A Dios no le gusto yo.
Pero si a Dios no le gusto cómo soy, ¿Por qué me hizo así?
¿Por qué me hizo contestona, curiosa, desobediente, rebelde, impaciente? ¿Por qué me hizo pansexual, genderqueer? ¿Por qué me hizo vegetariana? ¿Por qué me hizo sensible, autista, adicta, hocicona, incapaz de la mesura, con el fuego en mi cuerpo que me niega la indiferencia?
¿Por qué me dio todos los rasgos que odia?
¿Por qué me quiere entre su prole?
Cuando me descubrí pansexual, lo primero que hice fue obviarlo, ignorarlo. Me obligué a creer que era sólo apreciación artística por las mujeres. Que su belleza me obsesionaba porque quería verme igual.
Pero cuando la atracción romántica y sexual se volvió incapaz de manejar, me dije a mí misma que era natural. Que todo el mundo siente <<curiosidad>>. Que es parte de crecer. Que eventualmente encontraría a un buen hombre que despierte en mí todo lo que debe ser despertado.
¿Pasó?
Pasó, a costa mía.
Por cada enamoramiento que vivía de una mujer o de una persona nb, la culpa, el autodesprecio, el terror eran parte de. Saberme indigna del amor de Dios me volvió indigna de la compasión más fundamental, la propia.
Saberme sola en mis experiencias (porque las comuniqué entre mis pares y aparentemente era la única gei) lo empeoró todo. Lo lógico era hacerme bolita y esconderme del mundo. Crearme una máscara, una Mariana aceptable. Una Mariana alista, cishetero. Una Mariana creyente, una Mariana obediente.
¿Por qué Dios me haría como soy si pretende echarme a las fauses de sus seguidores?
Mi trauma religioso es tan profundo que recurro a la auto-lesión para expiar mis pecados. Es tan profundo que encuentro consuelo en la vergüenza, en el dolor. La humillación por mis errores se sienten como jabón sobre herida abierta.
Reprimirme, darle todas las vueltas necesarias a mis sentimientos y pensamientos es un ritual que debe ser frecuentado con cierta temporalidad.
Me obligo a arrastrarme a la iglesia cada vez que dejo de creer en la humanidad. Me arrodillo y le pido a Dios, a Satanás, a quién sea que me escuche, así sea una persona a mi lado o un maldito alien, que me ayude.
Blasfemo mucho. Ésa es mi manera de repeler mi adoctrinamiento, de demostrarle a alguien (¿A mí, a los demás?) que estoy curada, que estoy lejos de eso, que he evolucionado intelectualmente, pero después de cada chiste no puedo evitar escuchar la voz de Gerardo diciendo "Maldecir el nombre de Dios es tu pasaje directo al infierno".
¿Por qué Dios me odia?
Fluctúo mucho dentro de mis circunstancias. Cuando la estoy pasando mal, cuando nada me ayuda ni parece haber salida más recta que la muerte, regreso a la iglesia. Cuando me siento mejor, vuelvo al mundo real.
Cuando me preguntan mis creencias, mi respuesta es sencilla: No sé.
No sé si Dios existe, porque si sí existe y ve lo que su creación se ha hecho entre ella y no lo detiene, entonces es un mezquino.
Y si no existe, es casi un alivio, porque entonces no tengo que entregarle cuentas a nadie por mis errores, mis maldades, mis pasadas de lanza y mis pendejadas.
Si Dios existe y no puede hacer nada, entonces le tengo lástima. La impotencia debe ser brutal.
Soy muy crítica de la religión, de todas. Cuando a los diesiséis descubrí con profundo entendimiento lo que la iglesia cristiana hizo en el nombre de jesucristo, decidí renunciar a mi fe. Me pareció (Y todavía) humillante y terrible que yo perteneciera a un grupo que usaran el nombre de mi religión para crear genocidios. Imperalismo. Colonialismo.
Entonces me puse a investigar sobre a qué otra religión podría unirme, porque una vida sin una me resultaba risible, tonta, infantil.
Leí sobre todo: Sobre budismo, sobre judaísmo, el islam, hinduismo. Incluso sobre la wicca y la Santa Muerte. Conocí a gente de todos esos credos. Conocí gente atea. Debatí con todos, hice mis preguntas porque necesito saciar mi curiosidad, esa curiosidad que me condenó al desprecio de dios desde mis 8 años.
Nada me satisfajo. Nada me convenció. Nada me conmovió.
Mi relación con Karli, mi ex mejor amiga y la única mejor amiga que he tenido, se tiñó de tensión por lo mismo. Ella cristiana devota desde su nacimiento, yo agnóstica-casi atea. Discutíamos mucho sobre el asunto. No porque ella creyera en dios, sino porque creía demasiado en su religión. La influencia que ese grupo de persignados moralistas hipócritas tenía sobre ella me horrorizaba. Karli tenía tantas razones para despreciarlos a todos, de renunciar incluso a su familia pero no lo hizo, al menos no mientras yo fui su amiga.
Pienso en cómo mis allegados sufrieron esos estragos: Mis parientes geis incapaces de aceptarse porque según un señor con vestido y con tendencias pedofílicas les dijo que eso no estaba bien. Mis amigas aguantando matrimonios violentos porque dios los unió. Mis alumnos sintiendo la duda de que sus hermanxs se fueran al cielo porque como su muerte fue suicidio, sus católicos padres decían que eso es pecado.
Pienso en mi familia: En mi hermana tan atea que se volvió anticiencia. En mis padres temerosos de dios. En mi tía, a punto de fallecer, tan asustada por la muerte que lo último que dijo fue viva cristo rey.
Pienso en el miedo, en la manipulación y la culpa con la que nos manejan. En el orgullo de pertenecer a cierto sector. En el dinero, en la pederastía y la hipocrecía.
Pienso en sus crímenes, que son pecados, pero son absueltos porque otro hombre les dice que así son.
Pienso en el perdón, en la misericordia.
La razón por la que tantos CRIMINALES e hijos de la verga se vuelcan al cristianismo-catolicismo es porque esas iglesias les ofrecen la absolución completa: No necesitan reparar su daño, con su "arrepentimiento" basta.
¿Por qué Dios odia a lxs que son como yo y abraza a sus atacantes?
¿Dios castiga?
Esa pregunta me la hice temprano en mi formación como católica, camino a mi primera comunión.
-Dios no castiga, Dios es amor y te perdona- me contestó la señora del catecismo.
Pero Dios castigó a la humanidad, desde el inicio de los tiempos. Literalmente el primer libro de la Biblia es el Génesis, que habla sobre cómo castiga a Eva y Adán. Sobre cómo a Adán le impone el capitalismo y a Eva el dolor del embarazo.
Dios castiga a la humanidad cuando manda a los ríos y mares invadir la tierra y Noé tiene que crear la arca.
Dios los castiga a todos: A Moisés, a Rebecca, a Sansón, a Martha, carajo, castiga a su PROPIO HIJO a morir en una de las peores muertes pensadas por las personas. Castiga a Judas Iscariote. Castiga a todos los discípulos de Jesucristo.
Castiga a los judíos, castiga a los romanos, castiga a los cristianos, castiga a los herejes, castiga a las trabajadoras sexuales, a los pobres, a los discapacitados.
Carajo, ¿No mató a literal niños, en la plaga contra Egipto?
Dios te castiga si crees en ESO, te castiga si no es así.
Pero aún así me metieron hasta por la nariz que Dios es amor y Dios todo lo perdona.
Perdóname, Padre, porque he pecado mucho de pensamiento, palabra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa...
viernes, 13 de febrero de 2026
Para toda la gente que he amado.
Qué lindo es mirar hacia atrás y ver cuán amada he sido, de tantas maneras y por tantas personas diversas y más lindo es darme cuenta de lo incompetente que soy para esto del romance.
Lo cierto es que, incluso cuando me he instruido lo más posible con libros, película, canciones, teatro, etcétera etcétera, mi conocimiento sobre el romance es a nivel téorico es bueno, pero a nivel práctico es casi nulo.
Porque incluso cuando he estado más de una ocasión en medio de situaciones románticas, noviazgos, aventuras, etc., sigo sintiendome profundamente primeriza. Cada vez que me enamoro es como la primera vez. Como si lo que antes viví dejara de tener peso, ¡No aprendo! Y quizás no cometo los mismos errores pero tampoco tomo las precauciones que alguien que ha vivido lo que yo he vivido tomaría en pleno uso de sus facultades mentales.
Qué bonito es recordar a través de fotos, de la piel, a través de la memoria, de las cartas. Qué bonito volver a esos lugares que construimos, ellxs y yo, qué bonito sentir que mi vida vale la pena gracias a eso.
Pero qué desalentador saber que pese a todo, sigo ignorante a cómo funciona mi corazón.
El sábado pasado fui a comer con mis amigas. En algún momento de la conversación, una de ellas empezó a hablar sobre las cosas que estaba aprendiendo en sus clases y tocó el tema de las filias. Mientras ella se explayaba yo intenté enlazar aquello que explicaba y mis experiencias.
Mi pansexualidad no sólo se define por mi nula preferencia de sexo-género, sino que también soy incapaz de encontrar un patrón en mis atracciones.
Me gusta quién me gusta. Oscilo entre todes me gustan y nadie me gusta. Siento atracción por todos los tamaños, por los colores, por todas las expresiones, por todos los modismos, por todas las personalidades.
¿Pero enamorarme?
Antes me bastaba con encontrar belleza en quién me escribía cartas de amor y me regalaba dulces los catorce de febrero. Incluso aprendí a condicionarme a <<querer>> a las personas que me querían. Adoctrinada por una ley patriarcal sobre mis relaciones con hombres, fui instruida para entender la atención de ellos como un regalo, un premio. Algo que debía corresponder con entusiasmo, pero cada vez que me obligaba a aceptarlos me sentía muy mal conmigo misma. Me sentía culpable, por saber que les estaba "dando alas". Me sentía sucia, por traicionar mis sentimientos. Me sentía malvada.
Cualquier privilegio social que adquiría cuando dejaba de ser Mariana y me convertía en La Novia de [inserte nombre de un muchacho] no valía la pena.
Me tomó AÑOS de mi adolescencia y joven adultez quitarme esos aprendizajes heteronormados. Incluso cuando desde muy temprano en mi vida sabía que no era hetero, incluso cuando la pansexualidad está abierta a amar a hombres, yo sabía que muy pocos de ellos realmente despertaban algo en mí, más allá de lo sexual.
Ahora a mis treinta puedo decir que pese a todos mis noviazgos y romances con ellos, quizás a lo mucho me he enamorado de 2 o 3 de ellos. Romances juveniles que no moldearon mucho mi manera de ser o mi vida pero que me ayudaron a descubrir mi anhelo por el romance.
Porque sí, es cierto que el género no me resulta un factor ni nada así, y por lo mismo los hombres que se me acercan tienen que ofrecer algo más allá de una masculinidad performativa o una erección.
Una vez que intenté razonar mi respuesta con respecto a lo que mi amiga nos expuso durante la comida, no pude evitar responder: "Me gusta la gente hermosa y violenta".
Y mis amigas de:
XD
En general, ésa es mi respuesta cuando alguien me pregunta si tengo algún tipo de prefencia o patrón. Pienso mucho en eso: Pienso en cómo ningunx de mis ex se parece entre sí, quizás salvo la afirmación de mi ex-roomie de decir que el mimors le recordaba a karli pero creo que eso es un tema muy particular.
La cosa es que, a la hora de abrir apps de citas o de responder qué es lo que busco, mis pensamientos son tan vagos que no ayudan en nada.
Las características personales suelo atribuirlas al carácter y, bueno, a la persona en sí. No es lo mismo decir "Me gusta una mujer hermosa y malvada" que decirlo de un hombre. Uno supone una fuerza de carácter y hasta una personalidad hostil, lo segundo supondría un feminicia en potencia.
Con las mujeres me pasa algo curioso, contrario a los hombres: Primeramente me siento atraída hacia ellas, así, de la nada, sin conocerlas, pero una vez que abren la boca puedo sentir cómo esa calidez en mi piel y mi corazón se desvanecen de chingadazo.
También el hecho de que aparentemente a todas les jode ser directas, entonces a mí me toma semanas, meses, AÑOS en darme cuenta de que me están queriendo ligar y eso me estresa, más que halagarme.
Mis muchas o pocas experiencias con mujeres se resumen en aquellas que tuvieron los ovarios de decirme en mi cara que les gusto o aquellas que casualmente coincidimos en un momento de extrema vulnerabilidad y con el alcohol dimos el paso.
No es que yo no tenga ninguna intención de un romance con una mujer, nuevamente insisto, es que siento que ellas perciben mi atracción o curiosidad como interés romántico cuando eso es lo tercero que siento al conocer a alguien.
Lo cierto es que, incluso contando las situaciones en que estoy segura que no estaba enamorada, mis relaciones con mujeres y hombres han sido satisfactorias.
Las disfruté. He disfrutado cada aspecto de ellas: Las muestras de amor, los regalos, las caricias. Incluso las peleas. Incluso la ruptura.
Pienso que es maravilloso que para mi edad (30) haya vivido tantas vidas. Quisiera decir que aprendí algo pero siento que más bien he aprendido a guardar esas historias como quién lee cuentos de fantasmas.
Evidentemente no todas han sido así. Obvio me he enamorado: No bajo las reglas que me dijeron en el catecismo, ni lo que me acostumbraron a ver en casa. Tampoco con las presiones de mis amigxs cisheteros, ni las clases de ética y biología de la preparatoria.
Me he enamorado. Mucho. Pero ha pasado tanto tiempo entre una y otra, que ahora que quiero descifrar ese proceso sólo acabo con dolor de cabeza y una sensación de desolación, porque me parece que hay muy poca gente que ha vivido lo mismo que yo.
Grisromántica le dicen.
¿Qué me gusta? Pues todo me gusta, esa es la respuesta más concreta y honesta que tengo.
¿Qué te enamora?
Quién sabe we.
Viví un par de romances con gente nb y lo cierto es que no fue tan diferente (MIS SENTIMIENTOS, QUIERO DECIR) con respecto a las mujeres y los hombres.
Sí me enamoré de dos personas nb. Quiero pensar que su manera de proyectar el género me encantó, al ser genderqueer me identifico mucho, ¡Pero igual todo acabó!
De mala mandera, además XD
Entonces: ¿Qué aprendido de esto? Desde los 6 años vengo viviendo situaciones románticas que han moldeado mi manera de amar pero que siguen sin definir mis preferencias.
De repente tengo epifanías que creo son certeras (¡Me gustan lxs escritorxs me dije a los 20 y NEL) y llega algo o alguien que las refuta.
Me gusta la gente "inteligente" hasta que el maestro de la carrera me escribe un whats a las 11 de la noche con faltas de ortografía básicas.
Me gusta la gente "malvada" hasta aquella chica malencarada que era grosera hasta con los meseros.
Me gusta la gente "directa" hasta que mi amigo intenta besarme afuera del baro, en mi cumpleaños.
Me gusta la gente "paciente" hasta que el muchacho con el que me besé en un cine está dispuesto a tolerarme mis ranteos malintencionados y no me corrige.
Me gusta la gente...
Pues, me gusta la gente. ¿Pero me enamoro de la gente?
Sí.
A veces. Casi nunca.
p#t@s relaciones
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