Qué lindo es mirar hacia atrás y ver cuán amada he sido, de tantas maneras y por tantas personas diversas y más lindo es darme cuenta de lo incompetente que soy para esto del romance.
Lo cierto es que, incluso cuando me he instruido lo más posible con libros, película, canciones, teatro, etcétera etcétera, mi conocimiento sobre el romance es a nivel téorico es bueno, pero a nivel práctico es casi nulo.
Porque incluso cuando he estado más de una ocasión en medio de situaciones románticas, noviazgos, aventuras, etc., sigo sintiendome profundamente primeriza. Cada vez que me enamoro es como la primera vez. Como si lo que antes viví dejara de tener peso, ¡No aprendo! Y quizás no cometo los mismos errores pero tampoco tomo las precauciones que alguien que ha vivido lo que yo he vivido tomaría en pleno uso de sus facultades mentales.
Qué bonito es recordar a través de fotos, de la piel, a través de la memoria, de las cartas. Qué bonito volver a esos lugares que construimos, ellxs y yo, qué bonito sentir que mi vida vale la pena gracias a eso.
Pero qué desalentador saber que pese a todo, sigo ignorante a cómo funciona mi corazón.
El sábado pasado fui a comer con mis amigas. En algún momento de la conversación, una de ellas empezó a hablar sobre las cosas que estaba aprendiendo en sus clases y tocó el tema de las filias. Mientras ella se explayaba yo intenté enlazar aquello que explicaba y mis experiencias.
Mi pansexualidad no sólo se define por mi nula preferencia de sexo-género, sino que también soy incapaz de encontrar un patrón en mis atracciones.
Me gusta quién me gusta. Oscilo entre todes me gustan y nadie me gusta. Siento atracción por todos los tamaños, por los colores, por todas las expresiones, por todos los modismos, por todas las personalidades.
¿Pero enamorarme?
Antes me bastaba con encontrar belleza en quién me escribía cartas de amor y me regalaba dulces los catorce de febrero. Incluso aprendí a condicionarme a <<querer>> a las personas que me querían. Adoctrinada por una ley patriarcal sobre mis relaciones con hombres, fui instruida para entender la atención de ellos como un regalo, un premio. Algo que debía corresponder con entusiasmo, pero cada vez que me obligaba a aceptarlos me sentía muy mal conmigo misma. Me sentía culpable, por saber que les estaba "dando alas". Me sentía sucia, por traicionar mis sentimientos. Me sentía malvada.
Cualquier privilegio social que adquiría cuando dejaba de ser Mariana y me convertía en La Novia de [inserte nombre de un muchacho] no valía la pena.
Me tomó AÑOS de mi adolescencia y joven adultez quitarme esos aprendizajes heteronormados. Incluso cuando desde muy temprano en mi vida sabía que no era hetero, incluso cuando la pansexualidad está abierta a amar a hombres, yo sabía que muy pocos de ellos realmente despertaban algo en mí, más allá de lo sexual.
Ahora a mis treinta puedo decir que pese a todos mis noviazgos y romances con ellos, quizás a lo mucho me he enamorado de 2 o 3 de ellos. Romances juveniles que no moldearon mucho mi manera de ser o mi vida pero que me ayudaron a descubrir mi anhelo por el romance.
Porque sí, es cierto que el género no me resulta un factor ni nada así, y por lo mismo los hombres que se me acercan tienen que ofrecer algo más allá de una masculinidad performativa o una erección.
Una vez que intenté razonar mi respuesta con respecto a lo que mi amiga nos expuso durante la comida, no pude evitar responder: "Me gusta la gente hermosa y violenta".
Y mis amigas de:
XD
En general, ésa es mi respuesta cuando alguien me pregunta si tengo algún tipo de prefencia o patrón. Pienso mucho en eso: Pienso en cómo ningunx de mis ex se parece entre sí, quizás salvo la afirmación de mi ex-roomie de decir que el mimors le recordaba a karli pero creo que eso es un tema muy particular.
La cosa es que, a la hora de abrir apps de citas o de responder qué es lo que busco, mis pensamientos son tan vagos que no ayudan en nada.
Las características personales suelo atribuirlas al carácter y, bueno, a la persona en sí. No es lo mismo decir "Me gusta una mujer hermosa y malvada" que decirlo de un hombre. Uno supone una fuerza de carácter y hasta una personalidad hostil, lo segundo supondría un feminicia en potencia.
Con las mujeres me pasa algo curioso, contrario a los hombres: Primeramente me siento atraída hacia ellas, así, de la nada, sin conocerlas, pero una vez que abren la boca puedo sentir cómo esa calidez en mi piel y mi corazón se desvanecen de chingadazo.
También el hecho de que aparentemente a todas les jode ser directas, entonces a mí me toma semanas, meses, AÑOS en darme cuenta de que me están queriendo ligar y eso me estresa, más que halagarme.
Mis muchas o pocas experiencias con mujeres se resumen en aquellas que tuvieron los ovarios de decirme en mi cara que les gusto o aquellas que casualmente coincidimos en un momento de extrema vulnerabilidad y con el alcohol dimos el paso.
No es que yo no tenga ninguna intención de un romance con una mujer, nuevamente insisto, es que siento que ellas perciben mi atracción o curiosidad como interés romántico cuando eso es lo tercero que siento al conocer a alguien.
Lo cierto es que, incluso contando las situaciones en que estoy segura que no estaba enamorada, mis relaciones con mujeres y hombres han sido satisfactorias.
Las disfruté. He disfrutado cada aspecto de ellas: Las muestras de amor, los regalos, las caricias. Incluso las peleas. Incluso la ruptura.
Pienso que es maravilloso que para mi edad (30) haya vivido tantas vidas. Quisiera decir que aprendí algo pero siento que más bien he aprendido a guardar esas historias como quién lee cuentos de fantasmas.
Evidentemente no todas han sido así. Obvio me he enamorado: No bajo las reglas que me dijeron en el catecismo, ni lo que me acostumbraron a ver en casa. Tampoco con las presiones de mis amigxs cisheteros, ni las clases de ética y biología de la preparatoria.
Me he enamorado. Mucho. Pero ha pasado tanto tiempo entre una y otra, que ahora que quiero descifrar ese proceso sólo acabo con dolor de cabeza y una sensación de desolación, porque me parece que hay muy poca gente que ha vivido lo mismo que yo.
Grisromántica le dicen.
¿Qué me gusta? Pues todo me gusta, esa es la respuesta más concreta y honesta que tengo.
¿Qué te enamora?
Quién sabe we.
Viví un par de romances con gente nb y lo cierto es que no fue tan diferente (MIS SENTIMIENTOS, QUIERO DECIR) con respecto a las mujeres y los hombres.
Sí me enamoré de dos personas nb. Quiero pensar que su manera de proyectar el género me encantó, al ser genderqueer me identifico mucho, ¡Pero igual todo acabó!
De mala mandera, además XD
Entonces: ¿Qué aprendido de esto? Desde los 6 años vengo viviendo situaciones románticas que han moldeado mi manera de amar pero que siguen sin definir mis preferencias.
De repente tengo epifanías que creo son certeras (¡Me gustan lxs escritorxs me dije a los 20 y NEL) y llega algo o alguien que las refuta.
Me gusta la gente "inteligente" hasta que el maestro de la carrera me escribe un whats a las 11 de la noche con faltas de ortografía básicas.
Me gusta la gente "malvada" hasta aquella chica malencarada que era grosera hasta con los meseros.
Me gusta la gente "directa" hasta que mi amigo intenta besarme afuera del baro, en mi cumpleaños.
Me gusta la gente "paciente" hasta que el muchacho con el que me besé en un cine está dispuesto a tolerarme mis ranteos malintencionados y no me corrige.
Me gusta la gente...
Pues, me gusta la gente. ¿Pero me enamoro de la gente?
Sí.
A veces. Casi nunca.













