lunes, 25 de mayo de 2026

La primera persona que amé

 ¿Era un él o era una ella?

Une elle no podría ser, no tan temprano en mi vida alguien llegó con esos pronombres.


Recuerdo sus manos, eran suaves, eran cálidas, se deslizaban con tanta facilidad por debajo de mi falda. 

Y hacía calor, era un día caluroso, lo recuerdo. 

Creo que mucha gente recuerda un rostro en específico cuando les preguntas cuál fue la primera persona que amaron. Su primer amor. También creo que la gente queer que vivió su infancia y adolescencia e incluso adultez dentro del clóset o negándose a sí misme no podría evocar una imagen con tanta facilidad.

Cuando amamos, nos descubrimos a nosotrxs mismxs porque entendemos partes de nuestra identidad que no conocíamos antes y ciertos aspectos de nuestra naturaleza despiertan. Para la gente dentro de la norma cisheteroalosexual no es un rompecabezas por armar. Para la gente queer, incluso en nuestros días que parecen tan soleados y progres, sigue siendo un pasado incómodo, a veces doloroso, vergonzoso.

Las historias que uno contaría en un bar, en una cena de boda, en una cita, en una navidad con la familia, esos romances que se vuelven anécdotas lindas o divertidas, para nosotrxs representan peligro, incertidumbre y a veces hasta confusión.

¿Quién fue nuestro primer amor? ¿La persona que nos hizo "darnos cuenta" de que éramos queer, o la persona a la que nos aferramos para sentir lo que nos dijeron que debíamos sentir?





¿Mi primer amor fue el muchachito con el que me di besos de pico detrás de un árbol en la kermés de la secundaria porque me sentía presionada de demostrar mi supuesta heterosexualidad ante mis amigos?

¿Fue el practicante de maestro de deportes que fue a hacer su servicio a mi escuela y al que yo consideré como guapo en voz alta frente a mis amigas?

¿Fue mi compañera de mesa en la primaria que me causaba tanta risa que terminaba con dolor de cara y panza?

¿Fue la niña del campamento de verano con la que nos fugábamos de las actividades para irnos a tirar al pasto, ver el cielo y hablar de las cosas que nos daban miedo que me tomaba de la mano?

¿Fue el primer muchacho que me escribió una carta de amor? ¿La primera chica que me dio un regalo caro?
¿Fue el primer chico que metió su mano debajo de mi falda, fue la primera muchacha que me llevó a su cama?

¿Fue quién me regaló una playlist, quién me dibujó con todo su talento? ¿Fue el nombre tras la carta que recibí la madrugada del  25 de abril? ¿Fue quién me acusó de brujería? ¿Fue quién se unió al equipo de fútbol de mi ex nomás para hacerme reír?

¿Fue quién se ha unido a todos mis planes, o fue quién se perdió entre mi cuerpo, mis traumas y mi tristeza?





Ahora sí que con tres whiskys encima puedo decir que José José tenía razón, el amar y querer no es igual.
Querer, desear, aspirar, idealizar, tener y moldear difieren tanto de amar, en el sentido que amar es aceptar.

Queremos a alguien porque nos gusta, porque nos acomoda, porque nos va, porque es divertidx, porque es lindx, porque nos hace venir.
¿Pero amar? ¿El amor depende de todo eso?

¿El amor es sexo y romance? ¿Es regalos, tiempo, llamadas, celos, fotos en instagram, playlists? 

¿El amor no existe de otra manera?

¿El amor jamás se alimenta de vergüenza, de auto-desprecio, de auto-lesión, de miedo? ¿El amor no es consuelo en el funeral de tu familia? ¿No es váter cuando vomitas porque estás muy ebria? ¿No es reclamarte que no has comido? ¿No es cuidar, no es proteger, no es supervisar...?

¿En dónde, en qué mundo, podemos permitirnos esto a la gente queer?




Si le preguntas a tu amigx queer quién fue su primer amor, va a vacilar. No porque no lo recuerde, sino porque no estará seguro de tu referencia.

¿Quién fue mi primer amor?


¿La persona con la que me obligué a ajustarme a la norma, o la primera persona con la que me sentí diferente al resto del mundo? 

¿Es quién me correspondió primero, dentro de mi identidad, o es quién me usó o yo usé?

¿Quién fue el primer amor de charlie marian?

¿Fue la niña de la primaria que le hacía doler la cara de tanto hacerla reír? ¿Fue el muchacho de los ojos verdes con el que se toqueteó un par de veces? 




La primera persona que amé fue la hoja en blanco antes de ser ensuciada con mi tinta, mis palabras, mi corrector.

¿Lo primero que genuinamente amé? A Karli. Desde los 18 años.


viernes, 15 de mayo de 2026

Te amo. Me estás arruinando la vida.

 Incluso después de todo este tiempo me sigo preguntando si alguna vez me reconciliaré con el hecho de que las promesas que esa vida me ofrecía jamás se cumplirán. Al menos no de la manera en que deberían haberse cumplido.

Cuando una se invierte tanto en una relación termina perdiendo todo lo que una vez la hizo un individuo. Sucede aún cuando sea algo que salió de la absoluta nada, como un chispazo de genialidad, una idea espontánea y sin origen. Así es, estoy hablando de ella, mi carrera.

Educación Especial llegó a mí como una idea alterna a mi plan original. Saben que yo desde muy chica quise ser escritora, pero viniendo de una familia panista de clase media, el arte no era un pronóstico optimista si quería, ya saben, comer y tener techo. Así que la educación especial vino como una sugerencia, gracias a un capítulo de Glee. Ya sé, ya sé, ¿Quién elige una carrera por el maldito nombre de un capítulo de un maldito programa musical y gay? Pues a los diecisiete años no tienes muchos elementos ni muchas herramientas que te permitan crear un panorama y poder planificar mejor.

Pues así fue. De todas maneras ya tenía familia en la educación, mi abuela materna tenía un preescolar, varias de mis tías -incluída mi madre, aún sin título- estudiaron y trabajaron como maestras. Una de mis tías hasta se hizo de renombre dentro del gremio de la educación especial incluso cuando todavía no era ni siquiera una rama relevante del sistema educativo.

Me gusta mucho convivir con niños, educación especial significaba un propósito importante para mi vida, ¿Qué podía salir mal?


Pues todo salió mal.

Pero al menos salí viva -apenas- de eso.




Estudiarla fue una odisea. Una divertida aventura llena de retos, de anécdotas, de estrés y de buenas amistades. Fue sumergirme en un mundo totalmente diferente al que conocía, porque deben entenderme, yo desde los siete años estaba casada con la literatura, los libros, las historias. Mi vida hasta entonces se rodeaba de letras, de imaginación, del clic de las teclas al escribir, del color amarillo de los libros viejos. Todo eso era el universo entero. Era yo. Y ahora estaba entre salones llenos de colores, de gritos. De niñitos sonrientes, de manos pegajosas ensuciándome el mandil, de libros para planificar mis clases, de material rugoso, pintura, de exámenes, de fólders paja llenos de impresiones.

Mis compañeros dejaron de ser otros autores, muertos en su mayoría y ahora eran adultos, muchos muertos emocionalmente. 

Me gradué, me titulé y pasé el examen de oposición para obtener una plaza a los veintidós. Y una vez conseguido un lugar en el voraz mundo laboral, lo único que escribía era éste blog. Leía pero cada vez era menos.

El tiempo dejó de ser una excusa, porque ahora era la energía. Tenía el dinero para comprar los libros que quisiera (bueno, ni tanto XD) tenía vacaciones para dedicarme a escribir, pero lo que no tenía era la energía ni la voluntad. Estaba tan cansada, todo el tiempo. Perdí las ganas de siquiera preguntarme cosas, ya no quería ni imaginar ni nada. 

Invertí todas mis herramientas en sobrevivir al entorno tan violento y hostil en el que estaba: "Así es el mundo laboral, Mariana, acostúmbrate" me dijeron para consolarme.

Me rehusaba a creer que era parte normal del magisterio. Me rehúsaba a considerar aquel acoso como una eventualidad, algo que pasaría, algo insignificante. Las cosas se pusieron muy mal para mí porque por más que busqué ayuda, pedí consejos, acudí con mis supervisores e hice todo lo que me dijeron, nadie hacía nada. Eran puras lavadas de manos.

Empecé a beber mucho. De que diario fourloko, vodka o algo más, para poder dormir, porque de lo contrario no podía (Y mi ex-rumi puede dar fe de esto) y cada vez que viajaba por carretera de verdad pensaba "Ojalá algo estúpido y horrible suceda y me muera alv".

La culpa que me daba de siquiera pensar en suicidarme porque mi ex-rumi tendría que lidiar con ese desmadre, y mi familia sufriría estando lejos de mí y mis alumnitos no sabrían o no entenderían por qué les abandoné y... Pero un accidente en carretera, como los que a diario suceden, me libraría de todo eso.

Evidentemente jamás pasó.


Ser maestrx es difícil, ser una buena maestra es incluso más difícil. Entre escuelas en ruinas, compañeros violentos, padres de familia hostiles (que no fue mi caso pero me consta que los hay), las dificultades que los niños viven y que puedes hacer poco o nada porque "no te toca", la precarización y todo lo demás, no es para cualquiera. Hay quiénes sólo hacen lo indispensable, cobran su quincena y duermen por la noche cómodamente. Hay quiénes tienen que luchar contra el sistema, contra el estado, contra la maña, contra todo por ofrecerles lo mejor a sus alumnos.

Yo me enamoré de la educación especial a sabiendas de que le pertenecía a algo más. Iba en camino a quitarme la vida por ello, pero en algún momento de lucidez, entre resacas y pesadillas, decidí que tenía que irme si no quería acabar muerta antes de los veintisiete.

Renuncié.

Renuncié sin tener un plan b, sin una idea clara de lo que haría después, de qué tanto estaba dispuesta a comprometer de mi persona para conseguir un cheque, de qué tanto era ético perder de mí para seguir en el sistema.

Renuncié al magisterio, pero no renuncié a la educación especial.

En estos años he tenido diversidad de trabajos, ninguno fijo, algunos son sobre mi licenciatura, otros no lo han sido.

Ser maestra es difícil en este país y yo decidí que no estaba dispuesta a morir por esta carrera. 

Te amo, Educación Especial, pero me estabas arruinando la vida.



Me niego a ser fatalista, sé que las cosas pueden ser mejores para los alumnos, los maestros y la comunidad en general. Pero mientras no haya un consenso, una organización y un frente unido, eso no pasará.

La educación especial me ha dado muchas cosas: Experiencias más allá de mi mundo, me dio la satisfacción mágica del agradecimiento de los alumnitos, que te ven como su compañera en el mundo, su aliada. Recibir sus cartas llenas de cariño, con trazos torpes y faltas de ortografía, pero sabiendo que no se las pediste, que nació de su corazoncito, no tiene precio ni comparación. El "Gracias, maestra, nadie había sido paciente con mi hijo hasta usted" de las mamás y papás es algo que no se puede replicar de ninguna forma. Es fundirte en la comunidad, conocer sus desafíos, enfrentar los que vienen y aprender, crecer juntos.

Me dio a una mejor amiga que cambió mi vida para siempre, alteró mi química cerebral y mi manera de ver la vida y la muerte (aunque ya sabemos cómo acabó eso lol karli si lees esto regresa!!!)

Me dio amigas, me dio dinero, me dio el orgullo de mis padres (que lowkey perdí cuando renuncié lmfao no me arrepiento de nada!!) y mis amigxs.

Cambió mi vida. Te amo, educación especial, me estás arruinando la vida.




¿Podré alguna vez escapar de la sombra que el haber sido maestra es?

¿Me considero menos maestra ahora que no ejerzco?

Creo que educar y enseñar es algo que tienes o no tienes, seas lo que seas, te dediques a lo que te dediques. Creo genuinamente que hay gente que nació para ofrecer conocimiento a otros, creo que muchos maestros no tienen eso que llaman vocación. ¿Tengo vocación yo?

No sé. A lo mejor. La cosa es que mi vocación y mi corazón no están alineados. Me encanta mostrarle a la gente cosas que no ven, ilustrarles otras perspectivas, me gusta aprender de los demás, enriquecer mi entendimiento, cuestionar desde que despierto y hasta que me acuesto, pero...

No moriría peleando por el imperio, por el estado, exactamente como no moriría por el magisterio, la sep, la seg, las escuelas privadas. 

Sí moriría por el pueblo, moriría por los alumnos, sobre todo los que están en desventaja.




No sé si alguna vez podré reconciliarme con esa renuncia, esta ruptura. Siete años después de titularme, sigo sin poder terminar de vivir el duelo de perder lo que pensé que una vida me prometía. 

Pero honestamente en este punto no sé quién perdió más: Si yo, o ellos.


lunes, 20 de abril de 2026

Un chico bueno y una chica triste

 Mis traumas son como mis lunares: Tendrías que prestar particular atención para notarlos. 


Me gusta pensar eso pero en realidad creo que soy visiblemente una persona bastante afectada por la vida. Alguna vez alguien muy cercano a mí dijo que mi naturaleza vulnerable y franca despierta en los demás este sentido de protección, de ternura. Creo que fue una manera amable de decirme que le doy lástima a quién sea que tenga que tratarme XD No podría culparle, yo también siento lástima de mí misma.

Ahora bien, con los años me he vuelto plenamente consciente de que este estado tan frágil que *APARENTO* (porque no lo soy, nomás me veo así) es un factor importante para atraer a depredadores u otro tipo de gente abusiva. Mostrarme tan abierta en internet o en persona da una impresión equivocada: Un artificial sentido de acceso público, tierra fértil para relaciones parasociales. Escribir tan abiertamente de mí en sitios públicos, tener una apariencia insignificante es, aparentemente, una invitación a construir una relación unilateral conmigo.

¿Por qué? 

Porque estamos viviendos los peores tiempos para saberse humano: La hiper individualidad, el mal llamado "amor propio", los temacheros y tradwives astetiks atentan contra toda forma de vínculo real. Conectar con otras personas nunca ha sido más difícil que ahora, que aunque parezca que tenemos todo al alcance, nada es real. Nadie es real. Somos pantallas, personajes curtidos por las tendencias de internet, performances en la calle y palabras vacías y movimientos psicológicos aprendidos en lo más barato de internet.

Es ya un patrón dentro de mis relaciones que la otra persona siempre inicie conversación conmigo, porque tiene una idea de mí. Me habrá visto por el parque paseando a mi perro, me conoce por una amiga en común. Coincidimos en algún taller o dio con mi blog por accidente. 

La conexión es inmediata: ¡Por fin una persona real! se dicen. Pero conforme nuestras conversaciones se profundizan, la convivencia crece, se dan cuenta de que no soy esta manic pixie dream girl que imaginaron. No siempre soy chistosa, no siempre tengo energía, no siempre estoy de humor para existir. Tampoco les daré lo que quieren de mí: Motivos para vivir. Emociones intensas que les sacudan sus monótonas y aburridas vidas. Romance, sexo, palabras de amor, discusiones, llantos. La certeza de que lo que sea que viven conmigo es único y es real.

Cuando pasa, suelen elegir la manera más cruel para romperme el corazón. Me arrancan como una curita cuando su cicatriz de insatisfacción ha sido curada y ya no les sirvo. Voy directo a la basura.

Gracias, Mariana, pero hasta aquí llego contigo.

No considero a ninguna de esas personas gentiles ni bondadosas, por eso cuando conozco a alguien que sí me trata bien es... desconcertante.

¿Los papeles se han revertido?




Estoy muy segura que si fuera más convencional y menos, ya saben, traumada, me resultaría más sencillo empatar con las personas. Incluso cuando soy tan introvertida que rayo en lo huraño, sé que si me esfuerzo puedo entablar conversación en donde sea. Casi hasta parezco agradable. Será acaso el desfile de desengaños que he estado viviendo desde, bueno, ¿Desde mi adolescencia?, que el cinismo me ha convertido en una persona bastante triste y amargada. 

Espero lo peor de quién sea que diga quererme, que diga tener interés en mí. Es una manera de autopreservación el pensar que hay un trasfondo en tus palabras. Quieres mis días soleados, mi buen humor, mi cuerpo a las once de la noche, mis palabras de amor, mi corazón... Pero no quieres mis discusiones, no quieres mi llanto, no quieres mi estrés. Quieres lo que te imaginas que soy, no lo que realmente he sido y seré.
Pero véanlo de esta manera: Si dices la verdad, podríamos llegar a un acuerdo en vez de ilusionarme y jugar conmigo.

El mecanismo de defensa producto de mis traumas se hace evidente cuando reconozco el patrón de conducta: No vas a romper conmigo porque eres cobarde, pero vas a ser negligente y vas a abandonarme poco a poco hasta que yo me harte del sufrimiento y te mande al diablo.
Ya me la sé.

Pero entonces él entendió que estaba yo pasando por una depresión y me dio mi tiempo y luego volvió, sin resentimientos ni señalamientos. Y se ha quedado.
Siendo paciente, siendo atento, siendo interesante, siendo divertido, siendo una compañía que nunca imaginé que podría necesitar, que podría merecer.
Un  hombre cishetero decente, ¿Y me tocó a mí conocerlo?

Tal vez es la manera que tiene diosita de decirme que debo dejar de ser tan cínica y tan amargada y aceptar que tal vez todavía hay esperanza para los de su especie.

Tal vez.




Pero tampoco voy a mentir, a veces todavía siento un miedo crepitar dentro de mí: El augurio de que el desastre se acerca. Esta compañía y cercanía con alguien que sí se preocupa y me respeta lo suficiente como para cuidar mis sentimientos es como la calma antes de la tormenta. Y la paranoia empieza, mi estrés postraumático grita: Esto va a devastarme cuando se acabe exactamente como se acabaron mis historias pasadas. Esto va a sepultarme a una profunidad infernal, de la que no podré salir. Esto sería el último clavo en mi ataúd de la esperanza.


¿Es ésta mi oportunidad de permitirme sentir esperanza de que las cosas en mi vida pueden mejorar, que soy digna de algo bueno? ¿O es mi chance de jalar el gatillo, siendo yo la que tiene el arma empuñada?



miércoles, 8 de abril de 2026

La historia de mi vida contada en treinta y un momentos absolutamente ridículos

 Me resulta extraño medir la vida con el tiempo y no con las cosas que suceden durante ese tiempo, porque honestamente creo que  los momentos espontáneos nos marcan más que la podredumbre biológica que sufren nuestros cuerpos con el tiempo.

Por eso, en vez de contarles sobre los años, les voy a contar treinta y un momentos que me marcaron en toda mi vida, para bien o para mal.





31

Tenía quince años cuando pensé en suicidarme de verdad. Por unos momentos hasta hice un plan mental para llevarlo a cabo. Es una historia que ahora cuento con grandes carcajadas porque la razón era bastante... bastante adolescente, a mi parecer. Resulta y acontece que para mi cumpleaños recibí como regalo una laptop, muy linda. Escribía diario, día y noche, escribía por largos periodos de tiempo y un terrible día, por responder a una conversación que mi papá inició al asomarse a mi cuarto, no presté atención a lo que hacía y no guardé los cambios, así que perdí cerca de setenta páginas... Se imaginarán mi devastación. 

Evidentemente no hice el "intento", pero a partir de entonces me quedó claro que este "hobbie" de escribir era algo más que un simple pasatiempo. Era algo por lo que estaba dispuesta a morir.

Let's go, tortured writers!!


30

Cuando tenía seis años casi me muero en un accidente. Ahora que lo pienso, creo que he estado incómodamente cerca de la muerte y quizás todas esas situaciones han moldeado mucho mi manera de percibir mi propia mortalidad.

A esa tierna edad mi mamá, mi hermana y yo pertenecíamos a un club deportivo privado. Un domingo de primavera mi mamá nos llevó a chapotear un rato a la alberca. Pese a que la alberca infantil era bajita, yo llevaba flotadores en los bracitos y en mi mente de niña con delirio mesiánico pensé que si me los ponía en los tobillos podría caminar sobre el agua como yisus, ¿Y qué creen? Pues no funciona así.

No sé cuánto tiempo estuve bajo el agua, pero se sintió eterno. Una vez que estuve de cabeza, intenté por todos los medios y con todas mis fuerzas safarme de aquellos flotadores pero mi cuerpecito era pequeño y mis brazos no me daban para tanto y por el agua cubriéndome por completo era difícil doblarme para alcanzar mis tobillos. Estuve a punto de desmayarme, y no sé de dónde saqué la fuerza pero finalmente pude quitarme un flotador y regresar a la superficie.

Quizás era dios castigándome por pensar que podría imitar un milagro de su hijo el más querido (y al que sacrificó, lol)




29

Cuando tenía diecinueve bebí por primera vez. Bebí en el sentido de emborracharme. No fue al extremo de perder la consciencia, amanecer con cruda o vomitar pero fue la primera vez que alteré conscientemente mi estado. Fue como esa primera fase en la que estás alegre, sociable y divertidx.

Era la boda de una de mis amigas, se sentía como el lugar correcto para animarme a probar el whisky... Y me encantó. No el sabor, no la implicación de adultez, ni siquiera el ligero mareo y la sonrisa tonta, me encantó sentirme... Sentirme normal. Me encantó callar mi cerebro, me encantó poder hacer las cosas en automático que no puedo hacer en sobriedad, como hablar o socializar.

Y bueno, ya sabemos cómo va esa historia...


28

Siempre digo que la primera persona de la que me enamoré es un tal fulano "J", pero en realidad me parece que fue una tal fulana "S". 

En la primaria tuve una amiguita con la que me encantaba estar: Me parecía de lo más divertida, bonita e interesante. En mi mente adoctrinada por el catolicismo y la cisheterosexualidad, asumí que esos sentimientos eran admiración. Que yo quería ser ella.

Pero la verdad es que no, yo quería estar con ella todo el tiempo. Quería escucharla hablar, quería compartir pupitre con ella, quería comer lo que ella comía, quería que pensara que era cool.

Se cambió al año siguiente y eso me rompió el corazón. Saira, si lees esto, ¿Cómo te ha ido en la vida?





27

A los catorce-quince años me uní al grupo de básquetbol femenil de mi secundaria. Ustedes que me conocen, o me han leído, saben que no soy muy alta (1.59, LIGERAMENTE MÁS ALTA QUE EL PROMEDIO NACIONAL PERO IGUALMENTE UNA ALTURA INDIGNA ) pero lo que no tengo de tamaño lo compenso en técnica, heredé de mi padre la habilidad para los deportes, en cualquiera que me pongas soy una pistola UuUr

Yo era la última a la que el entrenador sacaba de los partidos y eso porque me veía con la cara verde de tanto correr de un lado para otro. Era de las que mis tiros eran infalibes, y la que robaba el balón, así que cuando entré a la prepa y se abrió un equipo de básquetbol obvio me presenté a las pruebas.

¡No me eligieron! ¿Pueden creerlo? Pero les fue tan mal que al siguiente semestre el maestro/entrenador se me acercó para preguntarme si no me interesaba unirme (después de ver mi desempeño en la clase de deportes)  y yo le dije que NEL, porque no soy plato de segunda mesa y soy una rencorosa de lo peor.


26

A los siete años fui a mi primer entierro. Mi abuelo paterno había muerto por las consecuencias de un derrame cerebral. No recuerdo muchos detalles, pero tengo vívidamente esta imagen de estar en casa de alguna prima materna (mayor, casi todxs mis primxs son mayores por décadas) con mi hermana y una primita paterna, teniendo una pijamada. El recuerdo es agridulce, porque mis xadres nunca permitirían que durmiéramos en casas ajenas pero esa noche era importante que alguien nos cuidara.

Lo siguiente que recuerdo fue estar en el panteón, un sitio bonito porque estaba todo verde, grandes colinas y los árboles recortados con una precisión casi obsesiva. Desde lo lejos veía a mis parientes, todos vestidos de negro, ver descender el ataúd en la tierra.

¿Era así darle el adiós a las personas? Nadie me preguntó cómo me sentía o qué era lo que pensaba. 






25

Tenía veintitres años cuando me titulé y conseguí una plaza. Me mudé de ciudad con una de mis mejores amigas y nos volvimos rumis. El primer día que llegué a la escuela donde trabajaría como maestra de educación especial, el primer comentario que recibí, posterior de una mirada de arriba a abajo, como si fuera una cosa siendo revisada para asegurar la calidad:

-Cada vez más verdes, ¿Verdad?-

El comentario vino de la directora de la primaria, le calculo unos cuarenta y tantos, cincuentas, que NO era mi jefa. Se lo dijo a una maestra regular de unos cincuenta y tantos. Todo frente a mí.

Ese primer encuentro pronosticaría un ciclo escolar lleno de acoso y agresión verbal.



24

A los diesiciete años me hice "popular" entre el fandom de Glee porque escribía fanfiction. No fanfiction cualquiera, fanfiction DE TERROR. Tomé una historia que me encantaba y la transformé en relatos sobrenaturales.

A veces extraño escribir fanfiction, pero honestamente muy pocas cosas han despertado ese nivel de pasión desde entonces. Cosas que aprendí de esa experiencia:

-Los lectores son caprichosos y a veces no tienen comprensión lectora

-Si una historia es autoconclusiva, ¡No hagas secuelas aunque te lo supliquen!

-Los malos comentarios significan dos cosas: Necesitas mejorar. ¡Estás mejorando porque te lee gente que te odia, let's goo!


23

Tinder llegó a mí como una puerta para el egocentrismo. Claro, sí, me habían mandado al diablo y si estaba consciente no dejaba de llorar y sentía que mi interior se quemaba. También es cierto que llegué al cumpleaños de una de mis mejores amigas llorando porque a medio camino pensé en esa persona.

Pero pasados los meses, decidí que merecía algo mejor, que podía conseguir el cariño y la atención que mi ex me negó y así di con Adrián. Adrián 2.

Coincidimos en gustos: Ambos fans del cine y literatura de terror. Ambos fanáticos del estado de ebriedad. Él me creía guapa y yo lo consideraba guapo, así que nos juntamos.

De aquella relación de apenas unos meses saqué bastante conocimiento, sobre todo de mí. Todo terminó "mal" porque él no supo respetar mis límites, además tenía unas conductas misóginas que por más que le recalcaba que eran violentas no tenía intención de cambiar, así que lo terminé una noche afuera de mi casa, luego de recogerme de mi taller de escritura creativa. Él tenía intención de seguir con lo nuestro, lo sé porque al desabrocharme el cinturón dijo: "Bueno, espero que podamos salir pronto otra..." y yo lo interrumpí. 

-No me vuelvas a buscar- salté de la camioneta, cerré la puerta y entré a mi casa.

Entonces me di cuenta que me había guiado por mi ego. Necesitaba saberme deseada, querida, admirada porque la ruptura con mi ex me había desmoronado a niveles inconscientes incluso.

Ya no uso esas mierdas de apps.




22

Hice llorar a una de mis mejores amigas exactamente a los veinticuatro. Las dos estábamos desayunando en una cafetería que ahora ya no existe. Le conté que su novio, al que ya conocía porque ella me lo presentó y coincidimos un par de veces en reuniones de amigxs, me había agregado a instagram. 

No era que yo tuviera una opinión particular sobre él. Obvio, como siempre digo ningún hombre es digno de mis amigas y siempre reservaré un lugar de mí para la duda pero además se agregaba el hecho de que en una de nuestras últimas reuniones me dijo algo extremadamente panfóbico.

Una noche en el bar me preguntó, después de explicarle lo que era la pansexualidad:

-¿Pero cómo saben tus parejas que pueden confiar en ti?-

Nos enfrascamos en un mini debate al que rápidamente renuncié porque primero: odio explicarme frente a cisheteros, y dos: ya tenía tres mezcales encima, sabía que su pregunta era malintencionada porque esperaba que yo confesara que era capaz de cubrir la infidelidad de quién sea, de mi amiga por ejemplo (Y sí, pero no por ser pan lo haría)

Ella me dijo que la borrara, que no aceptara la solicitud. Yo pregunté que por qué. No porque no quisiera hacerlo sino por curiosidad. Ella instió sin darme razón. Yo nomás dije: Okey, pero tengo curiosidad y...

-¡Porque no quiero que se sigan y ya!- me dijo.

Mi amiga, a la que conocía casi la mitad de mi vida, tenía los ojos llorosos. Una lágrima se le escurrió. Jamás la había visto llorar así que le aseguré que lo haría, hasta lo hice en la misma mesa y le mostré todo. Ella se quedó calmada y cuando me vio tan sacada de onda me explicó sus razones, que obvio entendí.

Es extraño. De todas los desacuerdos que tuvimos, después de tanto tiempo de conocernos, provocarle esa tristeza de esa manera me sigue pareciendo criminal por mi parte.


21

La primera vez que salí de mi ciudad sin la presencia de mis padres fue a los doce años, en sexto de primaria. Fuimos a Guanajuato Capital por cosa estudiantil, pero lo que recuerdo es tan claro que cada vez que lo pienso me da risa.

Estamos acomodándonos en el camión después de una visita a una mina. Yo estoy sentándome, lista para abrir mi mochila y comer algo cuando el profe camina por el pasillito y me dice:

   -Mariana, ¿Qué pasó? Tu mamá dice que no le has llamado y en eso quedaron-

Yo toda mensa con mi teléfono de ladrillo sabiendo que NECESITABA una lada porque antes así era de primitivo el sistema telefónico y yo no me lo sabía. Le respondí al profe que ya en ese momento me comunicaba con ella, pero no fue así y hasta un par de horas después que volvimos, le expliqué a mi mamá que no me sabía la lada para comunicarme a la ciudad. Vergonzoso.




20

Siempre tuve más amigos hombres que amigas mujeres. Tengo varias teorías al respecto:

1.-Soy genderqueer, entonces los hombres se sienten cómodos conmigo porque creen que soy un igual

2.-Porque me depredan n_n

Pero todo cambió cuando inicié la prepa y por fin conseguí lo que tanto soñaba: Un grupo de amigas meramente integrado por mujeres. Claro, habían compañerOs que de repente se nos unían o nos llevábamos muy bien con ellos, pero el núcleo eran mujeres. ¡Y yo fascinada! Continué esa práctica en la carrera y lo cierto es que:

¡Prefiero un grupo de amigAs que un grupo mixto! Nada contra los hombres (realmente mucho, sí) pero vivir en esta fantasía de tener a varias amigas me hace sentir en una sitcom: Sex & The City, Pose, Derry Girls...


19

El primer concierto que viví fue cuando tenía como ocho años. Hubo una gira nacional en el pique de las telenovelas infantiles, Codigo FAMA y todo ese desmadre. Una tía nos llevó a su hija, a mi hermana y a mí al concierto que darían en mi ciudad.

Francamente no soy fan de esos eventos, pero he escogido buenos recitales (como los de Matisse) que disfruto un montón 



18

La primera vez que vi "morir" a alguien fue a los dieciséis. Escribo morir entre comillas porque técnicamente no perdió la vida ahí sino en el hospital pero recuerdo el accidente que lo provocó.

Para variar, la camioneta de mi tío se había averiado así que mis primos y yo estábamos dentro, esperando a tránsito o quién sabe a quién llamaron, porque seguro yo sabía que no tenían. En la orilla de la calle no había nada por ver más que carros y motos pasar, entonces sucedió el accidente: Una motocileta tropezó, no recuerdo con qué, quizás fue el concreto o fue una piedra o algo, pero el motociclista salió disparado. Ni siquiera iba tan fuerte como salir rápido de su vehículo pero lo vi dar una vuelta de ciento ochenta grados. Y se quedó ahí tumbado. Otro de mis tíos llamó a emergencias y para cuando llegó la ambulancia y se lo llevaron, nosotrxs seguíamos ahí. Me enteré al día siguiente que se murió el motocilista. Era un muchacho de unos treinta y pocos.




17

El primer gran duelo que viví genuinamente creo que fue a los nueve años, cuando adoptamos a Frida.

Mi madrina tenía un perrito french puddle que engrendó otros perritos con otra french puddle y le dio una perrita bebecita. Mi hermana y yo estábamos encantadas: La amábamos. Hasta mi papá mandó a cortar la puerta de metal que da al patiecito trasero para que ella pudiera salir y entrar. Recuerdo cuando lloraba a eso de las seis de la mañana y mi mamá y yo nos levantábamos, sabiendo que nos había quitado una hora de sueño porque nuestros horarios no empezaban sino hasta después.

Entonces una tarde, el hijo de la trabajadora doméstica llegó y dejó la puerta abierta. Frida escapó. Por más que colocamos letreros buscándola jamás la encontramos. Eso nos rompió el corazón a mi hermana y a mí, y por eso mis xadres siempre se mostraron renuentes a adoptar nuevamente. Decían "¿Para qué, si de todas maneras van a sufrir?"

Con Manzano se reformularon ese pensamiento, me gusta creer.


16

Tenía veintiuno cuando mi mejor amigo me agredió sexualmente.

Lo conocí a los trece y desde entonces fuimos insperables. Él es homosexual. Él fue la primera persaona a la que le conté sobre mi pansexualidad. Él conocía a mi familia, hasta lo invité a la casa de mi abuela. Yo estaba enamorada de él, en un sentido romántico pero platónico también. Sabía que nunca me iba a corresponder y tampoco prentendía presionarlo a hacerlo. Con su amistad y cercanía me bastaban, yo era feliz.

Entonces, una noche de octubre, nos reunimos en la casa de una amiga para celebrar el cumpleaños de otra amiga en común. Él me atacó. Varias veces intentó levantarme el suéter, la falda. Mis amigas lo cuestionaban, una le gritó:

-¿Por qué le quieres arrancar la ropa?-

Mis (ahora ex) amigos no hicieron nada, sólo se reían. Bebimos, comimos. Él intentó meter su mano dentro de mi suéter, yo le pegué en la cara y él cayó.

Al día siguiente se disculpó, dijo que no recordaba nada, que estaba ebrio. Yo lo bloqueé. Eventualmente corté a la mayoría de mis amigos hombres, así que sí tú eres mi amigo hombre es porque confío en ti. No me hagas vivir por este calvario otra vez. No podría reponerme.


15

A los quince me vi acosada por el fantasma de un niñito, al que no me pude quitar hasta que una bruja (amiga de mi mamá) me ayudó. No, no era una psicosis, ni estrés adolescente. Existía un motivo sobrenatural, sí. La bruja me dijo que porque soy un ser de luz el niño me había confundido con su mamá y me dio una serie de instrucciones para guiarlo bien. Lo hice. Él se fue. 

Años después se me apareció un día de enero cuando yo tenía unos cuarenta grados de fiebre. No dijo ni hizo nada, sólo se quedó ahí viéndome. Yo me quedé dormida y al despertar él ya no estaba. Mi temperatura se regularizó.

Desde entonces procuro ser la peor persona en la fila del OXXO.





14

La relación con mi hermana siempre ha sido tensa, inexacta. La reconozco a ella como una extraña con la que apenas comparto apellido y sangre, pero su actuar me resulta muy errático, muy lejos de mi entendimiento. Durante la infancia estuvo bien, creo. Durante la adolescencia fue difícil. Durante la joven adultez se moderó un poco cuando me fui yo de la casa, pero después se acrecentó los pozos de prejuicio entre nosotras. La incompatibilidad era notoria, tampoco quise escondéserselo a mis xadres.

Tenía veintisiete cuando ella y yo nos creamos un conflicto innecesario, pero ambos bebimos lo necesario para encender nuestras emociones. Yo la abofeteé primero, ella me regresó el golpe. 

Estuvimos un par de semanas, meses en tenso y frío silencio pero eventualmente pudimos solucionarlo. ¿Nos guardamos rencor?

¿No es natural de los hijos ser humanos, falibles y jodidamente culeros?


13

Le mentí a mi amigo con que necesitaba un aborto y para eso necesitaba ir a la cdmx sólo porque cuando le conté mis planes de vacaciones a mi madre me advirtió que si me iba sola ya no podía volver a la casa.

¡Suena muy dramático! Y la historia es tan nadaqueverienta,

A los veintidos planeé un viajecito a la ce de eme equis. Visitaría a mis amixes, haría muchas cosas, me iba a dar unos besotes con (redacted) y todo eso. Ya era dueña de mi dinero, vivía lejos de casa y dije: PUES OBVIOOO, seguiré a mi clítoris, equis. Compré mi boleto, reservé en un hotel de mala muerte -    que yo no sabía era de mala muerte-. Pero apenas puse un pie en la casa de mis xadres y les conté mi plan de semana santa, mi madre fue la primera en espantarse. Contradije sus pensamientos, ella peleó más. Discutimos. Mi plan era total y concreto, nada que pudieran decirme me haría cambiar de opinión, porque obvio viajar a la ciudad de méxico, sin conocer nada, a mis veintidós era una EXCELENTE IDEA.

Mi madre en el calor de la pelea dijo: 

-Pues si te vas, ya no te molestes en volver a esta casa-

y yo: :O?

Intenté convencer a un amigo de que me acompañara, un amigo con mucho dinero, con la excusa de un aborto pero su respuesta me desanimó. No porque fuera provida sino porque estaba dando muchas preguntas, como no creyéndome.

Convencí a mi rumi entonces. Ella me acompañó y mis xadres, más de malos modos, aceptaron mi plan. Años después volvería a su casa y nadie se acuerda de eso.




12

Cuando tenía once años y estaba en esta escuela católica, manejada por monjas, viví algo que me marcó mucho (Una cosa de muchas, la verdad)

Para estar en quinto de primaria en un colegio católico, sería raro que hubiera maestros gays, ¿No? Pues mi maestro era uno y con una pluma muy marcada. Respetaba el código de vestimenta y todo eso, pero era obvio que era gay, hasta para una pansexuala adoctrinada como yo. El revuelo entre mis compañeros empezó cuando él movió el lugar de Juan (un niño pálido como la cocaína y con unos ojos verdes) cerca de su escritorio y entonces, durante la entrega de las boletas bimestrales, mis compañeros y yo nos reunimos cerca de un rincón del patio para platicar. Yo nomás estaba de oyente, no tenía nada por aportar, y entonces alguien dijo:

-Creo que Juanito es puñal-

-¿Por qué lo dices?-

-El profe se lo va a contagiar-

-Porque lo juntó en su escritorio, ¿Que no vieron?-

-Ay, no, no creo que Juan sea...-

-Pues, ¿No dicen que entre ellos se juntan?-

Juan no era gay, al menos nadie lo sabía en ese entonces. Pero me quedó el sabor amargo en la boca.

"Se lo va a contagiar"

¿Quién me lo había contiagado a mí?


11

A los diecinueve hice mi primer karaoke en público. Meses después de la boda de mi amiga, salí con esta chica de Guanajuato Capital. Me llevó por mezcal barato y luego fuimos a un bar con karaoke y cantamos Hit Me Baby One More Time de Britney Spears y FUE UNA EXPERIENCIA.

Mi relación con ella acabó mal pero ¡Eso lo guardo conmigo!


10 

La primera vez que vi porno fue en la computadora del hermano mayor de un morrito de la cuadra.

¡El morrito era "novio" de mi hermana! 

Teníamos más o menos: Yo, 9 años. Mi hermana: 8 años. Noviecito:8 años. Prima: 7 años.

Por alguna razón que sigo sin entender, los adultos nos dejaron en casa del novio de mi hermana. Eran vecinos, claro. La madre había muerto en un terrible accidente, sí. El hermano "mayor" más próximo de ese niño era Ezequiel, con discpacidad motriz e intelectual. Ante los ojos adultos se podría leer como que tres niñas fueron a la casa de dos niños abandonados.

En algún momento de esa tarde encontramos la computadora de escritorio del hermano mayor (unos 16-18) que estaba trabajando. La esculcamos. La encendimos, vimos los archivos y dimos con el porno:

Recueredo vívidamente dos mujeres lamiendo un pene, y en mi mente infantil me parecía la escena de dos mujeres lamiendo un elote.

¿¿¿¿????

La decepción cuando vi que eso no es asíDIGO NADA.


9

A los 26 años la mujer que consideré como segunda madre se murió gracias a la segunda oleada del covid.

Sin despedidas, sin funeral, sin entierro. Nos dijeron un día "X se enfermó de covid", menos de una semana después, en plena madrugada, "X se murió".

La mujer cuya cara aparece en mis más lejanos recuerdos se murió. La mujer que se ocupó de alimentarnos a todos en su casa. La mujer que me llevó a la papelería por la biografía de Benito Juarez. La mujer que nos invitaba a usar las biciletas a los sobrinos. La vecina que fue el pilar de mis xadres, que fue la segunda madre de mis primxs y yo. La mujer que no dejó que ninguno de sus hermanos se quedara sin techo y comida.

Nadie en mi casa pudo dormir después de esa noticia. Luego de estos años creo que mis xadres y mi hermana aprendieron a vivir sin ella, mis primos y tíxs también.

Yo no. Yo siento como una espina debajo de las costillas. Ni siquiera puedo decir su nombre sin llorar. No creo que eso se acabe.


8

Manzano y yo salimos a su paseo diurno de siempre. Tenía en mi mochila sus bolsas de plástico para las popós. En mis oídos estaban mis audifonos con mi plalylist para el paseo. Mis tenis bien amarrados. Caminamos dos cuadras, tres cuadras. En la cuarta veo unos ojos negros que enfocan a mi perro, de dos años. El dueño es un perro mestizo, más grande que manzano. Yo tenso la correa y nos vamos por otro lado. No busco problemas. El perro, claramente de la calle, nos sigue. Por una calle, dos calles, tres calles, un boulevard, una avenida, cuatro calles.

Estoy en la esquina de mi calle. Saco las llaves. Ese perro apresura el paso, nos sigue. ¿Me atacará? ¿Por qué me siguió? Manzano corre peligro, eso es lo que pienso. Abro la puerta con torpeza, pateo la puerta y aviento a mi perro. Detrás de mí viene este animal.

Manzano y yo estamos tan asustados que él no quiere salir.

7

Me sentí consciente de mi cuerpo cuando tenía diez años y me empezaron a crecer los pechos. Todavía no menstruaba, seguía en la primaria, pero yo sabía, al verme al espejo, que esos bultos no iban a pasar desapercibidos. Fue fácil esconderlos en la escuela, fue difícil hacerlo en las reuniones familiares.

No quería que al verme lo primero que fueran a notar fueran mis senos de adolescente. No quería que me consideraran como adolescente. Quería ser yo, niña, chica súper poderosa, quería ser Mariana.

Y mis pechos a los diez años no me dieron un nuevo nombre, pero a los once en la primaria me dieron el premio a "Las piernas más bonitas". Mis votantes de mi misma edad.





6

A los catorce años descubrí la saga de Crepúsculo porque una compañera nos la recomendó y prestó. Algo en esa historia me daba catártisis, romance, violencia, drama. 

La cosa es que, luego de varios años, descubrí que no era que me interesara la historia total sino que veía mi pansexualidad en la introversión de Edward y el modelo del coraje en Bella.

Creo que si Stephanie Meyer tuviera mejores editores y consejeras su saga sería mejor.


5

Nunca me han asaltado. Han asaltado a mi hermana en la prepa y a su entonces novio. Asaltaron a un amigo a punto de golpes, a una amiga la tiraron bajándose de un camión. Una vez le empuñaron una pistola automática en el estómago de mi madre dentro de un banco. 

Jamás.

No porque no me dé miedo, sí me da miedo y procuro ser muy cuidadosa, ¿Pero un altercado violento entre armas y rateros? ¡Nunca!

Incluso cuando he andado por ahí en la calle a media noche, o he andado por ahí ebria, exponiéndome a situaciones...

¿Será acaso que los asaltantes me ven como una persona peligrosa (UuUr lo soy)?


4

Una mañana de invierno cuando tenía veintiuno cuando estaba en mi servicio profesional (requisito para titularme) me encontré a mi mejor amiga, ella ya había firmado su hora de entrada y después de que hice lo mismo, la saludé desde los lejos. Desayunamos en diferente zonas de la escuela y a la hora de salida, después de firmar, me estuvo contando su día. Yo le dije:

   -Vi a Omar fuera del salón un rato-

Karli se río entre dientes.

-Le dije que si no entraba le diría a su maestra guapa-

 -¿Quién es su maestra guapa?-

Mi pregunta era genuina porque la mayoría cruzaban los cuarentas y dudaba que ese niño, al que yo tuve dos años atrás en prácticas, pensara en maestras de una edad real.

 -Tú-

-Ahh, ¿Crees que soy guapa?- le dije, riéndome.

Ella se sonrojó, se río y cambió de tema.

Karli, yo sí me acuerdo.




3

Durante el primer semestre de la carrera tuvimos a una maestra llamada Karla. Ella nos daba la materia de contexo y educación, algo así. Como parte de su clase nos exigía llevar un diario de campo que ella revisaría y en la cuarta clase, dijo que todos deberían irse a extraordinario. Hizo una excepción:

-Menos Mariana, porque ella no tuvo ni una falta de ortografía-

Y escuché a una compañera decir entre dientes:

-¿Pues cómo? Si es escritora-


Creo que es la primera vez que alguien se refirió a mí como escritora de forma degradante.

¡Fernanda, estoy consolidando una carrera de escritora!

2

Nunca me he sentido la adulta de nada. Ni entre mi familia ni entre mi gremio. Pero a los 18 me subí en el auto de un morro de 17. El copiloto tenía 17. Los pasajeros teníamos (17)- mi hermana (17) y yo (18). ¡Y que un tránsito nos detiene!

Veníamos de un bar. ¿Habían tomado ellos? Quién sabe, yo creía que no. ¿Pero olían a drogas? Yo jamás había probado las drogas.

En algún momento del interrogatorio mi hermana dijo:

"Pero ella tiene 18"

Logramos salir de ese retén pero yo jamás olvidé a mi hermana diciendo que yo era la única con INE.



1

Mi amiga me llama. Yo respondo. Ella me dije: ¿Qué pensarías si tengo un aborto?

Yo respondo de inmediato: Nada. ¿Quieres ayuda?

Mi rumi tuvo un susto de embarazo no deseado. Me buscó esperando la confirmación de su decisión. Lo sé porque ella me dijo después, "[fulanita amiga de su infancia] me dijo que era pecado"

-No es pecado. Es más pecado hacer cosas que los otros quieren contra nuestra voluntad-




viernes, 3 de abril de 2026

p#t@s relaciones

Cuando tenía catorce años recibí un mensaje a mi teléfono que decía quieres ser mi novia. Era el verano del 2009, apenas habían pasado un par de semanas desde que hubo concluído el ciclo escolar, pero desde un tiempo atrás ya había empezado a hablar, más bien, chatear con un compañero de la escuela vía messenger.

Eran tiempos sencillos: El internet era un sitio al que visitabas cuando te sentabas frente a una computadora, fuera en tu casa o en un ciber café. Y una vez que se acababa tu tiempo, regresabas a tu vida rutinaria.

Este muchacho, al que llamaremos O, no estaba en mi círculo de amistades, de hecho su grupito era bastante fastidioso y encajoso con el mío. Yo tenía la impresión de que le caía mal porque cada vez que nos mirábamos, él parecía enojado, pero me constaba que con otra gente se reía. Además, realmente no me hablaba en la escuela, salvo lo más esencial, por eso me sorprendió mucho (de mala manera) cuando una tarde que fui al ciber cercano y abrí sesión, descubrí que éste cuate me había agregado y que además me había mandado un mensaje.

Tan simple como un saludo me mortificó. ¿De dónde había sacado mi correo? ¿Por qué me estaba hablando? Y sobre todo: ¿Por qué estaba siendo tan amable?
Le pedí de inmediato que me borrara, él preguntó que por qué. Respondí que era evidente que le caía mal y no quería problemas con él ni nada, y él dijo que no le caía mal. Pero obvio sí, dije, porque si no las cosas entre nosotros serían diferentes en la escuela, pero él insistió en que de hecho le caía bien.

Le caía bien... Ni me conocía. Sabía que era nueva, eso era evidente. Sabía quién era mi hermana, porque me había visto almorzando con ella durante los recesos. Sabía quiénes eran mis amigos, sabía que llegaba en carro y me iba en carro porque mis padres siempre fueron muy precisos sobre el tema.

Pero eso era todo. Sabía mi nombre, pero dudaba que recordara mi apellido. No sabía qué me gustaba ni cómo era mi personalidad. No sabía lo que me gustaba, ni lo que me asustaba. 
Yo tampoco sabía nada de él, salvo lo más básico, y lo básico era que su grupito de amigos eran bullys: No sólo me acosaban a mí, sino que acosaban a los demás, la mayoría de mis amigos. Mi reacción era lógica:
Yo no soy amiga de bullys.

Pero él insistió tanto en que no era el caso, que él no tenía mala intención y que quería conocerme, que decidí creerle. Nunca terminé de creerle del todo, siendo sincera, pero acepté conversar esa tarde con él.

Y esa tarde se volvió dos tardes y luego dos semanas y cuando me di cuenta le estaba pasando mi número de teléfono para escribirnos sin necesidad de internet.
Platicábamos mucho pero también discutíamos bastante. Descubrí que él tenía una personalidad filosa, de poca mecha diríamos, y yo era demasiado burlona como para tenerlo a él en paz por largos ratos.
Entonces me invitó a verlo jugar fútbol con su equipo.

Acepté y fui, pero no porque fuera invitación de él, sino porque entonces mi mejor amiga estaba saliendo con su mejor amigo y ella me pidió que la acompañara. Hice todo el esfuerzo de levantarme temprano un sábado para llegar a la cancha techada a las nueve de la mañana. Como estaba leyendo Amanecer (de la saga Crepúsculo), me puse a avanzarle algunos capítulos entre descansos y tiempos muertos. 
Esa misma tarde, por messenger, me estuvo preguntando por el libro y me aseguró que a él también le gustaba leer (mentira garrafal pero no se lo discutí)

¿Éramos novios?




Nuestra relación siempre fue extraña. Al volver a la escuela, durante nuestro tercer y último año de secundaria, las cosas entre nosotros parecieron enfriarse. Definitivamente yo me sentía incómoda por la atención (maligna) que recibía cuando estaba cerca de él, cuando platicaba con él. Y aunque no voy a negar que me gustaba mucho, también era consciente de la incompatibilidad de nuestras personalidades.

Creo que físicamente me atraía mucho y me divertía, pero al mismo tiempo me ponía de los nervios en el mal sentido de la expresión porque sus arrebatos de ira me desconcertaban. Era muy joven para estar tan iracundo.
"Terminamos" por decirlo de alguna manera y luego yo anduve con otro muchachito por varias razones que ahora entiendo que no fueron las correctas y también lo terminé.

O y yo dejamos de frecuentarnos en los años de la licenciatura, porque incluso aunque estuvimos en diferentes prepas, por alguna razón teníamos amigos en común o algo nos hacía coincidir. Aún así seguimos conservando amigos en común y nos movemos por zonas parecidas aunque no he vuelto a topármelo otra vez. Tampoco tengo un interés particular en hacerlo.






Él no fue mi primera relación pero sin duda me marcó mucho, desde varios aspectos y creo que desde entonces me amañé a tener este patrón de relaciones: Romances efímeros o inestables que se acaban y luego reinician con gente con quién es evidente que no me llevo muy bien. 

Me gusta el romance, no me malentiendan. Me considero una hopeless romantic (hopeless en el sentido de que no tengo esperanza XD); creo que soy muy entregada y muy sincera y muy intensa pero también creo que tengo un problema marcado con el compromiso. No tengo problema con la intimidad emocional, sexual, económica, psicológica, lo que sea, pero una actividad como la de presentarse con la familia, asistir a las reuniones de amigos, algo público y formal me da un repelús de esos que te hacen querer raparte y correr en círculos.

Me gusta mucho tener romances, enamorarme y vivir todo el proceso desde la luna de miel hasta el rompimiento, ¿Pero ser conocida como "La novia de... "? OH HELL NO.




¿Eso me convierte en "apego evitativo"?
¿En una cualquiera?
¿En una irresponsable, una desobligada, una traumada?


Y, bueno, claro, he tenido noviazgos, ninguno estrictamente formal y por el contrario, siento que cada vez que he aceptado a convertirme en La Novia de, esa relación termina estallando, casi siempre porque yo soy la de la aguja tronándolo todo cuando me siento abrumada.

Quizás se deba a que esos romances son con gente que no es tan amable conmigo y por eso siento la necesidad de rehuir a sus intentos de amarrarme con sus títulos sociales.
Quizás en efecto estoy traumada.



Creo que me estoy enamorando
Pero no soporto las putas relaciones

martes, 24 de marzo de 2026

El increíble peso de la moralidad pulcra (Spoiler: Nadie es perfectx, no, ni siquiera yo)

Tengo este hábito de que cuando tengo una idea, un pensamiento o una opinión turbo funable, que me consta que puedo estar pecando de intolerante, violenta, amargada, lo que hago es escribir en mi diario. Lo hago porque suelo ser consciente de cuando estoy pensando algo que no viene de un lugar sensato, lo hago porque ya me funaron varias veces cuando tenía tuiter y era activa por allá. Entendí, a punta de groserías y acoso, que las redes nunca son el lugar para decir cosas cuestionables, cosas que te constan que no serán bien recibidas porque no son populares o directamente estúpidas y mezquinas.

Más allá de curar un personaje de internet, mi motivación es la auto-preservación. Claro, me gusta pendejearme a fachos, machitos y cualquier persona que sea el signo inequívoco de la involución humana pero de ahí a que incluso mismos progres, decontruidxs, wokes, zurdos, o cualquiera de esos grupos te acose hay un mundo de diferencia. Se siente más feo, pues, porque su vocabulario es más amplio para llamarte basura humana con palabras finas.

Ya lo viví. Sobre todo con respecto a mi veganismo y pansexualidad.

Uno de mis filósofos favoritos y amigo personal, Yisuscraist, dijo: El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Y en el 2026, todo el mundo parece armado con sus pilas de piedras.




¿En qué punto señalar las violencias ajenas cruza la línea de lo casual? ¿Cuándo dejas de apoyar una causa y te conviertes en policía? ¿Es que existen temas en los que podemos darnos el lujo de ser unos verdaderos culeros y otros temas que son más tabú?

A veces me pregunto si alguna vez yo me porté así de insoportable y engreída, porque vamos a admitirlo: Hay cierto placer y cierta arrogancia en señalar los errores ajenos. Hay cierta altanería en demostrar tus conocimientos con el fin de humillar, ¿Está entonces tu moral intacta si actúas desde la más alzada de las soberbias?


Tengo a 1 conocidx que actúa exactamente así, como POLICÍA: Se la pasa señalando las palabras incorrectas en los discursos, se la pasa quejándose de X artista o Y cosa que probablemente consume porque de otra manera no tendría manera de saber sus trapos sucios. Tira piedras, porque ellx está libre de pecado seguramente.

Llega un momento en que yo me pregunto: ¿Sirve de algo atacar bajo el nombre de la corrección politíca movimientos, discursos, actos y figuras ante el primer fallo? ¿Tenemos que descartarles sólo porque cometieron un error?

Un error: Un signo evidente de humanidad. ¿No esperamos errores de la humanidad? ¿No es eso lo que nos hace personas, que somos falibles, que somos imperfectos, que por ratos podemos ser intolerantes, odiosos, cabrones, pendejos, mezquinos, ignorantes?

La humanidad siempre descrita desde las virtudes como la compasión, la solidaridad, la hermandad es muy fácil de aceptar, de entender, ¿Pero la humanidad desde el error, el prejuicio? Poca gente realmente se atreve a explorar. Como si realmente la mayoría fuera perfecta, siempre tuviera buenas intenciones, fuera "pura de corazón".

Pues no. La humanidad es ambivalencia, es incongruencia, es imperfecta. 

Perfecta nada, nadie, ni siquiera el mundo que la gente de izquierda soñamos: Ni siquiera ese paraíso estaría libre de violencia.




Puedo entender que señalemos los discursos violentos de las personas, porque exactamente así inicia la violencia mortal: Con palabras, con gestos, con guiños. Lo entiendo totalmente. Lo que me cuesta trabajo quizás es rascar para encontrarle un defecto a la gente que generalmente pregona lo "correcto".

¡Claro! Entiendo que hay que saber a leer entre líneas, distinguir los dog-whistles, la simbología, los guiños. ¡Lo entiendo totalmente!

Pero si somos sincerxs todo el mundo lo hace: Tú, amable lector, caes en eso. Dices algo con toda la buena intención que entre líneas se lee como algo peligroso. Yo también lo hago. La cantante de moda lo hace. El artista marginal del barrio lo hace. Lo hace el escritor emergente, lo hace la película más innovadora y lo hace el santo peor martirizado que puedes citar.

Lo hace la religión, lo hace el gobierno. Lo hace la escuela, lo hace el amor. Lo hace la familia, lo hace la lucha más deconstruida que puedas imaginar.

Y también entiendo que los señalamientos sirven para mejorar, totalmente (entiendo muchas cosas, oigan UuUr soy comprensiva as fuck!) pero llega un momento en que si tu única personalidad es apuntar con el dedo es incómodo.

Te das cuenta cuando alguien es un policía: Te señalan con el dedo y te dan las miles de razones por las que lo que dijiste es malo, ¿Pero te aportan, te dan una sugerencia? Si no lo hacen, SON POLICÍAS.



¿En qué momento este acto de liberación se volvió la excusa perfecta de Perfectxs(C) para señalar, humillar, para alimentar su ego moralista?

¿En qué momento una revolución se lleva a cabo a punta de acusaciones? Y ojo que, estoy hablando de inconsistencias en el discurso, no de acciones abusivas tal cual, porque creo que hay una diferencia entre un tuit o una mala palabra a una violación, un acto de discriminación activamente realizado.

¿En qué momento un error se convierte en una diana para lanzar piedras? ¿Es que ya nadie puede darse el lujo de ser TONTX?

No. Con cámaras, con plataforma, con redes sociales, con fans enojados (así les digo a los haters) no se puede dar nadie ese lujo.

Los ojos están puestos en tus palabras, tus fotos, tus acciones. ¿Qué consumes, a quién le das tu dinero y tu tiempo? ¿Qué haces para deshacerte de tus grilletes? ¿Cómo escribes lo que escribes, qué compartes, cómo lo compartes? ¿Qué oyes, cómo lo interpretas? Tengo una larga lista para criticarte. Ven, críticame tú también.



¿Podemos ser moralmente pulcrxs en esta vida, en esta dinámica social?

No.

Nadie es pulcrx. 

Ni el santo más santo de todos los santos, porque tiene cola que le pisen. 

Ni el fascista más fascista de todos los fascistas es tan malo, porque algo bueno habrá hecho por alguien.

Es un termómetro, entonces. ¿Podemos medir las buenas intenciones?

La diferencia recae, creo yo, en que los motivos y la consciencia: Unx debería poder darse cuenta de cuando sus ideas no están sustentadas en buenas razones. Unx debería poder decirse a sí mismo "esto no le aporta a nadie". Unx debería poder darse cuenta de la naturaleza de lo que piensa, de lo que siente, de lo que dice. En un mundo ideal (mind you) así deberíamos ser todxs: Conscientes, cuestionándonos a nosotrxs mismxs.

Pero así no funciona el mundo, ¿Verdad?

Entonces mucha gente con la bandera del Progresismo y actitud de policía se sube a su pedastal y ataca a los demás: A los derefachos, a lxs indecisxs, a los de izquierda. Ataca a lxs ignorantes, analfabetas, a lxs doctaradxs, a los opinólogxs, a los columnistas, a lxs "líderes de opinión". Ataca a lxs activistas, a lxs movimientos, a lxs íconxs.

¡Y HAY UNA DIFERENCIA ENTRE CUESTIONAR Y ATACAR!

Un polícia ataca. Una persona consciente le cuestiona.


¿Podremos llevar así un cambio al mundo?

Te saltan cuando mencionas la violencia, las armas. Parecieran infiltrados de la derecha con tanta desaprobación.

Cuestiona y aporta, no sólo señales, porque gritar lobo es de policías.


lunes, 16 de marzo de 2026

#embrujada

 La primera aclaración que quiero dar es que me dije a mí misma, cuando empecé a sospechar de esto, que no iba a darle importancia al asunto porque autosugestionarme iba a empeorarlo todo. Obviamente decidí romper eso porque lo de hoy fue el colmo.

La segunda aclaración aclaración que quiero dar es que, pese a que yo sí creo en la brujería y todo lo místico, nunca he pensado que pudiera pasarme a mí, porque, ¿Por qué alguien me haría algo así? Yo que soy toda dulzura y simpatía y carisma y tranquilidad... Mis enemigos son Goliaths. 

La tercera aclaración es que no me consta, ¿Okey? Cuando se me ocurrió la posibilidad me puse a investigar sobre si existía alguna manera de confirmarlo y resulta que sí, que hay muchas maneras pero mientras leía la neta me dio miedo y mejor le paré. Me dije a mí misma que dejaría pasar el tema, que no volvería ni a pensar en ello ni a hablarlo. 

Todo estuvo bien durante algunos días, pero anoche nuevamente ocurrió y ahora, cansada por no descansar nada y con mis ojeras cada día más parecidas a moretones, tomé la decisión de escribir sobre esto.

Quizás les parezca una demente, quizás estoy exagerando, quizás es real y alguien que me lea pueda ofrecerme consuelo, quizás sólo necesito hacer esto público para deshacerme de esa carga mental y emocional que se está convirtiendo en física.

Así que aquí va:

Creo que me han hecho un amarre.





No tengo más testimonio que el mío para argumentar, ¡Pero lean con atención! Ésta es una historia que ya conté en el pasado, en mi blog. De hecho podría asegurar que he escrito en más de alguna ocasión sobre esto, sobre él. Le he dado miles de vueltas, intentando entender qué ha pasado, por qué pasó esto, por qué me sentí así y por qué sigo sintiendo esto. En mi mente no hay razón alguna, sé lo que deseo. Oh, pero mi cuerpo y mi corazón... ¡Incomprensible!

Esta historia se remonta al 2010, más de diez años atrás. Nos conocimos en la calle, él iba con su madre y yo con la mía, luego coincidimos en la preparatoria.

No sé cómo empezar a escribir esto sin sonar como una completa demente, pero bueno, lo más claro es lo más directo o algo así dicen, así que intentaré ser lo más concreta posible:

Podía reconocer que era un tipo apuesto, eso que ni qué. No era más que una apreciación superficial de su persona, porque realmente no lo conocía más allá de saludos de pasillos. Entonces algo pareció cambiar, al menos de su parte:

Esos saludos se convirtieron en pláticas más concretas y largas. Su nula capacidad de respetar mi espacio personal se hizo más evidente y su mirada... No sé cómo podría describirla más que <<atenta>>

Pero el acoso que vino con esto, de sus fans, hombres y mujeres, fue infumable. Y yo no entendía por qué, qué había hecho que fuera tan malo para merecer esos maltratos. Lo peor fue ver que él no se inmutaba, y bueno, tampoco es como que le culpe del todo porque a veces no estaba presente y yo nunca se lo dije, pero las veces que sí lo vio y decidió no hacer nada... Puaj, eso terminó por concertar un recelo hacia él y todo lo que pudiera representar.

Pasé una época muy confusa por aquellos años, sintiendo que me estaba enamorando de una de mis amigAs, el primer enamoramiento de una mujer que pude detectar como tal y que un día me despertara a las pinches seis de la mañana para estar en la escuela a las siete y media y sentir como si un imán me jalara hacia él. Así, de la nada. 

Siempre he sido una persona muy ensimismada que ha vivido y vive por escribir, así que en ese momento mi única preocupación era que estaba emocionada por los fanfics que estaba escribiendo sobre Glee, sobre mi amiga agregando al facebook a mi ex-noviecito de secundaria (???), sobre sentirme enamorada de otra amiga y de repente, ¡Pum! como putazo en el estómago, sin aire y desorientada, sentir esto tan fuerte: Pura atracción.

Atracción netamente sexual. Como un magnetismo que me jalaba, una tensión que me asustaba mucho. Me sentía a la defensiva, confundida y cada vez que él me ponía las manos en la cintura para pasar por el estrecho pasillo de entre las bancas, me enfadaba cuando lo hacía y me enfadaba cuando las quitaba. Pensé que me estaba volviendo loca.

Por mucho tiempo lo pensé así. Él como persona no me inspiraba romance, de hecho de repente me caía mal, así que hice todo lo posible por mantenerme lejos porque estar cerca era, además de incómodo para mi experiencia como ser humano, también peligroso por sus celosas fans.

De vez en cuando me lo encontraba por la calle, y así fue que descubrí que vivía extrañamente cerca de la casa de mi abuela. Incluso en algún partido de fútbol amistoso entre mi escuela y la preparatoria de mi anterior casa de estudios, él participó en el equipo donde estaba mi ex novio y fue una escena de lo más pinche irreal, bizarra, horripilante. Salida de la romcom más barata que pudieras imaginar.

Me seguía por los pasillos, alguna vez hasta me correteó hasta la salida sólo para hacerme una plática extraña. Durante aquel intercambio de opiniones y respuestas pendejas (siempre he sido malísima para las small talks) él se acercó mucho a mí, yo retrocedí. Por cada pasado que él daba, yo daba dos. Él uno, yo dos, él uno, yo dos, él uno, yo dos y topé con pared. Casi me vomito encima de la ansiedad.

Luego nos graduamos y no supe de él en un buen tiempo, hasta que nos volvimos a ver en un funeral.

¿Pero dejé de verlo?

No. Al contrario, todo se hizo peor.



Comenzó como un sueño, uno rarísimo, pero como yo siempre he tenido este problema no le di muchas vueltas. Luego fue otro sueño, e igual no le di importancia. Cuando tuve una semana seguida de sueños con él, no sueños cualquiera, sueños ROMÁNTICOS, fue cuando empecé a alterarme mucho.

Mi primer pensamiento fue creer que estaba traumada. Que era estrés post-traumático por el bullying que recibí por estar "cerca" de él. Pero conforme pasó el tiempo, los sueños se hicieron persistentes. ¿Es que yo estaba enamorada y me resistía a aceptarlo?

Podía aceptar que física y sexualmente me atraía, eso jamás lo negué. La cosa era que no me caía bien. Algo en él me repelía y les digo, cada vez que me hablaba de Vargas Llosa (porque vio que me encanta leer) yo sólo le ponía los ojos en blanco.

¿Pero amor? ¿Romance? ¿Quería que fuera mi novio? ¿Quería vivir una historia de amor con él?

No.

Al menos, no creo que fuera así. Podía comparar lo que sentía por él y por mi amiga y era bien diferente: Por él era algo meramente carnal. Por ella era carnal pero además romántico. Él me parecía simplón y hasta tibio. Por ella sentía admiración, deseaba su aprobación a toda costa. Cuando estaba con él me tensaba en automático, como si estuviera frente a un enemigo. Con ella me sentía nerviosa, tímida, boba y ansiosa por agradarle.

De ella quería su atención absoluta. De él quería mantenerme alejada. ¿Entonces por qué los sueños?

Quizás lo más desgastante de los sueños era que, no sólo eran románticos (casi nunca sexuales), sino que al despertar estaba sudando en frío y sentía el corazón latiéndome en la garganta. Tenía esta necesidad de saber cómo estaba. Por alguna razón mis sentimientos oscilaban entre la más terrible de las angustias, preocupada de que estuviera mal, o la más perversa de las curiosidades. Así que lo stalkeaba, cosa nada saludable porque él nunca ha sido de redes sociales así que rara vez encontraba algo nuevo.

Tener pesadillas o sueños raros para mí es normal. Los he tenido desde que tengo consciencia y eso siempre ha sido información pública. La sensación de angustia y estrés, un impulso arrollador al despertar de hacer algo era lo que me asustaba montones.

¿Por qué me siento así? 



Un año después de graduarnos conocí a una chica increíble de la que me enamoré locamente pero como los sueños seguían y esos sentimientos me perseguían, sentí que no podía darle mi 100% así que decidí hacer algo muy valiente o muy innecesariamente estúpido, depende de a quién se lo pregunte: Decidí hablar con él.

Me seguía perseguida, atormentada. Pensé por MESES que realmente me había enamorado. Aunque mi opinión y mi corazón eran contrarios a mi cuerpo, decidí darle el beneficio de la duda a mi cabeza. Lo más cercano en palabras era "enamoramiento". Al menos a mis 18 años así lo pensé.

Entonces le escribí por red social, le pedí que nos viéramos para hablar y él aceptó.

Yo fui con la intención de decirle lo que sentía para liberarme de lo que consideraba las consecuencias de emociones reprimidas (¿Ah que sí se nota que ponía atención a mis clases de psicología de la prepa UuUr?) porque quería entregarme por completo a esta chica, porque me encantaba y quería estar con ella y quería que no sintiera que entre nosotras existía la sombra de un hombre (ella es lesbiana)

Quería ser una novia presente, atenta, responsable y estaba enamorada.

Entonces lo vi a él en un centro comercial. Nos sentamos en un lugar de la zona de comida, iniciamos con una plática sencilla, casual, casi formal. De repente le solté la verdad.

     -Te cité porque conocí a alguien y quiero corresponderle al cien, pero siento que no puedo porque antes debo decirte que me gustasbas en la prepa-

Su cara fue algo de caricatura. Pasó de rostro relajado y sonriente a una mueca seria y después de asimilar mis palabras sus grandes ojos verdes se abrieron, horrorizados. Ni siquiera intentó ocultar el terror tras su voz cuando me dijo:

    -¡¿Por qué no me lo dijiste?!-

De regreso a casa pensé que me había gritado porque el aire acondicionado estaba muy alto (era como septiembre del 2013), o porque las pantallas tenían el volumen a todo lo que da. O por el ruido de la gente. De las cocinas de los locales. Qué sé yo, eso me dije a mí misma.

    -Porque no lo creí importante- dije, mirando hacia mis manos.

Él siguió preguntando lo mismo: ¿Por qué no hiciste esto? ¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué? ¿Por qué?




Pues, porque no y ya.

Él no dijo lo mismo sobre mí, y si lo dijo, no me acuerdo. Yo me fui satisfecha de aquella conversación, lista para saltar a los brazos de aquella chica que conocí.

Imaginé que esa confesión sería romper el candado de mi prisión mental y emocional, ¿Pero lo fue? 

No. De hecho los sueños se volvieron más insistentes, intensos, angustiosos. Pero me resistí. Los sentimientos que despertaban aquellas escenas me alteraron por completo y eventualmente terminé con aquella chica (O más bien, ella terminó conmigo por básicamente no sentir que le estaba dando todo de mí) y empecé a tener problemas en la escuela. Mi salud empeoró, sólo quería dormir porque me sentía cansada todo el tiempo. ¿Sería cáncer a una temprana edad?


Varios años después de ese encuentro en el centro comercial, él y yo nos encontramos en un funeral. Nos reconocimos en la iglesia, nos acercamos y nos abrazamos. Platicamos muy poco, lo suficiente como para alterarme. Así fue nuestra conversación:

   -Hola- yo.

   -¿Cómo estás?- él.

   -Bien, ¿Y tú?- yo

   -Bien. ¿Con quién vienes?- él.

Le rodé los ojos en automático. Él ya había visto a mi hermana, a la que reconocía, pero de todas maneras quería asegurarse de que no había ido con alguien ajeno. Él iba con su NOVIA por supuesto.





Quizás el detalle que me falta omitir es que los sueños que tuve son cuando no estaba cerca de él. Cuando lo veía, dormía como bebé. Pero pasaban días sin saber de él, sin stalkearlo, y eran semanas de soñarlo.

Pasó el tiempo: Cada quién hizo su vida en lugares diferentes, él estudió en otro lugar, yo me fui a trabajar un tiempo a otro lado. No hemos vuelto a coincidir en ningún lugar físico. Yo me he enamorado, enamorado de verdad, bien recio, de que he creído en las almas gemelas y el amor de la vida y todas esas mierdas, y seguramente él también.

Y entonces los sueños volvieron, hace como un año. Insistentes. Al menos dos veces a la semana. He regresado a tener 19 y estar abrumada, nerviosa, tensa, angustiada. Deberían ver mis ojeras. Mi cuerpo no descansa porque mi mente está en otro lado, mi corazón también.

¡Y he escrito de eso! Claro, de hecho lo usé para una novela (espero que gane algún concurso o alguna editorial la acepte XD y entonces ya sabrán cómo eran mis sueños para entenderme poquito mejor)

¿Por qué?

¿Por qué cuando otra gente me ha marcado con más fuerza, de una forma más sustancial, más violentamente, más románticamente, más sexualmente, yo sigo viéndolo en mis sueños?

Sueños románticos de niña. Sueños donde él me da la mano, me regala flores, me lleva a lugares, me dice que me quiere, me besa la cara. Sueños tan equis porque no tienen que ver con mi yo de ahora. 

Porque si la ausencia de intimidad sexual es tan marcada, ahí tengo tuiter y en un mes me agarro a alguien. Ya lo he vivido y funciona.

Si es la ausencia de intimidad romántica, créanme, tengo a alguien que me quiere y yo quiero. Palabras bonitas no me sobran, gestos menos.

Si es la ausencia de intimidad emocional... Yo jamás la tuve con él. No tiene sentido que sienta eso.

El dolor corporal, la angustia emocional, ¡La confusión! Brutales.

Alguien me sugirió la posibilidad de que fuera víctima de un amarre. Uno que no se terminó de completar, uno que sigue presente. ¿Eso se puede? ¿Después de tanto tiempo, después de que he experimentado el amor real?

Quién sabe.

A literal 15 años del inicio de esta historia, sigo soñando con él. Sigo sintiendo este impulso de saber de él, de buscarlo, stalkearlo para saber que está bien, al despertar. 

Si me preguntan qué es lo que siento por él, honestamente diría que no sé. No sé porque no lo conozco. No estoy segura de que lo que sentí fue amor romántico, no se sentía igual a lo que dicen que debe ser, pero tampoco era indiferencia. 

La indiferencia no te hace vivir esta mierda.


Le conté a un par de personas sobre el tema, porque perder el sueño es algo que me enoja mucho. Dos tercios me dijeron que debería hacerme una "limpia energética" porque sonaba a "amarre".



La primera persona que amé

 ¿Era un él o era una ella? Une elle no podría ser, no tan temprano en mi vida alguien llegó con esos pronombres. Recuerdo sus manos, eran s...