Me resulta extraño medir la vida con el tiempo y no con las cosas que suceden durante ese tiempo, porque honestamente creo que los momentos espontáneos nos marcan más que la podredumbre biológica que sufren nuestros cuerpos con el tiempo.
Por eso, en vez de contarles sobre los años, les voy a contar treinta y un momentos que me marcaron en toda mi vida, para bien o para mal.
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Tenía quince años cuando pensé en suicidarme de verdad. Por unos momentos hasta hice un plan mental para llevarlo a cabo. Es una historia que ahora cuento con grandes carcajadas porque la razón era bastante... bastante adolescente, a mi parecer. Resulta y acontece que para mi cumpleaños recibí como regalo una laptop, muy linda. Escribía diario, día y noche, escribía por largos periodos de tiempo y un terrible día, por responder a una conversación que mi papá inició al asomarse a mi cuarto, no presté atención a lo que hacía y no guardé los cambios, así que perdí cerca de setenta páginas... Se imaginarán mi devastación.
Evidentemente no hice el "intento", pero a partir de entonces me quedó claro que este "hobbie" de escribir era algo más que un simple pasatiempo. Era algo por lo que estaba dispuesta a morir.
Let's go, tortured writers!!
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Cuando tenía seis años casi me muero en un accidente. Ahora que lo pienso, creo que he estado incómodamente cerca de la muerte y quizás todas esas situaciones han moldeado mucho mi manera de percibir mi propia mortalidad.
A esa tierna edad mi mamá, mi hermana y yo pertenecíamos a un club deportivo privado. Un domingo de primavera mi mamá nos llevó a chapotear un rato a la alberca. Pese a que la alberca infantil era bajita, yo llevaba flotadores en los bracitos y en mi mente de niña con delirio mesiánico pensé que si me los ponía en los tobillos podría caminar sobre el agua como yisus, ¿Y qué creen? Pues no funciona así.
No sé cuánto tiempo estuve bajo el agua, pero se sintió eterno. Una vez que estuve de cabeza, intenté por todos los medios y con todas mis fuerzas safarme de aquellos flotadores pero mi cuerpecito era pequeño y mis brazos no me daban para tanto y por el agua cubriéndome por completo era difícil doblarme para alcanzar mis tobillos. Estuve a punto de desmayarme, y no sé de dónde saqué la fuerza pero finalmente pude quitarme un flotador y regresar a la superficie.
Quizás era dios castigándome por pensar que podría imitar un milagro de su hijo el más querido (y al que sacrificó, lol)
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Cuando tenía diecinueve bebí por primera vez. Bebí en el sentido de emborracharme. No fue al extremo de perder la consciencia, amanecer con cruda o vomitar pero fue la primera vez que alteré conscientemente mi estado. Fue como esa primera fase en la que estás alegre, sociable y divertidx.
Era la boda de una de mis amigas, se sentía como el lugar correcto para animarme a probar el whisky... Y me encantó. No el sabor, no la implicación de adultez, ni siquiera el ligero mareo y la sonrisa tonta, me encantó sentirme... Sentirme normal. Me encantó callar mi cerebro, me encantó poder hacer las cosas en automático que no puedo hacer en sobriedad, como hablar o socializar.
Y bueno, ya sabemos cómo va esa historia...
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Siempre digo que la primera persona de la que me enamoré es un tal fulano "J", pero en realidad me parece que fue una tal fulana "S".
En la primaria tuve una amiguita con la que me encantaba estar: Me parecía de lo más divertida, bonita e interesante. En mi mente adoctrinada por el catolicismo y la cisheterosexualidad, asumí que esos sentimientos eran admiración. Que yo quería ser ella.
Pero la verdad es que no, yo quería estar con ella todo el tiempo. Quería escucharla hablar, quería compartir pupitre con ella, quería comer lo que ella comía, quería que pensara que era cool.
Se cambió al año siguiente y eso me rompió el corazón. Saira, si lees esto, ¿Cómo te ha ido en la vida?
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A los catorce-quince años me uní al grupo de básquetbol femenil de mi secundaria. Ustedes que me conocen, o me han leído, saben que no soy muy alta (1.59, LIGERAMENTE MÁS ALTA QUE EL PROMEDIO NACIONAL PERO IGUALMENTE UNA ALTURA INDIGNA ) pero lo que no tengo de tamaño lo compenso en técnica, heredé de mi padre la habilidad para los deportes, en cualquiera que me pongas soy una pistola UuUr
Yo era la última a la que el entrenador sacaba de los partidos y eso porque me veía con la cara verde de tanto correr de un lado para otro. Era de las que mis tiros eran infalibes, y la que robaba el balón, así que cuando entré a la prepa y se abrió un equipo de básquetbol obvio me presenté a las pruebas.
¡No me eligieron! ¿Pueden creerlo? Pero les fue tan mal que al siguiente semestre el maestro/entrenador se me acercó para preguntarme si no me interesaba unirme (después de ver mi desempeño en la clase de deportes) y yo le dije que NEL, porque no soy plato de segunda mesa y soy una rencorosa de lo peor.
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A los siete años fui a mi primer entierro. Mi abuelo paterno había muerto por las consecuencias de un derrame cerebral. No recuerdo muchos detalles, pero tengo vívidamente esta imagen de estar en casa de alguna prima materna (mayor, casi todxs mis primxs son mayores por décadas) con mi hermana y una primita paterna, teniendo una pijamada. El recuerdo es agridulce, porque mis xadres nunca permitirían que durmiéramos en casas ajenas pero esa noche era importante que alguien nos cuidara.
Lo siguiente que recuerdo fue estar en el panteón, un sitio bonito porque estaba todo verde, grandes colinas y los árboles recortados con una precisión casi obsesiva. Desde lo lejos veía a mis parientes, todos vestidos de negro, ver descender el ataúd en la tierra.
¿Era así darle el adiós a las personas? Nadie me preguntó cómo me sentía o qué era lo que pensaba.
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Tenía veintitres años cuando me titulé y conseguí una plaza. Me mudé de ciudad con una de mis mejores amigas y nos volvimos rumis. El primer día que llegué a la escuela donde trabajaría como maestra de educación especial, el primer comentario que recibí, posterior de una mirada de arriba a abajo, como si fuera una cosa siendo revisada para asegurar la calidad:
-Cada vez más verdes, ¿Verdad?-
El comentario vino de la directora de la primaria, le calculo unos cuarenta y tantos, cincuentas, que NO era mi jefa. Se lo dijo a una maestra regular de unos cincuenta y tantos. Todo frente a mí.
Ese primer encuentro pronosticaría un ciclo escolar lleno de acoso y agresión verbal.
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A los diesiciete años me hice "popular" entre el fandom de Glee porque escribía fanfiction. No fanfiction cualquiera, fanfiction DE TERROR. Tomé una historia que me encantaba y la transformé en relatos sobrenaturales.
A veces extraño escribir fanfiction, pero honestamente muy pocas cosas han despertado ese nivel de pasión desde entonces. Cosas que aprendí de esa experiencia:
-Los lectores son caprichosos y a veces no tienen comprensión lectora
-Si una historia es autoconclusiva, ¡No hagas secuelas aunque te lo supliquen!
-Los malos comentarios significan dos cosas: Necesitas mejorar. ¡Estás mejorando porque te lee gente que te odia, let's goo!
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Tinder llegó a mí como una puerta para el egocentrismo. Claro, sí, me habían mandado al diablo y si estaba consciente no dejaba de llorar y sentía que mi interior se quemaba. También es cierto que llegué al cumpleaños de una de mis mejores amigas llorando porque a medio camino pensé en esa persona.
Pero pasados los meses, decidí que merecía algo mejor, que podía conseguir el cariño y la atención que mi ex me negó y así di con Adrián. Adrián 2.
Coincidimos en gustos: Ambos fans del cine y literatura de terror. Ambos fanáticos del estado de ebriedad. Él me creía guapa y yo lo consideraba guapo, así que nos juntamos.
De aquella relación de apenas unos meses saqué bastante conocimiento, sobre todo de mí. Todo terminó "mal" porque él no supo respetar mis límites, además tenía unas conductas misóginas que por más que le recalcaba que eran violentas no tenía intención de cambiar, así que lo terminé una noche afuera de mi casa, luego de recogerme de mi taller de escritura creativa. Él tenía intención de seguir con lo nuestro, lo sé porque al desabrocharme el cinturón dijo: "Bueno, espero que podamos salir pronto otra..." y yo lo interrumpí.
-No me vuelvas a buscar- salté de la camioneta, cerré la puerta y entré a mi casa.
Entonces me di cuenta que me había guiado por mi ego. Necesitaba saberme deseada, querida, admirada porque la ruptura con mi ex me había desmoronado a niveles inconscientes incluso.
Ya no uso esas mierdas de apps.
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Hice llorar a una de mis mejores amigas exactamente a los veinticuatro. Las dos estábamos desayunando en una cafetería que ahora ya no existe. Le conté que su novio, al que ya conocía porque ella me lo presentó y coincidimos un par de veces en reuniones de amigxs, me había agregado a instagram.
No era que yo tuviera una opinión particular sobre él. Obvio, como siempre digo ningún hombre es digno de mis amigas y siempre reservaré un lugar de mí para la duda pero además se agregaba el hecho de que en una de nuestras últimas reuniones me dijo algo extremadamente panfóbico.
Una noche en el bar me preguntó, después de explicarle lo que era la pansexualidad:
-¿Pero cómo saben tus parejas que pueden confiar en ti?-
Nos enfrascamos en un mini debate al que rápidamente renuncié porque primero: odio explicarme frente a cisheteros, y dos: ya tenía tres mezcales encima, sabía que su pregunta era malintencionada porque esperaba que yo confesara que era capaz de cubrir la infidelidad de quién sea, de mi amiga por ejemplo (Y sí, pero no por ser pan lo haría)
Ella me dijo que la borrara, que no aceptara la solicitud. Yo pregunté que por qué. No porque no quisiera hacerlo sino por curiosidad. Ella instió sin darme razón. Yo nomás dije: Okey, pero tengo curiosidad y...
-¡Porque no quiero que se sigan y ya!- me dijo.
Mi amiga, a la que conocía casi la mitad de mi vida, tenía los ojos llorosos. Una lágrima se le escurrió. Jamás la había visto llorar así que le aseguré que lo haría, hasta lo hice en la misma mesa y le mostré todo. Ella se quedó calmada y cuando me vio tan sacada de onda me explicó sus razones, que obvio entendí.
Es extraño. De todas los desacuerdos que tuvimos, después de tanto tiempo de conocernos, provocarle esa tristeza de esa manera me sigue pareciendo criminal por mi parte.
21
La primera vez que salí de mi ciudad sin la presencia de mis padres fue a los doce años, en sexto de primaria. Fuimos a Guanajuato Capital por cosa estudiantil, pero lo que recuerdo es tan claro que cada vez que lo pienso me da risa.
Estamos acomodándonos en el camión después de una visita a una mina. Yo estoy sentándome, lista para abrir mi mochila y comer algo cuando el profe camina por el pasillito y me dice:
-Mariana, ¿Qué pasó? Tu mamá dice que no le has llamado y en eso quedaron-
Yo toda mensa con mi teléfono de ladrillo sabiendo que NECESITABA una lada porque antes así era de primitivo el sistema telefónico y yo no me lo sabía. Le respondí al profe que ya en ese momento me comunicaba con ella, pero no fue así y hasta un par de horas después que volvimos, le expliqué a mi mamá que no me sabía la lada para comunicarme a la ciudad. Vergonzoso.
20
Siempre tuve más amigos hombres que amigas mujeres. Tengo varias teorías al respecto:
1.-Soy genderqueer, entonces los hombres se sienten cómodos conmigo porque creen que soy un igual
2.-Porque me depredan n_n
Pero todo cambió cuando inicié la prepa y por fin conseguí lo que tanto soñaba: Un grupo de amigas meramente integrado por mujeres. Claro, habían compañerOs que de repente se nos unían o nos llevábamos muy bien con ellos, pero el núcleo eran mujeres. ¡Y yo fascinada! Continué esa práctica en la carrera y lo cierto es que:
¡Prefiero un grupo de amigAs que un grupo mixto! Nada contra los hombres (realmente mucho, sí) pero vivir en esta fantasía de tener a varias amigas me hace sentir en una sitcom: Sex & The City, Pose, Derry Girls...
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El primer concierto que viví fue cuando tenía como ocho años. Hubo una gira nacional en el pique de las telenovelas infantiles, Codigo FAMA y todo ese desmadre. Una tía nos llevó a su hija, a mi hermana y a mí al concierto que darían en mi ciudad.
Francamente no soy fan de esos eventos, pero he escogido buenos recitales (como los de Matisse) que disfruto un montón
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La primera vez que vi "morir" a alguien fue a los dieciséis. Escribo morir entre comillas porque técnicamente no perdió la vida ahí sino en el hospital pero recuerdo el accidente que lo provocó.
Para variar, la camioneta de mi tío se había averiado así que mis primos y yo estábamos dentro, esperando a tránsito o quién sabe a quién llamaron, porque seguro yo sabía que no tenían. En la orilla de la calle no había nada por ver más que carros y motos pasar, entonces sucedió el accidente: Una motocileta tropezó, no recuerdo con qué, quizás fue el concreto o fue una piedra o algo, pero el motociclista salió disparado. Ni siquiera iba tan fuerte como salir rápido de su vehículo pero lo vi dar una vuelta de ciento ochenta grados. Y se quedó ahí tumbado. Otro de mis tíos llamó a emergencias y para cuando llegó la ambulancia y se lo llevaron, nosotrxs seguíamos ahí. Me enteré al día siguiente que se murió el motocilista. Era un muchacho de unos treinta y pocos.
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El primer gran duelo que viví genuinamente creo que fue a los nueve años, cuando adoptamos a Frida.
Mi madrina tenía un perrito french puddle que engrendó otros perritos con otra french puddle y le dio una perrita bebecita. Mi hermana y yo estábamos encantadas: La amábamos. Hasta mi papá mandó a cortar la puerta de metal que da al patiecito trasero para que ella pudiera salir y entrar. Recuerdo cuando lloraba a eso de las seis de la mañana y mi mamá y yo nos levantábamos, sabiendo que nos había quitado una hora de sueño porque nuestros horarios no empezaban sino hasta después.
Entonces una tarde, el hijo de la trabajadora doméstica llegó y dejó la puerta abierta. Frida escapó. Por más que colocamos letreros buscándola jamás la encontramos. Eso nos rompió el corazón a mi hermana y a mí, y por eso mis xadres siempre se mostraron renuentes a adoptar nuevamente. Decían "¿Para qué, si de todas maneras van a sufrir?"
Con Manzano se reformularon ese pensamiento, me gusta creer.
16
Tenía veintiuno cuando mi mejor amigo me agredió sexualmente.
Lo conocí a los trece y desde entonces fuimos insperables. Él es homosexual. Él fue la primera persaona a la que le conté sobre mi pansexualidad. Él conocía a mi familia, hasta lo invité a la casa de mi abuela. Yo estaba enamorada de él, en un sentido romántico pero platónico también. Sabía que nunca me iba a corresponder y tampoco prentendía presionarlo a hacerlo. Con su amistad y cercanía me bastaban, yo era feliz.
Entonces, una noche de octubre, nos reunimos en la casa de una amiga para celebrar el cumpleaños de otra amiga en común. Él me atacó. Varias veces intentó levantarme el suéter, la falda. Mis amigas lo cuestionaban, una le gritó:
-¿Por qué le quieres arrancar la ropa?-
Mis (ahora ex) amigos no hicieron nada, sólo se reían. Bebimos, comimos. Él intentó meter su mano dentro de mi suéter, yo le pegué en la cara y él cayó.
Al día siguiente se disculpó, dijo que no recordaba nada, que estaba ebrio. Yo lo bloqueé. Eventualmente corté a la mayoría de mis amigos hombres, así que sí tú eres mi amigo hombre es porque confío en ti. No me hagas vivir por este calvario otra vez. No podría reponerme.
15
A los quince me vi acosada por el fantasma de un niñito, al que no me pude quitar hasta que una bruja (amiga de mi mamá) me ayudó. No, no era una psicosis, ni estrés adolescente. Existía un motivo sobrenatural, sí. La bruja me dijo que porque soy un ser de luz el niño me había confundido con su mamá y me dio una serie de instrucciones para guiarlo bien. Lo hice. Él se fue.
Años después se me apareció un día de enero cuando yo tenía unos cuarenta grados de fiebre. No dijo ni hizo nada, sólo se quedó ahí viéndome. Yo me quedé dormida y al despertar él ya no estaba. Mi temperatura se regularizó.
Desde entonces procuro ser la peor persona en la fila del OXXO.
14
La relación con mi hermana siempre ha sido tensa, inexacta. La reconozco a ella como una extraña con la que apenas comparto apellido y sangre, pero su actuar me resulta muy errático, muy lejos de mi entendimiento. Durante la infancia estuvo bien, creo. Durante la adolescencia fue difícil. Durante la joven adultez se moderó un poco cuando me fui yo de la casa, pero después se acrecentó los pozos de prejuicio entre nosotras. La incompatibilidad era notoria, tampoco quise escondéserselo a mis xadres.
Tenía veintisiete cuando ella y yo nos creamos un conflicto innecesario, pero ambos bebimos lo necesario para encender nuestras emociones. Yo la abofeteé primero, ella me regresó el golpe.
Estuvimos un par de semanas, meses en tenso y frío silencio pero eventualmente pudimos solucionarlo. ¿Nos guardamos rencor?
¿No es natural de los hijos ser humanos, falibles y jodidamente culeros?
13
Le mentí a mi amigo con que necesitaba un aborto y para eso necesitaba ir a la cdmx sólo porque cuando le conté mis planes de vacaciones a mi madre me advirtió que si me iba sola ya no podía volver a la casa.
¡Suena muy dramático! Y la historia es tan nadaqueverienta,
A los veintidos planeé un viajecito a la ce de eme equis. Visitaría a mis amixes, haría muchas cosas, me iba a dar unos besotes con (redacted) y todo eso. Ya era dueña de mi dinero, vivía lejos de casa y dije: PUES OBVIOOO, seguiré a mi clítoris, equis. Compré mi boleto, reservé en un hotel de mala muerte - que yo no sabía era de mala muerte-. Pero apenas puse un pie en la casa de mis xadres y les conté mi plan de semana santa, mi madre fue la primera en espantarse. Contradije sus pensamientos, ella peleó más. Discutimos. Mi plan era total y concreto, nada que pudieran decirme me haría cambiar de opinión, porque obvio viajar a la ciudad de méxico, sin conocer nada, a mis veintidós era una EXCELENTE IDEA.
Mi madre en el calor de la pelea dijo:
-Pues si te vas, ya no te molestes en volver a esta casa-
y yo: :O?
Intenté convencer a un amigo de que me acompañara, un amigo con mucho dinero, con la excusa de un aborto pero su respuesta me desanimó. No porque fuera provida sino porque estaba dando muchas preguntas, como no creyéndome.
Convencí a mi rumi entonces. Ella me acompañó y mis xadres, más de malos modos, aceptaron mi plan. Años después volvería a su casa y nadie se acuerda de eso.
12
Cuando tenía once años y estaba en esta escuela católica, manejada por monjas, viví algo que me marcó mucho (Una cosa de muchas, la verdad)
Para estar en quinto de primaria en un colegio católico, sería raro que hubiera maestros gays, ¿No? Pues mi maestro era uno y con una pluma muy marcada. Respetaba el código de vestimenta y todo eso, pero era obvio que era gay, hasta para una pansexuala adoctrinada como yo. El revuelo entre mis compañeros empezó cuando él movió el lugar de Juan (un niño pálido como la cocaína y con unos ojos verdes) cerca de su escritorio y entonces, durante la entrega de las boletas bimestrales, mis compañeros y yo nos reunimos cerca de un rincón del patio para platicar. Yo nomás estaba de oyente, no tenía nada por aportar, y entonces alguien dijo:
-Creo que Juanito es puñal-
-¿Por qué lo dices?-
-El profe se lo va a contagiar-
-Porque lo juntó en su escritorio, ¿Que no vieron?-
-Ay, no, no creo que Juan sea...-
-Pues, ¿No dicen que entre ellos se juntan?-
Juan no era gay, al menos nadie lo sabía en ese entonces. Pero me quedó el sabor amargo en la boca.
"Se lo va a contagiar"
¿Quién me lo había contiagado a mí?
11
A los diecinueve hice mi primer karaoke en público. Meses después de la boda de mi amiga, salí con esta chica de Guanajuato Capital. Me llevó por mezcal barato y luego fuimos a un bar con karaoke y cantamos Hit Me Baby One More Time de Britney Spears y FUE UNA EXPERIENCIA.
Mi relación con ella acabó mal pero ¡Eso lo guardo conmigo!
10
La primera vez que vi porno fue en la computadora del hermano mayor de un morrito de la cuadra.
¡El morrito era "novio" de mi hermana!
Teníamos más o menos: Yo, 9 años. Mi hermana: 8 años. Noviecito:8 años. Prima: 7 años.
Por alguna razón que sigo sin entender, los adultos nos dejaron en casa del novio de mi hermana. Eran vecinos, claro. La madre había muerto en un terrible accidente, sí. El hermano "mayor" más próximo de ese niño era Ezequiel, con discpacidad motriz e intelectual. Ante los ojos adultos se podría leer como que tres niñas fueron a la casa de dos niños abandonados.
En algún momento de esa tarde encontramos la computadora de escritorio del hermano mayor (unos 16-18) que estaba trabajando. La esculcamos. La encendimos, vimos los archivos y dimos con el porno:
Recueredo vívidamente dos mujeres lamiendo un pene, y en mi mente infantil me parecía la escena de dos mujeres lamiendo un elote.
¿¿¿¿????
La decepción cuando vi que eso no es asíDIGO NADA.
9
A los 26 años la mujer que consideré como segunda madre se murió gracias a la segunda oleada del covid.
Sin despedidas, sin funeral, sin entierro. Nos dijeron un día "X se enfermó de covid", menos de una semana después, en plena madrugada, "X se murió".
La mujer cuya cara aparece en mis más lejanos recuerdos se murió. La mujer que se ocupó de alimentarnos a todos en su casa. La mujer que me llevó a la papelería por la biografía de Benito Juarez. La mujer que nos invitaba a usar las biciletas a los sobrinos. La vecina que fue el pilar de mis xadres, que fue la segunda madre de mis primxs y yo. La mujer que no dejó que ninguno de sus hermanos se quedara sin techo y comida.
Nadie en mi casa pudo dormir después de esa noticia. Luego de estos años creo que mis xadres y mi hermana aprendieron a vivir sin ella, mis primos y tíxs también.
Yo no. Yo siento como una espina debajo de las costillas. Ni siquiera puedo decir su nombre sin llorar. No creo que eso se acabe.
8
Manzano y yo salimos a su paseo diurno de siempre. Tenía en mi mochila sus bolsas de plástico para las popós. En mis oídos estaban mis audifonos con mi plalylist para el paseo. Mis tenis bien amarrados. Caminamos dos cuadras, tres cuadras. En la cuarta veo unos ojos negros que enfocan a mi perro, de dos años. El dueño es un perro mestizo, más grande que manzano. Yo tenso la correa y nos vamos por otro lado. No busco problemas. El perro, claramente de la calle, nos sigue. Por una calle, dos calles, tres calles, un boulevard, una avenida, cuatro calles.
Estoy en la esquina de mi calle. Saco las llaves. Ese perro apresura el paso, nos sigue. ¿Me atacará? ¿Por qué me siguió? Manzano corre peligro, eso es lo que pienso. Abro la puerta con torpeza, pateo la puerta y aviento a mi perro. Detrás de mí viene este animal.
Manzano y yo estamos tan asustados que él no quiere salir.
7
Me sentí consciente de mi cuerpo cuando tenía diez años y me empezaron a crecer los pechos. Todavía no menstruaba, seguía en la primaria, pero yo sabía, al verme al espejo, que esos bultos no iban a pasar desapercibidos. Fue fácil esconderlos en la escuela, fue difícil hacerlo en las reuniones familiares.
No quería que al verme lo primero que fueran a notar fueran mis senos de adolescente. No quería que me consideraran como adolescente. Quería ser yo, niña, chica súper poderosa, quería ser Mariana.
Y mis pechos a los diez años no me dieron un nuevo nombre, pero a los once en la primaria me dieron el premio a "Las piernas más bonitas". Mis votantes de mi misma edad.
6
A los catorce años descubrí la saga de Crepúsculo porque una compañera nos la recomendó y prestó. Algo en esa historia me daba catártisis, romance, violencia, drama.
La cosa es que, luego de varios años, descubrí que no era que me interesara la historia total sino que veía mi pansexualidad en la introversión de Edward y el modelo del coraje en Bella.
Creo que si Stephanie Meyer tuviera mejores editores y consejeras su saga sería mejor.
5
Nunca me han asaltado. Han asaltado a mi hermana en la prepa y a su entonces novio. Asaltaron a un amigo a punto de golpes, a una amiga la tiraron bajándose de un camión. Una vez le empuñaron una pistola automática en el estómago de mi madre dentro de un banco.
Jamás.
No porque no me dé miedo, sí me da miedo y procuro ser muy cuidadosa, ¿Pero un altercado violento entre armas y rateros? ¡Nunca!
Incluso cuando he andado por ahí en la calle a media noche, o he andado por ahí ebria, exponiéndome a situaciones...
¿Será acaso que los asaltantes me ven como una persona peligrosa (UuUr lo soy)?
4
Una mañana de invierno cuando tenía veintiuno cuando estaba en mi servicio profesional (requisito para titularme) me encontré a mi mejor amiga, ella ya había firmado su hora de entrada y después de que hice lo mismo, la saludé desde los lejos. Desayunamos en diferente zonas de la escuela y a la hora de salida, después de firmar, me estuvo contando su día. Yo le dije:
-Vi a Omar fuera del salón un rato-
Karli se río entre dientes.
-Le dije que si no entraba le diría a su maestra guapa-
-¿Quién es su maestra guapa?-
Mi pregunta era genuina porque la mayoría cruzaban los cuarentas y dudaba que ese niño, al que yo tuve dos años atrás en prácticas, pensara en maestras de una edad real.
-Tú-
-Ahh, ¿Crees que soy guapa?- le dije, riéndome.
Ella se sonrojó, se río y cambió de tema.
Karli, yo sí me acuerdo.
3
Durante el primer semestre de la carrera tuvimos a una maestra llamada Karla. Ella nos daba la materia de contexo y educación, algo así. Como parte de su clase nos exigía llevar un diario de campo que ella revisaría y en la cuarta clase, dijo que todos deberían irse a extraordinario. Hizo una excepción:
-Menos Mariana, porque ella no tuvo ni una falta de ortografía-
Y escuché a una compañera decir entre dientes:
-¿Pues cómo? Si es escritora-
Creo que es la primera vez que alguien se refirió a mí como escritora de forma degradante.
¡Fernanda, estoy consolidando una carrera de escritora!
2
Nunca me he sentido la adulta de nada. Ni entre mi familia ni entre mi gremio. Pero a los 18 me subí en el auto de un morro de 17. El copiloto tenía 17. Los pasajeros teníamos (17)- mi hermana (17) y yo (18). ¡Y que un tránsito nos detiene!
Veníamos de un bar. ¿Habían tomado ellos? Quién sabe, yo creía que no. ¿Pero olían a drogas? Yo jamás había probado las drogas.
En algún momento del interrogatorio mi hermana dijo:
"Pero ella tiene 18"
Logramos salir de ese retén pero yo jamás olvidé a mi hermana diciendo que yo era la única con INE.
1
Mi amiga me llama. Yo respondo. Ella me dije: ¿Qué pensarías si tengo un aborto?
Yo respondo de inmediato: Nada. ¿Quieres ayuda?
Mi rumi tuvo un susto de embarazo no deseado. Me buscó esperando la confirmación de su decisión. Lo sé porque ella me dijo después, "[fulanita amiga de su infancia] me dijo que era pecado"
-No es pecado. Es más pecado hacer cosas que los otros quieren contra nuestra voluntad-
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