Mis traumas son como mis lunares: Tendrías que prestar particular atención para notarlos.
Me gusta pensar eso pero en realidad creo que soy visiblemente una persona bastante afectada por la vida. Alguna vez alguien muy cercano a mí dijo que mi naturaleza vulnerable y franca despierta en los demás este sentido de protección, de ternura. Creo que fue una manera amable de decirme que le doy lástima a quién sea que tenga que tratarme XD No podría culparle, yo también siento lástima de mí misma.
Ahora bien, con los años me he vuelto plenamente consciente de que este estado tan frágil que *APARENTO* (porque no lo soy, nomás me veo así) es un factor importante para atraer a depredadores u otro tipo de gente abusiva. Mostrarme tan abierta en internet o en persona da una impresión equivocada: Un artificial sentido de acceso público, tierra fértil para relaciones parasociales. Escribir tan abiertamente de mí en sitios públicos, tener una apariencia insignificante es, aparentemente, una invitación a construir una relación unilateral conmigo.
¿Por qué?
Porque estamos viviendos los peores tiempos para saberse humano: La hiper individualidad, el mal llamado "amor propio", los temacheros y tradwives astetiks atentan contra toda forma de vínculo real. Conectar con otras personas nunca ha sido más difícil que ahora, que aunque parezca que tenemos todo al alcance, nada es real. Nadie es real. Somos pantallas, personajes curtidos por las tendencias de internet, performances en la calle y palabras vacías y movimientos psicológicos aprendidos en lo más barato de internet.
Es ya un patrón dentro de mis relaciones que la otra persona siempre inicie conversación conmigo, porque tiene una idea de mí. Me habrá visto por el parque paseando a mi perro, me conoce por una amiga en común. Coincidimos en algún taller o dio con mi blog por accidente.
La conexión es inmediata: ¡Por fin una persona real! se dicen. Pero conforme nuestras conversaciones se profundizan, la convivencia crece, se dan cuenta de que no soy esta manic pixie dream girl que imaginaron. No siempre soy chistosa, no siempre tengo energía, no siempre estoy de humor para existir. Tampoco les daré lo que quieren de mí: Motivos para vivir. Emociones intensas que les sacudan sus monótonas y aburridas vidas. Romance, sexo, palabras de amor, discusiones, llantos. La certeza de que lo que sea que viven conmigo es único y es real.
Cuando pasa, suelen elegir la manera más cruel para romperme el corazón. Me arrancan como una curita cuando su cicatriz de insatisfacción ha sido curada y ya no les sirvo. Voy directo a la basura.
Gracias, Mariana, pero hasta aquí llego contigo.
No considero a ninguna de esas personas gentiles ni bondadosas, por eso cuando conozco a alguien que sí me trata bien es... desconcertante.
¿Los papeles se han revertido?
¿Es ésta mi oportunidad de permitirme sentir esperanza de que las cosas en mi vida pueden mejorar, que soy digna de algo bueno? ¿O es mi chance de jalar el gatillo, siendo yo la que tiene el arma empuñada?
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