Eran tiempos sencillos: El internet era un sitio al que visitabas cuando te sentabas frente a una computadora, fuera en tu casa o en un ciber café. Y una vez que se acababa tu tiempo, regresabas a tu vida rutinaria.
Este muchacho, al que llamaremos O, no estaba en mi círculo de amistades, de hecho su grupito era bastante fastidioso y encajoso con el mío. Yo tenía la impresión de que le caía mal porque cada vez que nos mirábamos, él parecía enojado, pero me constaba que con otra gente se reía. Además, realmente no me hablaba en la escuela, salvo lo más esencial, por eso me sorprendió mucho (de mala manera) cuando una tarde que fui al ciber cercano y abrí sesión, descubrí que éste cuate me había agregado y que además me había mandado un mensaje.
Tan simple como un saludo me mortificó. ¿De dónde había sacado mi correo? ¿Por qué me estaba hablando? Y sobre todo: ¿Por qué estaba siendo tan amable?
Le pedí de inmediato que me borrara, él preguntó que por qué. Respondí que era evidente que le caía mal y no quería problemas con él ni nada, y él dijo que no le caía mal. Pero obvio sí, dije, porque si no las cosas entre nosotros serían diferentes en la escuela, pero él insistió en que de hecho le caía bien.
Le caía bien... Ni me conocía. Sabía que era nueva, eso era evidente. Sabía quién era mi hermana, porque me había visto almorzando con ella durante los recesos. Sabía quiénes eran mis amigos, sabía que llegaba en carro y me iba en carro porque mis padres siempre fueron muy precisos sobre el tema.
Pero eso era todo. Sabía mi nombre, pero dudaba que recordara mi apellido. No sabía qué me gustaba ni cómo era mi personalidad. No sabía lo que me gustaba, ni lo que me asustaba.
Yo tampoco sabía nada de él, salvo lo más básico, y lo básico era que su grupito de amigos eran bullys: No sólo me acosaban a mí, sino que acosaban a los demás, la mayoría de mis amigos. Mi reacción era lógica:
Yo no soy amiga de bullys.
Pero él insistió tanto en que no era el caso, que él no tenía mala intención y que quería conocerme, que decidí creerle. Nunca terminé de creerle del todo, siendo sincera, pero acepté conversar esa tarde con él.
Y esa tarde se volvió dos tardes y luego dos semanas y cuando me di cuenta le estaba pasando mi número de teléfono para escribirnos sin necesidad de internet.
Platicábamos mucho pero también discutíamos bastante. Descubrí que él tenía una personalidad filosa, de poca mecha diríamos, y yo era demasiado burlona como para tenerlo a él en paz por largos ratos.
Entonces me invitó a verlo jugar fútbol con su equipo.
Acepté y fui, pero no porque fuera invitación de él, sino porque entonces mi mejor amiga estaba saliendo con su mejor amigo y ella me pidió que la acompañara. Hice todo el esfuerzo de levantarme temprano un sábado para llegar a la cancha techada a las nueve de la mañana. Como estaba leyendo Amanecer (de la saga Crepúsculo), me puse a avanzarle algunos capítulos entre descansos y tiempos muertos.
Esa misma tarde, por messenger, me estuvo preguntando por el libro y me aseguró que a él también le gustaba leer (mentira garrafal pero no se lo discutí)
¿Éramos novios?
Nuestra relación siempre fue extraña. Al volver a la escuela, durante nuestro tercer y último año de secundaria, las cosas entre nosotros parecieron enfriarse. Definitivamente yo me sentía incómoda por la atención (maligna) que recibía cuando estaba cerca de él, cuando platicaba con él. Y aunque no voy a negar que me gustaba mucho, también era consciente de la incompatibilidad de nuestras personalidades.
Creo que físicamente me atraía mucho y me divertía, pero al mismo tiempo me ponía de los nervios en el mal sentido de la expresión porque sus arrebatos de ira me desconcertaban. Era muy joven para estar tan iracundo.
"Terminamos" por decirlo de alguna manera y luego yo anduve con otro muchachito por varias razones que ahora entiendo que no fueron las correctas y también lo terminé.
O y yo dejamos de frecuentarnos en los años de la licenciatura, porque incluso aunque estuvimos en diferentes prepas, por alguna razón teníamos amigos en común o algo nos hacía coincidir. Aún así seguimos conservando amigos en común y nos movemos por zonas parecidas aunque no he vuelto a topármelo otra vez. Tampoco tengo un interés particular en hacerlo.
Él no fue mi primera relación pero sin duda me marcó mucho, desde varios aspectos y creo que desde entonces me amañé a tener este patrón de relaciones: Romances efímeros o inestables que se acaban y luego reinician con gente con quién es evidente que no me llevo muy bien.
Me gusta el romance, no me malentiendan. Me considero una hopeless romantic (hopeless en el sentido de que no tengo esperanza XD); creo que soy muy entregada y muy sincera y muy intensa pero también creo que tengo un problema marcado con el compromiso. No tengo problema con la intimidad emocional, sexual, económica, psicológica, lo que sea, pero una actividad como la de presentarse con la familia, asistir a las reuniones de amigos, algo público y formal me da un repelús de esos que te hacen querer raparte y correr en círculos.
Me gusta mucho tener romances, enamorarme y vivir todo el proceso desde la luna de miel hasta el rompimiento, ¿Pero ser conocida como "La novia de... "? OH HELL NO.
¿Eso me convierte en "apego evitativo"?
¿En una cualquiera?
¿En una irresponsable, una desobligada, una traumada?
Y, bueno, claro, he tenido noviazgos, ninguno estrictamente formal y por el contrario, siento que cada vez que he aceptado a convertirme en La Novia de, esa relación termina estallando, casi siempre porque yo soy la de la aguja tronándolo todo cuando me siento abrumada.
Quizás se deba a que esos romances son con gente que no es tan amable conmigo y por eso siento la necesidad de rehuir a sus intentos de amarrarme con sus títulos sociales.
Quizás en efecto estoy traumada.
Creo que me estoy enamorando
Pero no soporto las putas relaciones
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