martes, 14 de julio de 2026

Crisis de fe

Tengo este hábito de mantener mis relaciones en el área más gris posible porque así me resulta más sencillo romperlas. Sin promesas, sin sueños, sin formalidad = menos dolor. Para mí y para la otra persona involucrada. Supongo que eso me hace una acreedora a decenas de nombres socialmente punitivos perO quiero que sepan que este hábito es más un instito que una decisión. 

Yo sé que tengo problemas con el compromiso, la formalidad y todo eso, lo sé, por eso nunca miento cuando la gente me confiesa sus intenciones.

¿Cómo rompes algo que no tiene nombre? Exacto. 






Es guapo. Es amable, es generoso, es atento, es divertido, es interesante. Es tranquilo, es pacífico, es sano. Es, en pocas palabras, una persona buena, decente, digna, de esas que escasean hoy en día. Claro, tiene sus defectos, pero no son lo suficientemente graves o siquiera mezquinos para que jalen la balanza a su favor.

¿Por qué es que sigo sin sentir nada? 

Me he tomado mi tiempo para diseccionar este fenómeno, porque tristemente no es la primera vez que me pasa. ¿Por qué estos hombres buenos que se me presentan no me hacen sentir nada?

La primera respuesta obvia y lógica es que soy lesbiana. Ya sé, me lo he preguntado antes, he indagado dentro de mí misma y sería deshonesta al decir que jamás ningún hombre me ha hecho sentir nada. Porque lo ha hecho, en ambos aspectos, romántico y sexual. Más sexual que romántico en cuestión de frecuencia.

La segunda respuesta obvia es que soy yo el problema.
Estoy viviendo un duelo y por eso no me puedo concentrar en él.
Estoy viviendo una transición y por eso no me puedo concentrar en él.
Estoy viviendo mi juventud y por eso no me puedo concentrar en él.

Es que soy yo. Soy excéntrica, soy mezquina, soy caótica, soy... Soy mi peor estado. 

Tiendo a culpar mi vena y alma artística como raíz de todo inconveniente pero es que no se me ocurre nada más.
Sé lo que siento, y lo que siento cuando estoy con él, es nada.





Debería ser más honesta, pero es que nunca miento con respecto a mis sentimientos. Si te digo que te quiero, es porque te quiero. Si te digo que me gustas, es porque me gustas. Si te digo que te amo, es porque te amo. Pero inevitablemente estos conceptos se viven de forma diferente según sea la conciencia, la historia, los traumas.
No soy del tipo de persona que se aleja de sus arrebatos, por el contrario, muchas veces me encuentro atrapada en problemas gracias a ellos. Pero pareciera ser que nunca es suficiente.


Buscando romper mis hábitos terminé rompiendo mi propio corazón. Quise seguir los consejos de las personas sabias, quise creer que mi esperanza era suficiente, que mi voluntad sería lo necesario para salir adelante con esto. Pero no.
Y lo resentí en mis ideas, en mi culpa, en mis sentimientos, en mi miedo, en mis huesos. 
Sentir que no estoy siendo recíproca, sentir que no estoy siendo lo que se espera, que no estoy siendo lo que fui, que soy un FRAUDE.

La solitud de fingir una relación fue algo que jamás sentí a este grado, una daga en doble sentido, porque jamás lo hice. Nunca me traicioné así, pensando que era por mi bien. Y ANTES DE AVANZAR DÉJENME DECIRLES QUE SU CONDICIÓN DE HOMBRE NO TIENE NADA QUE VER, esto bien habría pasado con una mujer o una persona nb.
Pero tener que limar mis asperezas, cuidar mis palabras, exagerar mis reacciones, fingir un bienestar o una satisfacción inexistente son mentiras.
Le mentí y me mentí a mí misma pensando que sería suficiente si me esforzaba.

¿Qué persona enamorada se esfuerza por sentirse enamorada?






Esto es una experiencia que jamás me imaginé vivir. Yo que siempre me enorgullecí de ser fiel a mis sentimientos, de jamás verme atrapada en una situación deshonesta, de jamás traicionarme a mis instintos y termino aquí... En medio del frío del silencio y de la vergüenza. De tener que decir "esto no está funcionando" y de tener que mentir para ocultar mi desinterés, mi aburrimiento.

¿Soy la peor persona del mundo?
No, pero en el top 10 seguramente sí estoy.



Esta situación me ha hecho pensar que quizás no soy la persona que pensé que era. En mi necesidad por cambiar mis caminos, por volverme mejor, sólo terminé trayendo dolor. Siento un peso indescriptible en mi pecho desde hace varios días que todavía no sé cómo manejar. Obligarme a escribir esto, con dos whiskys encima, parece buena opción.

viernes, 19 de junio de 2026

La má(trá)gica historia de un bloqueo

En medio de lo que fácilmente podría ser considerada una de las más grandes y más complejas historias de amor concebidas por el ser humano (fuente: yo), saberme bloqueada de whatsapp definitivamente no estaba en mis planes.

¿Qué es lo que significa un bloque en nuestros tiempos modernos? Pues tan fácil como no querer leer a alguien. Un límite entre tú y el objeto del bloqueo. Una pared, una reja, una decisión plenamente consciente sobre el deseo de no saber más nada de quién te escribe. Un silencio indestructible. ¿De dónde viene una decisión así? Pues muchas veces, ante la hostilidad y el potencial peligro de ser doxxeadx, lo mejor es bloquear a la gente. Unx nunca sabe con qué clase de loco estás tratando.

¿Pero cuando se trata de alguien a quién conociste por tantos años, con quién viviste cambios importantes, con quién creciste, cuya cama te compartió? Bueno, pues es devastador. Es desconcertante a un nivel que todavía me tiene entumecida.

Entiendo que las cosas no hayan terminado tan bien la última vez. Entiendo que esté enojada, sé que le di más problemas que alegrías -es una probabilidad que jamás dejaré de considerar-, hasta entiendo que esté mejor sin mí, tampoco pretendo arruinarle la vida.

Pero no entiendo el nivel de frialdad que requirió hacerlo. Creo que no bloqueas a tu mejor amiga sólo por un enojo o una discusión, la bloqueas en serio cuando ella deja de ser tu mejor -lo que sea-

Probablemente lo merezco pero sigue doliendo, en el sentido de que yo jamás pude hacerlo. Podía estar aferrada a mi berrinche o justificadamente herida, pero jamás la bloqueé. Jamás le negué ese acceso a mí, porque una parte de mí sentía esta... no sé, ¿Esta inevitable parte en que nos reconciliaríamos?

Bloquearme significa que ya ni eso hay entre nosotras. Ni siquiera la posibilidad de una cordialidad distante.

Ella ya no quiere saber más de mí y yo no lo puedo entender.




En algún momento, en algún lugar, esto tiene sentido. Es racional y es lógico. Quiero decir, durante estos días he tomado mi tiempo para tomar en cuenta todos los puntos de vista, el de ella, por supuesto, y todo lo que en nuestra historia es un atenuante.
Y los hay. Hay razones, hay ciencia, hay lógica, hay... historia.

Quizás mi sinsabor, mi amargura se deriva del hecho de su poder, de su voluntad: Ella puede hacerlo, yo no y si lo hago siempre es en el calor del momento y horas después me retracto. Será acaso nuestras distintas naturalezas las que nos hacen proclives a actuar de cierta manera, pero mantengo mi punto: ¿Cómo es que puede hacerlo? Descartarme con tanta frialdad, con tanto impetú, con tanta... determinación.

Me duele mucho por todo lo que implica, pero sobre todo porque siento que me estrellé con esta cruel realidad: No somos lo que pensé que éramos. No somos... no hay hilo entre nosotras. No hay... destino, inevitabilidad(¿es una palabra?) No somos... No estamos por encima de la razón, la ley del hombre, y contra todo pronóstico. 
No somos amigas, no somos conocidas, no estamos hechas de las mismas estrellas, no sentimos el mismo amor, intensidad, incomprensiabilidad (¿Es otra palabra?)

Somos tragedia pero fuimos magia.

Porque lo fuimos, ¿No? ¿O es que yo me lo inventé todo en mi cabeza y ella no es esta persona fantástica que conocí alguna vez? Con todos sus defectos y virtudes, ella alteró mi química cerebral para siempre, y eso debe significar algo, ¿No? Que lo que pasó fue real. Que sí existimos, aunque fuera entre las sombras de la vergüenza, la culpa y lo incorrecto.






Esto es lo que me está pesando más, la manera en que aparentemente jamás nos vimos de la misma manera, incluso cuando yo podía jurar que sí. Que ella sentía esto mismo que yo sentía. Que siempre fuimos conscientes de lo extraña de nuestra relación, algo que las palabras jamás podrían explicar, algo que la gente siempre puso en tela de juicio pero que nosotras sabíamos qué onda.

E incluso en nuestros periodos de distancia (Porque estuvimos alejadas, de que no nos hablamos por dos años) al volver ella dijo que yo me quedé como un fantasma, que ni siquiera podía oír cierta música o ver ciertas cosas porque era como invocarme. Exactamente como a mí me sucedió. 
No sé cómo explicarlo. Era como si tuviéramos esta pequeña burbuja que nos cubría y nos protegía del ruido del mundo, era como si sólo existiéramos ella y yo.

No era romántico, pero sé que tampoco era precisamente amistoso. Era platónico. Algo más fuerte que un simple romance, una amistad de pasillo. Era algo perecedero. Algo...
Era algo.

Algo que no sucede todos los días, algo incidental, algo que ya no existe en nuestros días modernos.

Algo que ya no es.




Es una historia tan compleja la que ella y yo tuvimos que llevo alrededor de diez años intentando escribirla, ponerla en palabras, usando metáforas o de plano citando eventos reales. He escavado en la tumba de mis recuerdos, analizado cada screenshot, cada foto, cada testimonio ajeno que dio fe a que estaba yo perdiendo la cabeza por algo que ellos consideraban pasajero.

Sé que todo el mundo cree que me enamoré de ella. Que lo que yo sentía era romántico, era sexual, y en este punto estoy cansada de tener que explicarlo, pero lo haré de todas maneras porque para mí este tema no es insignificante: Claro que me enamoré de ella. No de la manera en que te imaginas, sino de una manera mejor, una manera que parece que no existe en la mente de los demás.

Nos conocimos cuando éramos muy jóvenes, adolescentes todavía y nos estábamos descubriendo y fue la primera vez que pude conectar con alguien a un nivel orgánico. Nunca sentí la necesidad de censurarme con ella, de esconder las partes que me daban -y me dan- vergüenza de mí. Jamás me sentí juzgada, me sentí señalada. Ella creía que estaba loca y mi sentido del humor era raro, pero jamás me hizo sentir mal por aquello. Ella veía lo bueno y lo malo de mí y me aceptó, contrario a mucha otra gente, amigos y amantes, jamás me pidió cambiar.

Ella no siempre me entendía, pero jamás me hizo sentir sola.

Quizás descubrir que podía ser querida sin tener que ceder ante las expectativas ajenas fue lo que marcó mi manera de pensar de ella. Su paciencia era la de una santa, su curiosidad era la de una científica. Sus palabras de amor, las más sinceras que conocí a esa edad.

Y teníamos desacuerdos, claro que los teníamos, y peléabamos, porque lo hicimos varias veces y nos dijimos cosas hirientes y nos hicimos cosas feas pero creo que veíamos la realidad de nuestro corazón y nuestras intenciones y sabíamos perdonar.

Creo que colmé su paciencia de santa y destruí su curiosidad de científica.

¿Y saben qué? Good 4 her




Finalmente, les quiero confesar que la conclusión de mi historia con Karli sería que ambas nos hiciéramos viejitas y le dedicaría Timeless de teilor suif pero creo que a ella tampoco le salió muy bien la cosa (Excepto la canción, perra rolota!) y tendríamos una larga vida de historias, pausas obviamente, pero amor dominándolo todo.
Y pues no. Parece ser que el bloqueo es el punto final que yo no deseaba pero que ella lo dio.

Y como escritora, ¿Qué haces con un punto final?


jueves, 11 de junio de 2026

No me puedes salvar


 Septiembre, 2018.


Desde que tengo uso de razón, ha habido una tristeza dentro de mí que me ha llevado casi toda mi vida entender. Ahora, a mis treinta y uno, he llegado a la conclusión de que es inherente a mi persona y por más razones que le busque o explicaciones que le encuentre, lo cierto es que así nací: Tristita.

Los primeros años de mi vida fueron una marea de confusión porque aparentemente la gente a mi alrededor no se planteaba lo que yo me planteaba, no sentía con la misma intensidad, era casi como si estuvieran en otra onda, viviendo en otro mundo, habitando un ser más... Más no, ¿Más sano, mejor, más saludable?

¿Es la tristeza saludable? ¿Es la tristeza un castigo? 

Aprendí en mi entorno que la tristeza era un defecto de carácter. Que sólo la gente estúpida se entristece, que mientras no te falte techo, comida y escuela, no podías sentirte triste porque lo tenías todo. Y en cierta manera lo entendía, tenía sentido para mí el hecho de que la tristeza era debido a la falta de algo. 

Entonces, si a mí no me faltaba nada, de vez en cuando hasta podía decir que tenía de más, ¿Por qué me sentía así?

¿Por qué siempre he sentido esta espinita en mi corazón, este vacío que parece no llenarse con nada?

No es una sensación implacable, algo que me deje tirada en la cama, tampoco es algo tan abrumador que me haga llorar, que me desborde, que me rompa a cada momento. Es más, a veces se vuelve tan ligero, tan delgado, apenas una sombra por ahí en el rincón de mi mente, que ni me doy cuenta de que está ahí.

Genuinamente a veces puedo disfrutar mi vida y mi persona como cualquiera. Pero al cabo de unos segundos me vuelvo consciente: Oh, ahí estás otra vez, vieja amiga... Tristeza..


Le digo tristeza como nombre propio, en realidad es algo más complejo que sólo estar triste. Es una mezcla entre un vacío incomprensible, el color gris y esta ambigua sensación de necesitar algo. Algo no para mí, pero algo que me hace falta.

Quizás el hecho de estar tan consciente del delive mundial me ha dañado permantemente el entusiasmo por vivir. Quizás sólo me tocó este cerebro incompleto y esta alma rota. Si hay gente que nace con discapacidad, si hay gente que nace gay, si hay gente que nace con ciertos rasgos, ¿Por qué no podría nacer yo triste?

"Mariana, creo que has estado deprimida toda tu vida"

¿Saben qué? Creo que sí.






La semana pasada, en la fiesta de cumpleaños de mi hermana, hablaba con una prima a la que tenía un buen rato sin ver. Ella me decía: Yo admiro y respeto mucho a los escritores... A todos, en especial a los que escriben ficción, historias... Yo no podría. Es muy difícil.

Yo me carcajeé. No sabía si lo decía para echarme porras o porque genuinamente lo creía. Pero como soy autodespectiva y jamás pierdo oportunidad de echarle tierra a mi oficio, le dije:

    -Se necesita tener un trauma particularmente hondo para vivir escribiendo historias-

Ella no se rió, sólo dijo, muy seria:

    -Pues es que sí, sí se necesita tenerlo-

La conversación se extendió a más temas sobre escribir, el cine y el arte en general. Fue una plática bastante estimulante porque amo hablar de eso pero rara vez tengo la oportunidad de explorar con otra gente.

Me la pasé bastante bien, al final de la noche volvía a casa y pensé en aquellas palabras. Aunque tenía meses, presumiblemente años de no verla, aunque sabíamos tan poco de nuestras vidas porque ni siquiera nos tenemos en redes sociales, mi prima pudo dar en el blanco ante mis dianas y cuando me compartió su diagnóstico psiquiátrico todo tuvo sentido. Ella es neurodivergente, obviamente me iba a entender, y de reojo miré a la mesa donde estaban mis papás, que ellos también son neurodivergentes sin diagnóstico, ¿Por qué no me entendían?

¿Por qué, si la mitad de mis amistades son neurodivergentes, les cuesta tanto entender mis limitaciones y mis características? 

¿Es que esta depresión es causada y perpetuada por mi núcleo familiar? ¿Es que en otras condiciones estaría viviendo mejor?





Pues me fui de mi casa a los veintiuno. Apenas se me fue entregado mi diploma de la carrera, hice mi examen de oposición y conseguí una plaza, me fui sin mirar atrás.

Viví un año lejos de mi casa, de mi familia. Visitándolos en fines de semana porque durante las vacaciones viajé. Vivía en un entorno lejos de mis vigilantes padres, lejos de mi demandante hermana, lejos de mis geniales amistades. Me fui.

Mi horario era perfecto para cualquier introvertido: 9:00 am, despertar. 2:00 pm, entrar al trabajo. 7:30 pm volver a casa. Mi rumi vivía en un horario matutino, rara vez coincidíamos y cuando era así íbamos al cine, a cenar, a conciertos. A veces simplemente no hacíamos nada más que compartir espacio. 

Fue una época buena: Ganaba dinero, trabajaba mucho, no tenía tiempo para pensar en las injusticias del mundo... Pero me topé con las injusticias de la escuela, de la zona, del municipio. Ya no tenía tiempo para leer las noticias porque estaba preocupada en la situación de mi salón de clases. Apagué el teléfono y abrí la botella porque tenía problemas que no podía solucionar de raíz. Dejé las noches de antro porque mi situación laboral me quitaba el sueño.

Busqué ayuda. Sabía que iba camino al precipicio del suicido y necesitaba intervención. Quizás lo más espantoso del asunto fue que ante los ojos de mi familia, yo era útil, era prolífica, era exitosa, entonces no había razón para acabar con mi vida. Mis amigxs me veían como éste ser perfecto que alcanzó la solución milenial ante tanta desiguldad y precariedad. Pero yo me sentía drenada, rota, y la autolesión comenzó.

Fueron quizás pensamientos, fueron quizás acciones minúsculas como beber diario, dejar de comer y dormir tres mierdas. El chiste era la descomposición de mi cuerpo mortal, imperfecto....

No sucedió.

No pasó por razones que todavía no entiendo. Hubiera preferido morir de innanición afuera del depa de Karli antes que tener que soportar el humillante proceso de renunciar a una plaza.

¿Te imaginas? Renuncié a un trabajo estable, con sueldo estable, con prestaciones de ley, con cierto nivel de reconocimiento social y yo... Simplemente llené mi renuncia y me fui en la parte trasera de la camioneta de mis papás. Y me quise morir los meses siguientes, no les diría intentos pero tampoco decisiones sanas.

No me morí. De hecho, creé otras cosas... pero nada de eso me apaciguó este impulso de quitarme la vida.





Tengo páginas prolíficas de memes en facebook, twitter, bluesky, tiktok. Tengo un club de lectura. Tengo tres blogs de temáticas diferentes. Exprimo mi tiempo para escribir mis historias, mi ficción. Atiendo a mi perro de cinco años. Hago el desayuno, comida y cena. Me baño a diario. Leo al menos dos libros al mes. Bebo... Dios, bebo de maneras no saludables y luego me someto a la sobriedad nomás para sentir algo. 

Me siento tan triste, tan desesperanzada, tan abandonada, tan... Tan derrotada.

Salgo al mundo e interactuo con personas y las ojeras que se les asoman fueron por una mala noche, una mala rutina nocturna, un mal trabajo. Salgo al mundo con mis amistades y sé que sus rutinas son metódicas, ellas están felices, todo les funciona -quizás no en la manera en que desearían-pero ninguna de ellas se despierta a las 3 y media de la madrugada porque soñó con la Llorona. Salgo al mundo y veo a mi familia, la estabilidad de mi hermana, la decepción de mis padres, el éxito de mis primos...

Pienso: Debería morirme, porque no sirvo como humano. 

Es lo más lógico, ¿No?






Pero mi perro... Manzano

Mi club de lectura... 

Mis amistades...

Mis papás...

Mis romances....

Mi huella en el mundo...

Y desde hace un tiempo que dejé de pensar en ellxs, lo cual es preocupante. Pienso en mi ficción, las historias no terminadas de escribir, todo lo que tengo por contar... Debería estar participando en concursos, ganando premios, siendo reconocida y sólo me limito a sentir lástima de mí misma y beber... 

Bueno, he decidido cambiar eso, ¿Qué será? Es cosa de que me sigan leyendo :)





lunes, 25 de mayo de 2026

La primera persona que amé

 ¿Era un él o era una ella?

Une elle no podría ser, no tan temprano en mi vida alguien llegó con esos pronombres.


Recuerdo sus manos, eran suaves, eran cálidas, se deslizaban con tanta facilidad por debajo de mi falda. 

Y hacía calor, era un día caluroso, lo recuerdo. 

Creo que mucha gente recuerda un rostro en específico cuando les preguntas cuál fue la primera persona que amaron. Su primer amor. También creo que la gente queer que vivió su infancia y adolescencia e incluso adultez dentro del clóset o negándose a sí misme no podría evocar una imagen con tanta facilidad.

Cuando amamos, nos descubrimos a nosotrxs mismxs porque entendemos partes de nuestra identidad que no conocíamos antes y ciertos aspectos de nuestra naturaleza despiertan. Para la gente dentro de la norma cisheteroalosexual no es un rompecabezas por armar. Para la gente queer, incluso en nuestros días que parecen tan soleados y progres, sigue siendo un pasado incómodo, a veces doloroso, vergonzoso.

Las historias que uno contaría en un bar, en una cena de boda, en una cita, en una navidad con la familia, esos romances que se vuelven anécdotas lindas o divertidas, para nosotrxs representan peligro, incertidumbre y a veces hasta confusión.

¿Quién fue nuestro primer amor? ¿La persona que nos hizo "darnos cuenta" de que éramos queer, o la persona a la que nos aferramos para sentir lo que nos dijeron que debíamos sentir?





¿Mi primer amor fue el muchachito con el que me di besos de pico detrás de un árbol en la kermés de la secundaria porque me sentía presionada de demostrar mi supuesta heterosexualidad ante mis amigos?

¿Fue el practicante de maestro de deportes que fue a hacer su servicio a mi escuela y al que yo consideré como guapo en voz alta frente a mis amigas?

¿Fue mi compañera de mesa en la primaria que me causaba tanta risa que terminaba con dolor de cara y panza?

¿Fue la niña del campamento de verano con la que nos fugábamos de las actividades para irnos a tirar al pasto, ver el cielo y hablar de las cosas que nos daban miedo que me tomaba de la mano?

¿Fue el primer muchacho que me escribió una carta de amor? ¿La primera chica que me dio un regalo caro?
¿Fue el primer chico que metió su mano debajo de mi falda, fue la primera muchacha que me llevó a su cama?

¿Fue quién me regaló una playlist, quién me dibujó con todo su talento? ¿Fue el nombre tras la carta que recibí la madrugada del  25 de abril? ¿Fue quién me acusó de brujería? ¿Fue quién se unió al equipo de fútbol de mi ex nomás para hacerme reír?

¿Fue quién se ha unido a todos mis planes, o fue quién se perdió entre mi cuerpo, mis traumas y mi tristeza?





Ahora sí que con tres whiskys encima puedo decir que José José tenía razón, el amar y querer no es igual.
Querer, desear, aspirar, idealizar, tener y moldear difieren tanto de amar, en el sentido que amar es aceptar.

Queremos a alguien porque nos gusta, porque nos acomoda, porque nos va, porque es divertidx, porque es lindx, porque nos hace venir.
¿Pero amar? ¿El amor depende de todo eso?

¿El amor es sexo y romance? ¿Es regalos, tiempo, llamadas, celos, fotos en instagram, playlists? 

¿El amor no existe de otra manera?

¿El amor jamás se alimenta de vergüenza, de auto-desprecio, de auto-lesión, de miedo? ¿El amor no es consuelo en el funeral de tu familia? ¿No es váter cuando vomitas porque estás muy ebria? ¿No es reclamarte que no has comido? ¿No es cuidar, no es proteger, no es supervisar...?

¿En dónde, en qué mundo, podemos permitirnos esto a la gente queer?




Si le preguntas a tu amigx queer quién fue su primer amor, va a vacilar. No porque no lo recuerde, sino porque no estará seguro de tu referencia.

¿Quién fue mi primer amor?


¿La persona con la que me obligué a ajustarme a la norma, o la primera persona con la que me sentí diferente al resto del mundo? 

¿Es quién me correspondió primero, dentro de mi identidad, o es quién me usó o yo usé?

¿Quién fue el primer amor de charlie marian?

¿Fue la niña de la primaria que le hacía doler la cara de tanto hacerla reír? ¿Fue el muchacho de los ojos verdes con el que se toqueteó un par de veces? 




La primera persona que amé fue la hoja en blanco antes de ser ensuciada con mi tinta, mis palabras, mi corrector.

¿Lo primero que genuinamente amé? A Karli. Desde los 18 años.


viernes, 15 de mayo de 2026

Te amo. Me estás arruinando la vida.

 Incluso después de todo este tiempo me sigo preguntando si alguna vez me reconciliaré con el hecho de que las promesas que esa vida me ofrecía jamás se cumplirán. Al menos no de la manera en que deberían haberse cumplido.

Cuando una se invierte tanto en una relación termina perdiendo todo lo que una vez la hizo un individuo. Sucede aún cuando sea algo que salió de la absoluta nada, como un chispazo de genialidad, una idea espontánea y sin origen. Así es, estoy hablando de ella, mi carrera.

Educación Especial llegó a mí como una idea alterna a mi plan original. Saben que yo desde muy chica quise ser escritora, pero viniendo de una familia panista de clase media, el arte no era un pronóstico optimista si quería, ya saben, comer y tener techo. Así que la educación especial vino como una sugerencia, gracias a un capítulo de Glee. Ya sé, ya sé, ¿Quién elige una carrera por el maldito nombre de un capítulo de un maldito programa musical y gay? Pues a los diecisiete años no tienes muchos elementos ni muchas herramientas que te permitan crear un panorama y poder planificar mejor.

Pues así fue. De todas maneras ya tenía familia en la educación, mi abuela materna tenía un preescolar, varias de mis tías -incluída mi madre, aún sin título- estudiaron y trabajaron como maestras. Una de mis tías hasta se hizo de renombre dentro del gremio de la educación especial incluso cuando todavía no era ni siquiera una rama relevante del sistema educativo.

Me gusta mucho convivir con niños, educación especial significaba un propósito importante para mi vida, ¿Qué podía salir mal?


Pues todo salió mal.

Pero al menos salí viva -apenas- de eso.




Estudiarla fue una odisea. Una divertida aventura llena de retos, de anécdotas, de estrés y de buenas amistades. Fue sumergirme en un mundo totalmente diferente al que conocía, porque deben entenderme, yo desde los siete años estaba casada con la literatura, los libros, las historias. Mi vida hasta entonces se rodeaba de letras, de imaginación, del clic de las teclas al escribir, del color amarillo de los libros viejos. Todo eso era el universo entero. Era yo. Y ahora estaba entre salones llenos de colores, de gritos. De niñitos sonrientes, de manos pegajosas ensuciándome el mandil, de libros para planificar mis clases, de material rugoso, pintura, de exámenes, de fólders paja llenos de impresiones.

Mis compañeros dejaron de ser otros autores, muertos en su mayoría y ahora eran adultos, muchos muertos emocionalmente. 

Me gradué, me titulé y pasé el examen de oposición para obtener una plaza a los veintidós. Y una vez conseguido un lugar en el voraz mundo laboral, lo único que escribía era éste blog. Leía pero cada vez era menos.

El tiempo dejó de ser una excusa, porque ahora era la energía. Tenía el dinero para comprar los libros que quisiera (bueno, ni tanto XD) tenía vacaciones para dedicarme a escribir, pero lo que no tenía era la energía ni la voluntad. Estaba tan cansada, todo el tiempo. Perdí las ganas de siquiera preguntarme cosas, ya no quería ni imaginar ni nada. 

Invertí todas mis herramientas en sobrevivir al entorno tan violento y hostil en el que estaba: "Así es el mundo laboral, Mariana, acostúmbrate" me dijeron para consolarme.

Me rehusaba a creer que era parte normal del magisterio. Me rehúsaba a considerar aquel acoso como una eventualidad, algo que pasaría, algo insignificante. Las cosas se pusieron muy mal para mí porque por más que busqué ayuda, pedí consejos, acudí con mis supervisores e hice todo lo que me dijeron, nadie hacía nada. Eran puras lavadas de manos.

Empecé a beber mucho. De que diario fourloko, vodka o algo más, para poder dormir, porque de lo contrario no podía (Y mi ex-rumi puede dar fe de esto) y cada vez que viajaba por carretera de verdad pensaba "Ojalá algo estúpido y horrible suceda y me muera alv".

La culpa que me daba de siquiera pensar en suicidarme porque mi ex-rumi tendría que lidiar con ese desmadre, y mi familia sufriría estando lejos de mí y mis alumnitos no sabrían o no entenderían por qué les abandoné y... Pero un accidente en carretera, como los que a diario suceden, me libraría de todo eso.

Evidentemente jamás pasó.


Ser maestrx es difícil, ser una buena maestra es incluso más difícil. Entre escuelas en ruinas, compañeros violentos, padres de familia hostiles (que no fue mi caso pero me consta que los hay), las dificultades que los niños viven y que puedes hacer poco o nada porque "no te toca", la precarización y todo lo demás, no es para cualquiera. Hay quiénes sólo hacen lo indispensable, cobran su quincena y duermen por la noche cómodamente. Hay quiénes tienen que luchar contra el sistema, contra el estado, contra la maña, contra todo por ofrecerles lo mejor a sus alumnos.

Yo me enamoré de la educación especial a sabiendas de que le pertenecía a algo más. Iba en camino a quitarme la vida por ello, pero en algún momento de lucidez, entre resacas y pesadillas, decidí que tenía que irme si no quería acabar muerta antes de los veintisiete.

Renuncié.

Renuncié sin tener un plan b, sin una idea clara de lo que haría después, de qué tanto estaba dispuesta a comprometer de mi persona para conseguir un cheque, de qué tanto era ético perder de mí para seguir en el sistema.

Renuncié al magisterio, pero no renuncié a la educación especial.

En estos años he tenido diversidad de trabajos, ninguno fijo, algunos son sobre mi licenciatura, otros no lo han sido.

Ser maestra es difícil en este país y yo decidí que no estaba dispuesta a morir por esta carrera. 

Te amo, Educación Especial, pero me estabas arruinando la vida.



Me niego a ser fatalista, sé que las cosas pueden ser mejores para los alumnos, los maestros y la comunidad en general. Pero mientras no haya un consenso, una organización y un frente unido, eso no pasará.

La educación especial me ha dado muchas cosas: Experiencias más allá de mi mundo, me dio la satisfacción mágica del agradecimiento de los alumnitos, que te ven como su compañera en el mundo, su aliada. Recibir sus cartas llenas de cariño, con trazos torpes y faltas de ortografía, pero sabiendo que no se las pediste, que nació de su corazoncito, no tiene precio ni comparación. El "Gracias, maestra, nadie había sido paciente con mi hijo hasta usted" de las mamás y papás es algo que no se puede replicar de ninguna forma. Es fundirte en la comunidad, conocer sus desafíos, enfrentar los que vienen y aprender, crecer juntos.

Me dio a una mejor amiga que cambió mi vida para siempre, alteró mi química cerebral y mi manera de ver la vida y la muerte (aunque ya sabemos cómo acabó eso lol karli si lees esto regresa!!!)

Me dio amigas, me dio dinero, me dio el orgullo de mis padres (que lowkey perdí cuando renuncié lmfao no me arrepiento de nada!!) y mis amigxs.

Cambió mi vida. Te amo, educación especial, me estás arruinando la vida.




¿Podré alguna vez escapar de la sombra que el haber sido maestra es?

¿Me considero menos maestra ahora que no ejerzco?

Creo que educar y enseñar es algo que tienes o no tienes, seas lo que seas, te dediques a lo que te dediques. Creo genuinamente que hay gente que nació para ofrecer conocimiento a otros, creo que muchos maestros no tienen eso que llaman vocación. ¿Tengo vocación yo?

No sé. A lo mejor. La cosa es que mi vocación y mi corazón no están alineados. Me encanta mostrarle a la gente cosas que no ven, ilustrarles otras perspectivas, me gusta aprender de los demás, enriquecer mi entendimiento, cuestionar desde que despierto y hasta que me acuesto, pero...

No moriría peleando por el imperio, por el estado, exactamente como no moriría por el magisterio, la sep, la seg, las escuelas privadas. 

Sí moriría por el pueblo, moriría por los alumnos, sobre todo los que están en desventaja.




No sé si alguna vez podré reconciliarme con esa renuncia, esta ruptura. Siete años después de titularme, sigo sin poder terminar de vivir el duelo de perder lo que pensé que una vida me prometía. 

Pero honestamente en este punto no sé quién perdió más: Si yo, o ellos.


lunes, 20 de abril de 2026

Un chico bueno y una chica triste

 Mis traumas son como mis lunares: Tendrías que prestar particular atención para notarlos. 


Me gusta pensar eso pero en realidad creo que soy visiblemente una persona bastante afectada por la vida. Alguna vez alguien muy cercano a mí dijo que mi naturaleza vulnerable y franca despierta en los demás este sentido de protección, de ternura. Creo que fue una manera amable de decirme que le doy lástima a quién sea que tenga que tratarme XD No podría culparle, yo también siento lástima de mí misma.

Ahora bien, con los años me he vuelto plenamente consciente de que este estado tan frágil que *APARENTO* (porque no lo soy, nomás me veo así) es un factor importante para atraer a depredadores u otro tipo de gente abusiva. Mostrarme tan abierta en internet o en persona da una impresión equivocada: Un artificial sentido de acceso público, tierra fértil para relaciones parasociales. Escribir tan abiertamente de mí en sitios públicos, tener una apariencia insignificante es, aparentemente, una invitación a construir una relación unilateral conmigo.

¿Por qué? 

Porque estamos viviendos los peores tiempos para saberse humano: La hiper individualidad, el mal llamado "amor propio", los temacheros y tradwives astetiks atentan contra toda forma de vínculo real. Conectar con otras personas nunca ha sido más difícil que ahora, que aunque parezca que tenemos todo al alcance, nada es real. Nadie es real. Somos pantallas, personajes curtidos por las tendencias de internet, performances en la calle y palabras vacías y movimientos psicológicos aprendidos en lo más barato de internet.

Es ya un patrón dentro de mis relaciones que la otra persona siempre inicie conversación conmigo, porque tiene una idea de mí. Me habrá visto por el parque paseando a mi perro, me conoce por una amiga en común. Coincidimos en algún taller o dio con mi blog por accidente. 

La conexión es inmediata: ¡Por fin una persona real! se dicen. Pero conforme nuestras conversaciones se profundizan, la convivencia crece, se dan cuenta de que no soy esta manic pixie dream girl que imaginaron. No siempre soy chistosa, no siempre tengo energía, no siempre estoy de humor para existir. Tampoco les daré lo que quieren de mí: Motivos para vivir. Emociones intensas que les sacudan sus monótonas y aburridas vidas. Romance, sexo, palabras de amor, discusiones, llantos. La certeza de que lo que sea que viven conmigo es único y es real.

Cuando pasa, suelen elegir la manera más cruel para romperme el corazón. Me arrancan como una curita cuando su cicatriz de insatisfacción ha sido curada y ya no les sirvo. Voy directo a la basura.

Gracias, Mariana, pero hasta aquí llego contigo.

No considero a ninguna de esas personas gentiles ni bondadosas, por eso cuando conozco a alguien que sí me trata bien es... desconcertante.

¿Los papeles se han revertido?




Estoy muy segura que si fuera más convencional y menos, ya saben, traumada, me resultaría más sencillo empatar con las personas. Incluso cuando soy tan introvertida que rayo en lo huraño, sé que si me esfuerzo puedo entablar conversación en donde sea. Casi hasta parezco agradable. Será acaso el desfile de desengaños que he estado viviendo desde, bueno, ¿Desde mi adolescencia?, que el cinismo me ha convertido en una persona bastante triste y amargada. 

Espero lo peor de quién sea que diga quererme, que diga tener interés en mí. Es una manera de autopreservación el pensar que hay un trasfondo en tus palabras. Quieres mis días soleados, mi buen humor, mi cuerpo a las once de la noche, mis palabras de amor, mi corazón... Pero no quieres mis discusiones, no quieres mi llanto, no quieres mi estrés. Quieres lo que te imaginas que soy, no lo que realmente he sido y seré.
Pero véanlo de esta manera: Si dices la verdad, podríamos llegar a un acuerdo en vez de ilusionarme y jugar conmigo.

El mecanismo de defensa producto de mis traumas se hace evidente cuando reconozco el patrón de conducta: No vas a romper conmigo porque eres cobarde, pero vas a ser negligente y vas a abandonarme poco a poco hasta que yo me harte del sufrimiento y te mande al diablo.
Ya me la sé.

Pero entonces él entendió que estaba yo pasando por una depresión y me dio mi tiempo y luego volvió, sin resentimientos ni señalamientos. Y se ha quedado.
Siendo paciente, siendo atento, siendo interesante, siendo divertido, siendo una compañía que nunca imaginé que podría necesitar, que podría merecer.
Un  hombre cishetero decente, ¿Y me tocó a mí conocerlo?

Tal vez es la manera que tiene diosita de decirme que debo dejar de ser tan cínica y tan amargada y aceptar que tal vez todavía hay esperanza para los de su especie.

Tal vez.




Pero tampoco voy a mentir, a veces todavía siento un miedo crepitar dentro de mí: El augurio de que el desastre se acerca. Esta compañía y cercanía con alguien que sí se preocupa y me respeta lo suficiente como para cuidar mis sentimientos es como la calma antes de la tormenta. Y la paranoia empieza, mi estrés postraumático grita: Esto va a devastarme cuando se acabe exactamente como se acabaron mis historias pasadas. Esto va a sepultarme a una profunidad infernal, de la que no podré salir. Esto sería el último clavo en mi ataúd de la esperanza.


¿Es ésta mi oportunidad de permitirme sentir esperanza de que las cosas en mi vida pueden mejorar, que soy digna de algo bueno? ¿O es mi chance de jalar el gatillo, siendo yo la que tiene el arma empuñada?



miércoles, 8 de abril de 2026

La historia de mi vida contada en treinta y un momentos absolutamente ridículos

 Me resulta extraño medir la vida con el tiempo y no con las cosas que suceden durante ese tiempo, porque honestamente creo que  los momentos espontáneos nos marcan más que la podredumbre biológica que sufren nuestros cuerpos con el tiempo.

Por eso, en vez de contarles sobre los años, les voy a contar treinta y un momentos que me marcaron en toda mi vida, para bien o para mal.





31

Tenía quince años cuando pensé en suicidarme de verdad. Por unos momentos hasta hice un plan mental para llevarlo a cabo. Es una historia que ahora cuento con grandes carcajadas porque la razón era bastante... bastante adolescente, a mi parecer. Resulta y acontece que para mi cumpleaños recibí como regalo una laptop, muy linda. Escribía diario, día y noche, escribía por largos periodos de tiempo y un terrible día, por responder a una conversación que mi papá inició al asomarse a mi cuarto, no presté atención a lo que hacía y no guardé los cambios, así que perdí cerca de setenta páginas... Se imaginarán mi devastación. 

Evidentemente no hice el "intento", pero a partir de entonces me quedó claro que este "hobbie" de escribir era algo más que un simple pasatiempo. Era algo por lo que estaba dispuesta a morir.

Let's go, tortured writers!!


30

Cuando tenía seis años casi me muero en un accidente. Ahora que lo pienso, creo que he estado incómodamente cerca de la muerte y quizás todas esas situaciones han moldeado mucho mi manera de percibir mi propia mortalidad.

A esa tierna edad mi mamá, mi hermana y yo pertenecíamos a un club deportivo privado. Un domingo de primavera mi mamá nos llevó a chapotear un rato a la alberca. Pese a que la alberca infantil era bajita, yo llevaba flotadores en los bracitos y en mi mente de niña con delirio mesiánico pensé que si me los ponía en los tobillos podría caminar sobre el agua como yisus, ¿Y qué creen? Pues no funciona así.

No sé cuánto tiempo estuve bajo el agua, pero se sintió eterno. Una vez que estuve de cabeza, intenté por todos los medios y con todas mis fuerzas safarme de aquellos flotadores pero mi cuerpecito era pequeño y mis brazos no me daban para tanto y por el agua cubriéndome por completo era difícil doblarme para alcanzar mis tobillos. Estuve a punto de desmayarme, y no sé de dónde saqué la fuerza pero finalmente pude quitarme un flotador y regresar a la superficie.

Quizás era dios castigándome por pensar que podría imitar un milagro de su hijo el más querido (y al que sacrificó, lol)




29

Cuando tenía diecinueve bebí por primera vez. Bebí en el sentido de emborracharme. No fue al extremo de perder la consciencia, amanecer con cruda o vomitar pero fue la primera vez que alteré conscientemente mi estado. Fue como esa primera fase en la que estás alegre, sociable y divertidx.

Era la boda de una de mis amigas, se sentía como el lugar correcto para animarme a probar el whisky... Y me encantó. No el sabor, no la implicación de adultez, ni siquiera el ligero mareo y la sonrisa tonta, me encantó sentirme... Sentirme normal. Me encantó callar mi cerebro, me encantó poder hacer las cosas en automático que no puedo hacer en sobriedad, como hablar o socializar.

Y bueno, ya sabemos cómo va esa historia...


28

Siempre digo que la primera persona de la que me enamoré es un tal fulano "J", pero en realidad me parece que fue una tal fulana "S". 

En la primaria tuve una amiguita con la que me encantaba estar: Me parecía de lo más divertida, bonita e interesante. En mi mente adoctrinada por el catolicismo y la cisheterosexualidad, asumí que esos sentimientos eran admiración. Que yo quería ser ella.

Pero la verdad es que no, yo quería estar con ella todo el tiempo. Quería escucharla hablar, quería compartir pupitre con ella, quería comer lo que ella comía, quería que pensara que era cool.

Se cambió al año siguiente y eso me rompió el corazón. Saira, si lees esto, ¿Cómo te ha ido en la vida?





27

A los catorce-quince años me uní al grupo de básquetbol femenil de mi secundaria. Ustedes que me conocen, o me han leído, saben que no soy muy alta (1.59, LIGERAMENTE MÁS ALTA QUE EL PROMEDIO NACIONAL PERO IGUALMENTE UNA ALTURA INDIGNA ) pero lo que no tengo de tamaño lo compenso en técnica, heredé de mi padre la habilidad para los deportes, en cualquiera que me pongas soy una pistola UuUr

Yo era la última a la que el entrenador sacaba de los partidos y eso porque me veía con la cara verde de tanto correr de un lado para otro. Era de las que mis tiros eran infalibes, y la que robaba el balón, así que cuando entré a la prepa y se abrió un equipo de básquetbol obvio me presenté a las pruebas.

¡No me eligieron! ¿Pueden creerlo? Pero les fue tan mal que al siguiente semestre el maestro/entrenador se me acercó para preguntarme si no me interesaba unirme (después de ver mi desempeño en la clase de deportes)  y yo le dije que NEL, porque no soy plato de segunda mesa y soy una rencorosa de lo peor.


26

A los siete años fui a mi primer entierro. Mi abuelo paterno había muerto por las consecuencias de un derrame cerebral. No recuerdo muchos detalles, pero tengo vívidamente esta imagen de estar en casa de alguna prima materna (mayor, casi todxs mis primxs son mayores por décadas) con mi hermana y una primita paterna, teniendo una pijamada. El recuerdo es agridulce, porque mis xadres nunca permitirían que durmiéramos en casas ajenas pero esa noche era importante que alguien nos cuidara.

Lo siguiente que recuerdo fue estar en el panteón, un sitio bonito porque estaba todo verde, grandes colinas y los árboles recortados con una precisión casi obsesiva. Desde lo lejos veía a mis parientes, todos vestidos de negro, ver descender el ataúd en la tierra.

¿Era así darle el adiós a las personas? Nadie me preguntó cómo me sentía o qué era lo que pensaba. 






25

Tenía veintitres años cuando me titulé y conseguí una plaza. Me mudé de ciudad con una de mis mejores amigas y nos volvimos rumis. El primer día que llegué a la escuela donde trabajaría como maestra de educación especial, el primer comentario que recibí, posterior de una mirada de arriba a abajo, como si fuera una cosa siendo revisada para asegurar la calidad:

-Cada vez más verdes, ¿Verdad?-

El comentario vino de la directora de la primaria, le calculo unos cuarenta y tantos, cincuentas, que NO era mi jefa. Se lo dijo a una maestra regular de unos cincuenta y tantos. Todo frente a mí.

Ese primer encuentro pronosticaría un ciclo escolar lleno de acoso y agresión verbal.



24

A los diesiciete años me hice "popular" entre el fandom de Glee porque escribía fanfiction. No fanfiction cualquiera, fanfiction DE TERROR. Tomé una historia que me encantaba y la transformé en relatos sobrenaturales.

A veces extraño escribir fanfiction, pero honestamente muy pocas cosas han despertado ese nivel de pasión desde entonces. Cosas que aprendí de esa experiencia:

-Los lectores son caprichosos y a veces no tienen comprensión lectora

-Si una historia es autoconclusiva, ¡No hagas secuelas aunque te lo supliquen!

-Los malos comentarios significan dos cosas: Necesitas mejorar. ¡Estás mejorando porque te lee gente que te odia, let's goo!


23

Tinder llegó a mí como una puerta para el egocentrismo. Claro, sí, me habían mandado al diablo y si estaba consciente no dejaba de llorar y sentía que mi interior se quemaba. También es cierto que llegué al cumpleaños de una de mis mejores amigas llorando porque a medio camino pensé en esa persona.

Pero pasados los meses, decidí que merecía algo mejor, que podía conseguir el cariño y la atención que mi ex me negó y así di con Adrián. Adrián 2.

Coincidimos en gustos: Ambos fans del cine y literatura de terror. Ambos fanáticos del estado de ebriedad. Él me creía guapa y yo lo consideraba guapo, así que nos juntamos.

De aquella relación de apenas unos meses saqué bastante conocimiento, sobre todo de mí. Todo terminó "mal" porque él no supo respetar mis límites, además tenía unas conductas misóginas que por más que le recalcaba que eran violentas no tenía intención de cambiar, así que lo terminé una noche afuera de mi casa, luego de recogerme de mi taller de escritura creativa. Él tenía intención de seguir con lo nuestro, lo sé porque al desabrocharme el cinturón dijo: "Bueno, espero que podamos salir pronto otra..." y yo lo interrumpí. 

-No me vuelvas a buscar- salté de la camioneta, cerré la puerta y entré a mi casa.

Entonces me di cuenta que me había guiado por mi ego. Necesitaba saberme deseada, querida, admirada porque la ruptura con mi ex me había desmoronado a niveles inconscientes incluso.

Ya no uso esas mierdas de apps.




22

Hice llorar a una de mis mejores amigas exactamente a los veinticuatro. Las dos estábamos desayunando en una cafetería que ahora ya no existe. Le conté que su novio, al que ya conocía porque ella me lo presentó y coincidimos un par de veces en reuniones de amigxs, me había agregado a instagram. 

No era que yo tuviera una opinión particular sobre él. Obvio, como siempre digo ningún hombre es digno de mis amigas y siempre reservaré un lugar de mí para la duda pero además se agregaba el hecho de que en una de nuestras últimas reuniones me dijo algo extremadamente panfóbico.

Una noche en el bar me preguntó, después de explicarle lo que era la pansexualidad:

-¿Pero cómo saben tus parejas que pueden confiar en ti?-

Nos enfrascamos en un mini debate al que rápidamente renuncié porque primero: odio explicarme frente a cisheteros, y dos: ya tenía tres mezcales encima, sabía que su pregunta era malintencionada porque esperaba que yo confesara que era capaz de cubrir la infidelidad de quién sea, de mi amiga por ejemplo (Y sí, pero no por ser pan lo haría)

Ella me dijo que la borrara, que no aceptara la solicitud. Yo pregunté que por qué. No porque no quisiera hacerlo sino por curiosidad. Ella instió sin darme razón. Yo nomás dije: Okey, pero tengo curiosidad y...

-¡Porque no quiero que se sigan y ya!- me dijo.

Mi amiga, a la que conocía casi la mitad de mi vida, tenía los ojos llorosos. Una lágrima se le escurrió. Jamás la había visto llorar así que le aseguré que lo haría, hasta lo hice en la misma mesa y le mostré todo. Ella se quedó calmada y cuando me vio tan sacada de onda me explicó sus razones, que obvio entendí.

Es extraño. De todas los desacuerdos que tuvimos, después de tanto tiempo de conocernos, provocarle esa tristeza de esa manera me sigue pareciendo criminal por mi parte.


21

La primera vez que salí de mi ciudad sin la presencia de mis padres fue a los doce años, en sexto de primaria. Fuimos a Guanajuato Capital por cosa estudiantil, pero lo que recuerdo es tan claro que cada vez que lo pienso me da risa.

Estamos acomodándonos en el camión después de una visita a una mina. Yo estoy sentándome, lista para abrir mi mochila y comer algo cuando el profe camina por el pasillito y me dice:

   -Mariana, ¿Qué pasó? Tu mamá dice que no le has llamado y en eso quedaron-

Yo toda mensa con mi teléfono de ladrillo sabiendo que NECESITABA una lada porque antes así era de primitivo el sistema telefónico y yo no me lo sabía. Le respondí al profe que ya en ese momento me comunicaba con ella, pero no fue así y hasta un par de horas después que volvimos, le expliqué a mi mamá que no me sabía la lada para comunicarme a la ciudad. Vergonzoso.




20

Siempre tuve más amigos hombres que amigas mujeres. Tengo varias teorías al respecto:

1.-Soy genderqueer, entonces los hombres se sienten cómodos conmigo porque creen que soy un igual

2.-Porque me depredan n_n

Pero todo cambió cuando inicié la prepa y por fin conseguí lo que tanto soñaba: Un grupo de amigas meramente integrado por mujeres. Claro, habían compañerOs que de repente se nos unían o nos llevábamos muy bien con ellos, pero el núcleo eran mujeres. ¡Y yo fascinada! Continué esa práctica en la carrera y lo cierto es que:

¡Prefiero un grupo de amigAs que un grupo mixto! Nada contra los hombres (realmente mucho, sí) pero vivir en esta fantasía de tener a varias amigas me hace sentir en una sitcom: Sex & The City, Pose, Derry Girls...


19

El primer concierto que viví fue cuando tenía como ocho años. Hubo una gira nacional en el pique de las telenovelas infantiles, Codigo FAMA y todo ese desmadre. Una tía nos llevó a su hija, a mi hermana y a mí al concierto que darían en mi ciudad.

Francamente no soy fan de esos eventos, pero he escogido buenos recitales (como los de Matisse) que disfruto un montón 



18

La primera vez que vi "morir" a alguien fue a los dieciséis. Escribo morir entre comillas porque técnicamente no perdió la vida ahí sino en el hospital pero recuerdo el accidente que lo provocó.

Para variar, la camioneta de mi tío se había averiado así que mis primos y yo estábamos dentro, esperando a tránsito o quién sabe a quién llamaron, porque seguro yo sabía que no tenían. En la orilla de la calle no había nada por ver más que carros y motos pasar, entonces sucedió el accidente: Una motocileta tropezó, no recuerdo con qué, quizás fue el concreto o fue una piedra o algo, pero el motociclista salió disparado. Ni siquiera iba tan fuerte como salir rápido de su vehículo pero lo vi dar una vuelta de ciento ochenta grados. Y se quedó ahí tumbado. Otro de mis tíos llamó a emergencias y para cuando llegó la ambulancia y se lo llevaron, nosotrxs seguíamos ahí. Me enteré al día siguiente que se murió el motocilista. Era un muchacho de unos treinta y pocos.




17

El primer gran duelo que viví genuinamente creo que fue a los nueve años, cuando adoptamos a Frida.

Mi madrina tenía un perrito french puddle que engrendó otros perritos con otra french puddle y le dio una perrita bebecita. Mi hermana y yo estábamos encantadas: La amábamos. Hasta mi papá mandó a cortar la puerta de metal que da al patiecito trasero para que ella pudiera salir y entrar. Recuerdo cuando lloraba a eso de las seis de la mañana y mi mamá y yo nos levantábamos, sabiendo que nos había quitado una hora de sueño porque nuestros horarios no empezaban sino hasta después.

Entonces una tarde, el hijo de la trabajadora doméstica llegó y dejó la puerta abierta. Frida escapó. Por más que colocamos letreros buscándola jamás la encontramos. Eso nos rompió el corazón a mi hermana y a mí, y por eso mis xadres siempre se mostraron renuentes a adoptar nuevamente. Decían "¿Para qué, si de todas maneras van a sufrir?"

Con Manzano se reformularon ese pensamiento, me gusta creer.


16

Tenía veintiuno cuando mi mejor amigo me agredió sexualmente.

Lo conocí a los trece y desde entonces fuimos insperables. Él es homosexual. Él fue la primera persaona a la que le conté sobre mi pansexualidad. Él conocía a mi familia, hasta lo invité a la casa de mi abuela. Yo estaba enamorada de él, en un sentido romántico pero platónico también. Sabía que nunca me iba a corresponder y tampoco prentendía presionarlo a hacerlo. Con su amistad y cercanía me bastaban, yo era feliz.

Entonces, una noche de octubre, nos reunimos en la casa de una amiga para celebrar el cumpleaños de otra amiga en común. Él me atacó. Varias veces intentó levantarme el suéter, la falda. Mis amigas lo cuestionaban, una le gritó:

-¿Por qué le quieres arrancar la ropa?-

Mis (ahora ex) amigos no hicieron nada, sólo se reían. Bebimos, comimos. Él intentó meter su mano dentro de mi suéter, yo le pegué en la cara y él cayó.

Al día siguiente se disculpó, dijo que no recordaba nada, que estaba ebrio. Yo lo bloqueé. Eventualmente corté a la mayoría de mis amigos hombres, así que sí tú eres mi amigo hombre es porque confío en ti. No me hagas vivir por este calvario otra vez. No podría reponerme.


15

A los quince me vi acosada por el fantasma de un niñito, al que no me pude quitar hasta que una bruja (amiga de mi mamá) me ayudó. No, no era una psicosis, ni estrés adolescente. Existía un motivo sobrenatural, sí. La bruja me dijo que porque soy un ser de luz el niño me había confundido con su mamá y me dio una serie de instrucciones para guiarlo bien. Lo hice. Él se fue. 

Años después se me apareció un día de enero cuando yo tenía unos cuarenta grados de fiebre. No dijo ni hizo nada, sólo se quedó ahí viéndome. Yo me quedé dormida y al despertar él ya no estaba. Mi temperatura se regularizó.

Desde entonces procuro ser la peor persona en la fila del OXXO.





14

La relación con mi hermana siempre ha sido tensa, inexacta. La reconozco a ella como una extraña con la que apenas comparto apellido y sangre, pero su actuar me resulta muy errático, muy lejos de mi entendimiento. Durante la infancia estuvo bien, creo. Durante la adolescencia fue difícil. Durante la joven adultez se moderó un poco cuando me fui yo de la casa, pero después se acrecentó los pozos de prejuicio entre nosotras. La incompatibilidad era notoria, tampoco quise escondéserselo a mis xadres.

Tenía veintisiete cuando ella y yo nos creamos un conflicto innecesario, pero ambos bebimos lo necesario para encender nuestras emociones. Yo la abofeteé primero, ella me regresó el golpe. 

Estuvimos un par de semanas, meses en tenso y frío silencio pero eventualmente pudimos solucionarlo. ¿Nos guardamos rencor?

¿No es natural de los hijos ser humanos, falibles y jodidamente culeros?


13

Le mentí a mi amigo con que necesitaba un aborto y para eso necesitaba ir a la cdmx sólo porque cuando le conté mis planes de vacaciones a mi madre me advirtió que si me iba sola ya no podía volver a la casa.

¡Suena muy dramático! Y la historia es tan nadaqueverienta,

A los veintidos planeé un viajecito a la ce de eme equis. Visitaría a mis amixes, haría muchas cosas, me iba a dar unos besotes con (redacted) y todo eso. Ya era dueña de mi dinero, vivía lejos de casa y dije: PUES OBVIOOO, seguiré a mi clítoris, equis. Compré mi boleto, reservé en un hotel de mala muerte -    que yo no sabía era de mala muerte-. Pero apenas puse un pie en la casa de mis xadres y les conté mi plan de semana santa, mi madre fue la primera en espantarse. Contradije sus pensamientos, ella peleó más. Discutimos. Mi plan era total y concreto, nada que pudieran decirme me haría cambiar de opinión, porque obvio viajar a la ciudad de méxico, sin conocer nada, a mis veintidós era una EXCELENTE IDEA.

Mi madre en el calor de la pelea dijo: 

-Pues si te vas, ya no te molestes en volver a esta casa-

y yo: :O?

Intenté convencer a un amigo de que me acompañara, un amigo con mucho dinero, con la excusa de un aborto pero su respuesta me desanimó. No porque fuera provida sino porque estaba dando muchas preguntas, como no creyéndome.

Convencí a mi rumi entonces. Ella me acompañó y mis xadres, más de malos modos, aceptaron mi plan. Años después volvería a su casa y nadie se acuerda de eso.




12

Cuando tenía once años y estaba en esta escuela católica, manejada por monjas, viví algo que me marcó mucho (Una cosa de muchas, la verdad)

Para estar en quinto de primaria en un colegio católico, sería raro que hubiera maestros gays, ¿No? Pues mi maestro era uno y con una pluma muy marcada. Respetaba el código de vestimenta y todo eso, pero era obvio que era gay, hasta para una pansexuala adoctrinada como yo. El revuelo entre mis compañeros empezó cuando él movió el lugar de Juan (un niño pálido como la cocaína y con unos ojos verdes) cerca de su escritorio y entonces, durante la entrega de las boletas bimestrales, mis compañeros y yo nos reunimos cerca de un rincón del patio para platicar. Yo nomás estaba de oyente, no tenía nada por aportar, y entonces alguien dijo:

-Creo que Juanito es puñal-

-¿Por qué lo dices?-

-El profe se lo va a contagiar-

-Porque lo juntó en su escritorio, ¿Que no vieron?-

-Ay, no, no creo que Juan sea...-

-Pues, ¿No dicen que entre ellos se juntan?-

Juan no era gay, al menos nadie lo sabía en ese entonces. Pero me quedó el sabor amargo en la boca.

"Se lo va a contagiar"

¿Quién me lo había contiagado a mí?


11

A los diecinueve hice mi primer karaoke en público. Meses después de la boda de mi amiga, salí con esta chica de Guanajuato Capital. Me llevó por mezcal barato y luego fuimos a un bar con karaoke y cantamos Hit Me Baby One More Time de Britney Spears y FUE UNA EXPERIENCIA.

Mi relación con ella acabó mal pero ¡Eso lo guardo conmigo!


10 

La primera vez que vi porno fue en la computadora del hermano mayor de un morrito de la cuadra.

¡El morrito era "novio" de mi hermana! 

Teníamos más o menos: Yo, 9 años. Mi hermana: 8 años. Noviecito:8 años. Prima: 7 años.

Por alguna razón que sigo sin entender, los adultos nos dejaron en casa del novio de mi hermana. Eran vecinos, claro. La madre había muerto en un terrible accidente, sí. El hermano "mayor" más próximo de ese niño era Ezequiel, con discpacidad motriz e intelectual. Ante los ojos adultos se podría leer como que tres niñas fueron a la casa de dos niños abandonados.

En algún momento de esa tarde encontramos la computadora de escritorio del hermano mayor (unos 16-18) que estaba trabajando. La esculcamos. La encendimos, vimos los archivos y dimos con el porno:

Recueredo vívidamente dos mujeres lamiendo un pene, y en mi mente infantil me parecía la escena de dos mujeres lamiendo un elote.

¿¿¿¿????

La decepción cuando vi que eso no es asíDIGO NADA.


9

A los 26 años la mujer que consideré como segunda madre se murió gracias a la segunda oleada del covid.

Sin despedidas, sin funeral, sin entierro. Nos dijeron un día "X se enfermó de covid", menos de una semana después, en plena madrugada, "X se murió".

La mujer cuya cara aparece en mis más lejanos recuerdos se murió. La mujer que se ocupó de alimentarnos a todos en su casa. La mujer que me llevó a la papelería por la biografía de Benito Juarez. La mujer que nos invitaba a usar las biciletas a los sobrinos. La vecina que fue el pilar de mis xadres, que fue la segunda madre de mis primxs y yo. La mujer que no dejó que ninguno de sus hermanos se quedara sin techo y comida.

Nadie en mi casa pudo dormir después de esa noticia. Luego de estos años creo que mis xadres y mi hermana aprendieron a vivir sin ella, mis primos y tíxs también.

Yo no. Yo siento como una espina debajo de las costillas. Ni siquiera puedo decir su nombre sin llorar. No creo que eso se acabe.


8

Manzano y yo salimos a su paseo diurno de siempre. Tenía en mi mochila sus bolsas de plástico para las popós. En mis oídos estaban mis audifonos con mi plalylist para el paseo. Mis tenis bien amarrados. Caminamos dos cuadras, tres cuadras. En la cuarta veo unos ojos negros que enfocan a mi perro, de dos años. El dueño es un perro mestizo, más grande que manzano. Yo tenso la correa y nos vamos por otro lado. No busco problemas. El perro, claramente de la calle, nos sigue. Por una calle, dos calles, tres calles, un boulevard, una avenida, cuatro calles.

Estoy en la esquina de mi calle. Saco las llaves. Ese perro apresura el paso, nos sigue. ¿Me atacará? ¿Por qué me siguió? Manzano corre peligro, eso es lo que pienso. Abro la puerta con torpeza, pateo la puerta y aviento a mi perro. Detrás de mí viene este animal.

Manzano y yo estamos tan asustados que él no quiere salir.

7

Me sentí consciente de mi cuerpo cuando tenía diez años y me empezaron a crecer los pechos. Todavía no menstruaba, seguía en la primaria, pero yo sabía, al verme al espejo, que esos bultos no iban a pasar desapercibidos. Fue fácil esconderlos en la escuela, fue difícil hacerlo en las reuniones familiares.

No quería que al verme lo primero que fueran a notar fueran mis senos de adolescente. No quería que me consideraran como adolescente. Quería ser yo, niña, chica súper poderosa, quería ser Mariana.

Y mis pechos a los diez años no me dieron un nuevo nombre, pero a los once en la primaria me dieron el premio a "Las piernas más bonitas". Mis votantes de mi misma edad.





6

A los catorce años descubrí la saga de Crepúsculo porque una compañera nos la recomendó y prestó. Algo en esa historia me daba catártisis, romance, violencia, drama. 

La cosa es que, luego de varios años, descubrí que no era que me interesara la historia total sino que veía mi pansexualidad en la introversión de Edward y el modelo del coraje en Bella.

Creo que si Stephanie Meyer tuviera mejores editores y consejeras su saga sería mejor.


5

Nunca me han asaltado. Han asaltado a mi hermana en la prepa y a su entonces novio. Asaltaron a un amigo a punto de golpes, a una amiga la tiraron bajándose de un camión. Una vez le empuñaron una pistola automática en el estómago de mi madre dentro de un banco. 

Jamás.

No porque no me dé miedo, sí me da miedo y procuro ser muy cuidadosa, ¿Pero un altercado violento entre armas y rateros? ¡Nunca!

Incluso cuando he andado por ahí en la calle a media noche, o he andado por ahí ebria, exponiéndome a situaciones...

¿Será acaso que los asaltantes me ven como una persona peligrosa (UuUr lo soy)?


4

Una mañana de invierno cuando tenía veintiuno cuando estaba en mi servicio profesional (requisito para titularme) me encontré a mi mejor amiga, ella ya había firmado su hora de entrada y después de que hice lo mismo, la saludé desde los lejos. Desayunamos en diferente zonas de la escuela y a la hora de salida, después de firmar, me estuvo contando su día. Yo le dije:

   -Vi a Omar fuera del salón un rato-

Karli se río entre dientes.

-Le dije que si no entraba le diría a su maestra guapa-

 -¿Quién es su maestra guapa?-

Mi pregunta era genuina porque la mayoría cruzaban los cuarentas y dudaba que ese niño, al que yo tuve dos años atrás en prácticas, pensara en maestras de una edad real.

 -Tú-

-Ahh, ¿Crees que soy guapa?- le dije, riéndome.

Ella se sonrojó, se río y cambió de tema.

Karli, yo sí me acuerdo.




3

Durante el primer semestre de la carrera tuvimos a una maestra llamada Karla. Ella nos daba la materia de contexo y educación, algo así. Como parte de su clase nos exigía llevar un diario de campo que ella revisaría y en la cuarta clase, dijo que todos deberían irse a extraordinario. Hizo una excepción:

-Menos Mariana, porque ella no tuvo ni una falta de ortografía-

Y escuché a una compañera decir entre dientes:

-¿Pues cómo? Si es escritora-


Creo que es la primera vez que alguien se refirió a mí como escritora de forma degradante.

¡Fernanda, estoy consolidando una carrera de escritora!

2

Nunca me he sentido la adulta de nada. Ni entre mi familia ni entre mi gremio. Pero a los 18 me subí en el auto de un morro de 17. El copiloto tenía 17. Los pasajeros teníamos (17)- mi hermana (17) y yo (18). ¡Y que un tránsito nos detiene!

Veníamos de un bar. ¿Habían tomado ellos? Quién sabe, yo creía que no. ¿Pero olían a drogas? Yo jamás había probado las drogas.

En algún momento del interrogatorio mi hermana dijo:

"Pero ella tiene 18"

Logramos salir de ese retén pero yo jamás olvidé a mi hermana diciendo que yo era la única con INE.



1

Mi amiga me llama. Yo respondo. Ella me dije: ¿Qué pensarías si tengo un aborto?

Yo respondo de inmediato: Nada. ¿Quieres ayuda?

Mi rumi tuvo un susto de embarazo no deseado. Me buscó esperando la confirmación de su decisión. Lo sé porque ella me dijo después, "[fulanita amiga de su infancia] me dijo que era pecado"

-No es pecado. Es más pecado hacer cosas que los otros quieren contra nuestra voluntad-




Crisis de fe

Tengo este hábito de mantener mis relaciones en el área más gris posible porque así me resulta más sencillo romperlas. Sin promesas, sin sue...