jueves, 26 de febrero de 2026

Se fue

 Se fue de todos lados menos de mí.

¿De mi inconsciente, de mi consciente, de mis entrañas, de mis impulsos, de mis deseos, de mis pensamientos, de mi voluntad, de mi estrés post-traumático?

No sé cómo lidiar con esto. Supongo que debería hablarlo, debería ir a terapia para desenredar todo esto, pero no sé qué más podría decir que no haya dicho o escrito antes. No sé qué más hacer: Es evidente que tomo mis precauciones para no detonarme, y aunque a veces digo su nombre en chistes, no significa gran cosa para mí. Por el contrario, es una manera de demostrar que todavía tengo el control.

¿Pero lo tengo?

Activamente diario decido dejarla ir. Decido no llamarla, no ir a su casa a llorarle. Decido no mandar a alguna de mis amigas para que investigue por mí. Decido no contactar a su hermana, a sus xadres. Decido enfocar mis energías en lo mío: En mi escritura, mis espacios, mis amigxs, mis pasatiempos, en mi perro, en mi familia, mi trabajo. Eso es una elección, ¿No? Diario tomo el mismo camino: Dejarla ir.


Es evidente que el peso de mi soledad de ratos se puede volver asfixiante y sí, la extraño. La extraño mucho; pese a eso no la busco, ni intento invocarla. No me gusta sentir que la extraño porque es como vivir la montaña rusa del duelo y es cansado: Me enoja que todo esto se haya terminado así, pero me concilio con la idea de que las relaciones no son para siempre. Me deprime que vaya a estar tan sola y triste el resto de mi vida pero después alguien me hace reír y pienso en lo contenta que estoy con mis amixes y estoy convencida de que es una eventualidad, que todo va a pasar y yo haré más y mejores amigxs.

Durante todo estos altibajos, el vacío de su ausencia es palpable, es innegable pero soy excelente teorizando sobre mis sentimientos y cuestionando lo que pienso:

La extraño porque me siento muy mal con todo: Con mi vida, con el mundo. Con ella nunca me sentí mal.

¿Pero es así, o sólo es el espejismo idealizado de una persona que no siempre fue tan buena onda conmigo? Que me hirió, que me escondió, que dudó de mí, que renunció a mí como si fuera yo un vicio.

Pienso en aquel movimiento suyo, perfectamente calculado, un engaño que me hirió en lo más profundo de mis sentimientos, algo que ni sabía que podía sentir.

Pienso en nuestras discusiones, en aquellas pequeñas trampas suyas en las que nunca podíamos tener un acuerdo porque ella en vez de ofrecer soluciones sólo enredaba más la conversación haciendo preguntas.

Pienso en su abandono, su indiferencia. 

Pienso en el brillo en sus ojos cuando me hacía un halago. Pienso en la tensión que sentía cuando nos tocábamos de forma casual, pienso en cuando me tomaba de la mano para ayudarme a cruzar la calle porque sabe que no sé hacerlo de forma prudente. Pienso en su acento chiapaneco, pienso en su risa y su compañía.

Pienso en su silencio, pienso en sus "te amo", pienso en su irritación, y su abandono, quizás uno de los peores que he experimentado, quizás el más devastador.




Era mi mejor amiga.

¿Cuántas oportunidades tenemos, a lo largo de nuestra vida, de darle ese titulo a alguien que realmente lo merezca?

Recuerdo sus comentarios hirientes, sus desplantes y el frío de la inseguridad en la que envolvió nuestra dinámica cuando los rumores comenzaron a volar.

Recuerdo las canciones que me dedicó, recuerdo las madrugadas que pasamos hablando. 

Recuerdo sus acciones ofensivas, recuerdo sus regalos.

Recuerdo cuando dijo que le gustaba que fuera "diferente" al resto de las personas. Ahí donde todo el mundo gusta de señalarme, o burlarse de mí, ella encontraba diversión y belleza.

Recuerdo nuestras peleas, y su silencioso adiós.

Y eso es todo: Recuerdos, algunas fotos y la música que sobrevivió. Ahora ella ya no está, y yo estoy experimentado una soledad muy particular que me atormenta, desde hace tres, casi cuatro años.





Cuando algún novix rompía conmigo, era cuestión de meses para encontrarme a alguien más. Aunque fuera una aventurilla, nunca falta quién se acerque y se preste a vivir lo que se tenga que vivir.

Cuando una amistad se rompía, el malestar me duraba un mes y eventualmente me consolaba saber que tengo más amigxs, y que incluso podría hacerme de más si me esforzara un poco.

Pero desde que ella se fue, no sé cómo reponer esta relación, no sé cómo reemplazarla y miren que he intentado de todo: Me abrí tinder, bumble. Me uní a grupos de facebook. Acepté salidas con lxs amigxs de mis besties. Hice un maldito club de lectura. Contesto las cartas de amor que me envía gente sin cara.

Vago por los rincones del mundo, rasco en la tierra y corro bajo la lluvia. Voy a parques, a tiendas, a cafeterías y bares.

Le sonrío a todo el mundo, respondo con aire amigable. Dejo entrar a la gente y nada me llena, nada es igual, nadie se acerca ni tantito.

Y YA SÉ QUE ES UNA MAMADA ESTAR BUSCANDO SATISFACER ESTE ABANDONO CON GENTE INOCENTE QUE POSIBLEMENTE TIENEN BUENA FE CUANDO ME HABLAN.

¿Pero no es así como funciona esto? Rompes, vives tu duelo y luego lo intentas otra vez.





Hacía mucho que no tenía un sueño tan vívido físicamente. Al despertar seguía sintiendo la humedad en mi boca, un palpitar muy ligero en mis labios y el corazón latiéndome tan fuerte que, no miento, sigo sintiendo dolor en mi pecho (ojalámemuera)

Un escalofrío, sudor frío en mi nuca y un aturdimiento que ha persistido durante mi día. Tengo ganas de gritar, tengo ganas de contarle a alguien pero no me siento cómoda ni escribiéndolo en mi diario. ¿Será acaso que porque deseo que se vuelva realidad?

Mis deseos rara vez empatan con la realidad.


Ella se fue, tiene años que así es, ¿Por qué yo no puedo irme también?


miércoles, 18 de febrero de 2026

Perdóname padre, porque he pecado mucho de pensamiento...

 Las iglesias me dan miedo. No importa cuál sea su estilo arquitectónico ni a qué santo o a qué divinidad esté dedicada, todas me producen la misma sensación inquietante de angustia y paranoia. Quizás una parte de mí cree que esos lugares se llenan muy rápido de gente desesperada y ésta me resulta perceptible a mis sentidos, igual que entrar a un hospital o un recinto fúnebre. Quizás hay algo más.

Es innegable que esta adversión tan instintiva viene desde mis tiernos años de infancia, exactamente por el contexto familiar tan marcadamente católico en el que crecí. Luego las escuelas en las que estudié, desde las primarias y hasta la prepa en colegios religiosos (Lo menciono en plural porque saben que estuve en muchas escuelas)

La religión para mí, desde mi nacimiento, y exactamente como a millones de otras personas, fue una imposición. Nadie nunca me preguntó si era algo que me interesara, sólo dieron por hecho que así como mi género y mi orientación, mi catolicismo era por default, casi que por naturaleza.

Así que me vi obligada a crecer entre misas, sermones, historias terroríficas totalmente NO APTAS PARA NIÑXS, entre privaciones y prejuicios.

Por eso cuando cumplo algunos años y mi desbordante curiosidad infantil se hace presente, las respuestas que recibo son represoras:

A Dios no le gustan las niñas preguntonas.

Así me responden en el catecismo cuando pregunto que por qué juzgan tan mal a Judas Iscariote si su destino era traicionar a Jesús y según lo que dicen las catequistas, Dios tiene un plan para todos.

A Dios no le gustan las dudas.

Así me dicen cuando pregunto la intersección de los dinosaurios y la historia de la creación.

A Dios no le gustan las desobedientes.

Así me dicen cuando no quiero ponerme de rodillas para "hablar con Dios".

A Dios no le gustan las desviadas.

Así me dicen cuando quiero hacer el bailable por el día de las madres con mi amiga, no con un niño al que no le hablo.

A Dios no le gustan las herejes.

Así me dicen cuando pregunto que si Dios es todo poderoso y omnipotente, por qué no hace nada para detener el mal en el mundo que ÉL creó.


A Dios no le gusto yo. 





Pero si a Dios no le gusto cómo soy, ¿Por qué me hizo así?

¿Por qué me hizo contestona, curiosa, desobediente, rebelde, impaciente?  ¿Por qué me hizo pansexual, genderqueer? ¿Por qué me hizo vegetariana? ¿Por qué me hizo sensible, autista, adicta, hocicona, incapaz de la mesura, con el fuego en mi cuerpo que me niega la indiferencia?

¿Por qué me dio todos los rasgos que odia?

¿Por qué me quiere entre su prole?



Cuando me descubrí pansexual, lo primero que hice fue obviarlo, ignorarlo. Me obligué a creer que era sólo apreciación artística por las mujeres. Que su belleza me obsesionaba porque quería verme igual. 

Pero cuando la atracción romántica y sexual se volvió incapaz de manejar, me dije a mí misma que era natural. Que todo el mundo siente <<curiosidad>>. Que es parte de crecer. Que eventualmente encontraría a un buen hombre que despierte en mí todo lo que debe ser despertado.

¿Pasó?

Pasó, a costa mía.

Por cada enamoramiento que vivía de una mujer o de una persona nb, la culpa, el autodesprecio, el terror eran parte de. Saberme indigna del amor de Dios me volvió indigna de la compasión más fundamental, la propia.

Saberme sola en mis experiencias (porque las comuniqué entre mis pares y aparentemente era la única gei) lo empeoró todo. Lo lógico era hacerme bolita y esconderme del mundo. Crearme una máscara, una Mariana aceptable. Una Mariana alista, cishetero. Una Mariana creyente, una Mariana obediente.

¿Por qué Dios me haría como soy si pretende echarme a las fauses de sus seguidores?





Mi trauma religioso es tan profundo que recurro a la auto-lesión para expiar mis pecados. Es tan profundo que encuentro consuelo en la vergüenza, en el dolor. La humillación por mis errores se sienten como jabón sobre herida abierta.

Reprimirme, darle todas las vueltas necesarias a mis sentimientos y pensamientos es un ritual que debe ser frecuentado con cierta temporalidad.

Me obligo a arrastrarme a la iglesia cada vez que dejo de creer en la humanidad. Me arrodillo y le pido a Dios, a Satanás, a quién sea que me escuche, así sea una persona a mi lado o un maldito alien, que me ayude.

Blasfemo mucho. Ésa es mi manera de repeler mi adoctrinamiento, de demostrarle a alguien (¿A mí, a los demás?) que estoy curada, que estoy lejos de eso, que he evolucionado intelectualmente, pero después de cada chiste no puedo evitar escuchar la voz de Gerardo diciendo "Maldecir el nombre de Dios es tu pasaje directo al infierno".


¿Por qué Dios me odia? 






Fluctúo mucho dentro de mis circunstancias. Cuando la estoy pasando mal, cuando nada me ayuda ni parece haber salida más recta que la muerte, regreso a la iglesia. Cuando me siento mejor, vuelvo al mundo real.

Cuando me preguntan mis creencias, mi respuesta es sencilla: No sé.

No sé si Dios existe, porque si sí existe y ve lo que su creación se ha hecho entre ella y no lo detiene, entonces es un mezquino.

Y si no existe, es casi un alivio, porque entonces no tengo que entregarle cuentas a nadie por mis errores, mis maldades, mis pasadas de lanza y mis pendejadas.

Si Dios existe y no puede hacer nada, entonces le tengo lástima. La impotencia debe ser brutal.

Soy muy crítica de la religión, de todas. Cuando a los diesiséis descubrí con profundo entendimiento lo que la iglesia cristiana hizo en el nombre de jesucristo, decidí renunciar a mi fe. Me pareció (Y todavía) humillante y terrible que yo perteneciera a un grupo que usaran el nombre de mi religión para crear genocidios. Imperalismo. Colonialismo.

Entonces me puse a investigar sobre a qué otra religión podría unirme, porque una vida sin una me resultaba risible, tonta, infantil.

Leí sobre todo: Sobre budismo, sobre judaísmo, el islam, hinduismo. Incluso sobre la wicca y la Santa Muerte. Conocí a gente de todos esos credos. Conocí gente atea. Debatí con todos, hice mis preguntas porque necesito saciar mi curiosidad, esa curiosidad que me condenó al desprecio de dios desde mis 8 años.

Nada me satisfajo. Nada me convenció. Nada me conmovió. 




Mi relación con Karli, mi ex mejor amiga y la única mejor amiga que he tenido, se tiñó de tensión por lo mismo. Ella cristiana devota desde su nacimiento, yo agnóstica-casi atea. Discutíamos mucho sobre el asunto. No porque ella creyera en dios, sino porque creía demasiado en su religión. La influencia que ese grupo de persignados moralistas hipócritas tenía sobre ella me horrorizaba. Karli tenía tantas razones para despreciarlos a todos, de renunciar incluso a su familia pero no lo hizo, al menos no mientras yo fui su amiga.

Pienso en cómo mis allegados sufrieron esos estragos: Mis parientes geis incapaces de aceptarse porque según un señor con vestido y con tendencias pedofílicas les dijo que eso no estaba bien. Mis amigas aguantando matrimonios violentos porque dios los unió. Mis alumnos sintiendo la duda de que sus hermanxs se fueran al cielo porque como su muerte fue suicidio, sus católicos padres decían que eso es pecado.

Pienso en mi familia: En mi hermana tan atea que se volvió anticiencia. En mis padres temerosos de dios. En mi tía, a punto de fallecer, tan asustada por la muerte que lo último que dijo fue viva cristo rey.

Pienso en el miedo, en la manipulación y la culpa con la que nos manejan. En el orgullo de pertenecer a cierto sector. En el dinero, en la pederastía y la hipocrecía. 

Pienso en sus crímenes, que son pecados, pero son absueltos porque otro hombre les dice que así son.


Pienso en el perdón, en la misericordia. 

La razón por la que tantos CRIMINALES e hijos de la verga se vuelcan al cristianismo-catolicismo es porque esas iglesias les ofrecen la absolución completa: No necesitan reparar su daño, con su "arrepentimiento" basta.

¿Por qué Dios odia a lxs que son como yo y abraza a sus atacantes?







¿Dios castiga?

Esa pregunta me la hice temprano en mi formación como católica, camino a mi primera comunión.

-Dios no castiga, Dios es amor y te perdona- me contestó la señora del catecismo.

Pero Dios castigó a la humanidad, desde el inicio de los tiempos. Literalmente el primer libro de la Biblia es el Génesis, que habla sobre cómo castiga a Eva y Adán. Sobre cómo a Adán le impone el capitalismo y a Eva el dolor del embarazo.

Dios castiga a la humanidad cuando manda a los ríos y mares invadir la tierra y Noé tiene que crear la arca.

Dios los castiga a todos: A Moisés, a Rebecca, a Sansón, a Martha, carajo, castiga a su PROPIO HIJO a morir en una de las peores muertes pensadas por las personas. Castiga a Judas Iscariote. Castiga a todos los discípulos de Jesucristo. 

Castiga a los judíos, castiga a los romanos, castiga a los cristianos, castiga a los herejes, castiga a las trabajadoras sexuales, a los pobres, a los discapacitados.

Carajo, ¿No mató a literal niños, en la plaga contra Egipto?

Dios te castiga si crees en ESO, te castiga si no es así.

Pero aún así me metieron hasta por la nariz que Dios es amor y Dios todo lo perdona.





Perdóname, Padre, porque he pecado mucho de pensamiento, palabra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa...


viernes, 13 de febrero de 2026

Para toda la gente que he amado.

 Qué lindo es mirar hacia atrás y ver cuán amada he sido, de tantas maneras y por tantas personas diversas y más lindo es darme cuenta de lo incompetente que soy para esto del romance.

Lo cierto es que, incluso cuando me he instruido lo más posible con libros, película, canciones, teatro, etcétera etcétera, mi conocimiento sobre el romance es a nivel téorico es bueno, pero a nivel práctico es casi nulo.

Porque incluso cuando he estado más de una ocasión en medio de situaciones románticas, noviazgos, aventuras, etc., sigo sintiendome profundamente primeriza. Cada vez que me enamoro es como la primera vez. Como si lo que antes viví dejara de tener peso, ¡No aprendo! Y quizás no cometo los mismos errores pero tampoco tomo las precauciones que alguien que ha vivido lo que yo he vivido tomaría en pleno uso de sus facultades mentales.


Qué bonito es recordar a través de fotos, de la piel, a través de la memoria, de las cartas. Qué bonito volver a esos lugares que construimos, ellxs y yo, qué bonito sentir que mi vida vale la pena gracias a eso.

Pero qué desalentador saber que pese a todo, sigo ignorante a cómo funciona mi corazón.


El sábado pasado fui a comer con mis amigas. En algún momento de la conversación, una de ellas empezó a hablar sobre las cosas que estaba aprendiendo en sus clases y tocó el tema de las filias. Mientras ella se explayaba yo intenté enlazar aquello que explicaba y mis experiencias.

Mi pansexualidad no sólo se define por mi nula preferencia de sexo-género, sino que también soy incapaz de encontrar un patrón en mis atracciones.

Me gusta quién me gusta. Oscilo entre todes me gustan y nadie me gusta. Siento atracción por todos los tamaños, por los colores, por todas las expresiones, por todos los modismos, por todas las personalidades.

¿Pero enamorarme?

Antes me bastaba con encontrar belleza en quién me escribía cartas de amor y me regalaba dulces los catorce de febrero. Incluso aprendí a condicionarme a <<querer>> a las personas que me querían. Adoctrinada por una ley patriarcal sobre mis relaciones con hombres, fui instruida para entender la atención de ellos como un regalo, un premio. Algo que debía corresponder con entusiasmo, pero cada vez que me obligaba a aceptarlos me sentía muy mal conmigo misma. Me sentía culpable, por saber que les estaba "dando alas". Me sentía sucia, por traicionar mis sentimientos. Me sentía malvada.

Cualquier privilegio social que adquiría cuando dejaba de ser Mariana y me convertía en La Novia de [inserte nombre de un muchacho] no valía la pena.

Me tomó AÑOS de mi adolescencia y joven adultez quitarme esos aprendizajes heteronormados. Incluso cuando desde muy temprano en mi vida sabía que no era hetero, incluso cuando la pansexualidad está abierta a amar a hombres, yo sabía que muy pocos de ellos realmente despertaban algo en mí, más allá de lo sexual. 

Ahora a mis treinta puedo decir que pese a todos mis noviazgos y romances con ellos, quizás a lo mucho me he enamorado de 2 o 3 de ellos. Romances juveniles que no moldearon mucho mi manera de ser o mi vida pero que me ayudaron a descubrir mi anhelo por el romance.


Porque sí, es cierto que el género no me resulta un factor ni nada así, y por lo mismo los hombres que se me acercan tienen que ofrecer algo más allá de una masculinidad performativa o una erección.



 

Una vez que intenté razonar mi respuesta con respecto a lo que mi amiga nos expuso durante la comida, no pude evitar responder: "Me gusta la gente hermosa y violenta".

Y mis amigas de:


XD

En general, ésa es mi respuesta cuando alguien me pregunta si tengo algún tipo de prefencia o patrón. Pienso mucho en eso: Pienso en cómo ningunx de mis ex se parece entre sí, quizás salvo la afirmación de mi ex-roomie de decir que el mimors le recordaba a karli pero creo que eso es un tema muy particular.

La cosa es que, a la hora de abrir apps de citas o de responder qué es lo que busco, mis pensamientos son tan vagos que no ayudan en nada.

Las características personales suelo atribuirlas al carácter y, bueno, a la persona en sí. No es lo mismo decir "Me gusta una mujer hermosa y malvada"  que decirlo de un hombre. Uno supone una fuerza de carácter y hasta una personalidad hostil, lo segundo supondría un feminicia en potencia.

Con las mujeres me pasa algo curioso, contrario a los hombres: Primeramente me siento atraída hacia ellas, así, de la nada, sin conocerlas, pero una vez que abren la boca puedo sentir cómo esa calidez en mi piel y mi corazón se desvanecen de chingadazo.

También el hecho de que aparentemente a todas les jode ser directas, entonces a mí me toma semanas, meses, AÑOS en darme cuenta de que me están queriendo ligar y eso me estresa, más que halagarme.

Mis muchas o pocas experiencias con mujeres se resumen en aquellas que tuvieron los ovarios de decirme en mi cara que les gusto o aquellas que casualmente coincidimos en un momento de extrema vulnerabilidad y con el alcohol dimos el paso.

No es que yo no tenga ninguna intención de un romance con una mujer, nuevamente insisto, es que siento que ellas perciben mi atracción o curiosidad como interés romántico cuando eso es lo tercero que siento al conocer a alguien.



Lo cierto es que, incluso contando las situaciones en que estoy segura que no estaba enamorada, mis relaciones con mujeres y hombres han sido satisfactorias.

Las disfruté. He disfrutado cada aspecto de ellas: Las muestras de amor, los regalos, las caricias. Incluso las peleas. Incluso la ruptura.

Pienso que es maravilloso que para mi edad (30) haya vivido tantas vidas. Quisiera decir que aprendí algo pero siento que más bien he aprendido a guardar esas historias como quién lee cuentos de fantasmas.

Evidentemente no todas han sido así. Obvio me he enamorado: No bajo las reglas que me dijeron en el catecismo, ni lo que me acostumbraron a ver en casa. Tampoco con las presiones de mis amigxs cisheteros, ni las clases de ética y biología de la preparatoria.

Me he enamorado. Mucho. Pero ha pasado tanto tiempo entre una y otra, que ahora que quiero descifrar ese proceso sólo acabo con dolor de cabeza y una sensación de desolación, porque me parece que hay muy poca gente que ha vivido lo mismo que yo.

Grisromántica le dicen.




¿Qué me gusta? Pues todo me gusta, esa es la respuesta más concreta y honesta que tengo.

¿Qué te enamora?

Quién sabe we.

Viví un par de romances con gente nb y lo cierto es que no fue tan diferente (MIS SENTIMIENTOS, QUIERO DECIR) con respecto a las mujeres y los hombres.

Sí me enamoré de dos personas nb. Quiero pensar que su manera de proyectar el género me encantó, al ser genderqueer me identifico mucho, ¡Pero igual todo acabó!

De mala mandera, además XD



Entonces: ¿Qué aprendido de esto? Desde los 6 años vengo viviendo situaciones románticas que han moldeado mi manera de amar pero que siguen sin definir mis preferencias.

De repente tengo epifanías que creo son certeras (¡Me gustan lxs escritorxs me dije a los 20 y NEL) y llega algo o alguien que las refuta.

Me gusta la gente "inteligente" hasta que el maestro de la carrera  me escribe un whats a las 11 de la noche con faltas de ortografía básicas.

Me gusta la gente "malvada" hasta aquella chica malencarada que era grosera hasta con los meseros.

Me gusta la gente "directa" hasta que mi amigo intenta besarme afuera del baro, en mi cumpleaños.

Me gusta la gente "paciente" hasta que el muchacho con el que me besé en un cine está dispuesto a tolerarme mis ranteos malintencionados y no me corrige.

Me gusta la gente...


Pues, me gusta la gente. ¿Pero me enamoro de la gente?

Sí.

A veces. Casi nunca.



lunes, 2 de febrero de 2026

De romance y adicciones

Estoy consciente que mi consumo de alcohol no es el ideal, también sé que no es un hobbie sano. Mi carrera en esta droga legal es un poco extraña, porque contrario al habitante mexicano promedio, yo empecé a tomar hasta pasados los 20 años y en eventos importantes, como la boda de una amiga, sin embargo, una vez que inicié nunca lo solté. 

Quizás a lo largo del tiempo mi consumo ha ido variando con respecto a mis actividades: Bebía considerablemente menos cuando estudiaba, reservaba mis ganas para las reuniones de fin de mes con mis amigas o cuando viajaba a Guanajuato capital para ver a la chica que me gustaba. Cuando me gradué y me hice de un trabajo serio y formal, bebía casi diario. Un fourloko, con uno me bastaba. Claro que solía comprar otro para mi roomie, quién rara vez lo aceptaba. 

Luego renuncié y volví a casa de mis xadres, donde mi consumo volvió a disminuir, más que nada porque debía cuidar el poco dinero que me quedaba en lo que buscaba otra cosa y porque mis xadres, personas que abandonaron el alcohol y el tabaco, nunca les gustó vernos (o saber) a mi hermana y a mí beber.

Pese a eso nunca dejé de beber: Bebía sola, en mi casa. Bebía cuando iba a ver a mis amigxs, bebía con ellxs, en fiestas o cuando nomás lxs iba a ver a sus trabajos. Bebía con el muchacho que conocí en tinder, nuestra relación se basaba en tres cosas: "Hacernos compañía", beber y ver películas en el cine.

Bebía soltera, bebía triste, bebía feliz, bebía en las fiestas familiares, bebía en las fiestas de mis amistades. 
¿Pero beber enamorada?
Beber enamorada me alteró para siempre.
















Nunca consideré mi consumo como problemático. Claro, era quizás ligeramente un poco más frecuente pero nunca entorpeció mis responsabilidades ni mi vida en general. Tampoco era de que terminara vomitando en el baño ni que la cruda me resultara debilitante.

Entonces conocí a esta persona. Y esto, por supuesto, no es CULPARLE DE NADA. Ellx no tiene responsabilidad alguna sobre mis decisiones, sólo para aclararlo, sólo estoy escribiendo sobre lo que viví.

Esta persona tenía (¿O sigue teniendo? probablemente sí) un problema con el abuso de sustancias. Casi que se presentó con eso, como si fuera una característica que compartiéramos. Yo no juzgué su actitud ni nada pensando en eso, de hecho para mí parecía bastante funcional y normal, contrario a mí, cuyo estado etílico remarca o disminye mis rasgos: Ebria soy más eufórica, social, más alegre, más soportable quizás. Más desinhibida, menos ansiosa y por lo tanto, una versión más digerible.

¿Pero ellx? Ellx me parecía totalmente sobrix. Sensatx, sensible, alerta.

Me gustaba mucho, me enamoré como no me pasaba en un tiempo considerable y por más que lo intentara. Ellx llegó como un regalo, literal, un día después de mi cumpleaños. Estaba muy contenta de saberme acompañada y amada. Fue surreal amar cuando pensé que ya nunca podría hacerlo, no a la persona que amé antes. Y creo que en esa bruma de enamoramiento, la famosa llamada "luna de miel", mi cuerpo pidió más. Y se lo di, porque el alcohol amplifica todo y es emocionante.

Si el amor que ya estaba viviendo me hacía sentir, ¿Se imaginan ebria? Y bebí en días en que no bebía.
Luego hicimos que la noche del sábado fuera nuestra y ellx se tomaba algo o fumaba algo y yo bebía.

No era un tema tabú entre nosotrxs. Hablábamos de lo que habíamos ingerido el martes al medio día o el sábado a las cinco de la tarde. Nos compartimos nuestras experiencias, hablamos de nuestras preferencias, y nunca nos juzgamos de adictxs a pesar de saber que técnicamente lo éramos.






Todo iba bastante bien. Ellx me amaba y yo a ellx también. Nos juntábamos los sábados para ver pelis de terror (porque ambxs amamos el cine de horror), nos intoxicábamos, nos desvelábamos, compartíamos nuestros cuerpos, nos escribíamos cartas de no-amor, nos hicimos una playlist para documentar todo. Hablábamos mañana, tarde y noche. Compartíamos nuestras inquietudes creativas (porque ellx también escribe ficción) y yo sentí que realmente existía una vida después del amor, una vida que era más amor.

Y entonces las drogas se interpusieron. Ellx cruzó una línea que le marqué con énfasis. La cruzó por las drogas. Dijo que "tuvo una mala reacción", que pudo morir. 

Eso fue la primera alarma que sonó en mi cara, con grandes luces rojas.

"Esto se va a EMPEORAR"









¿Pero hice caso? Apenas atendí a mis instintos. Me sentí tan herida que le pedí algunas cosas pero recordándole que le seguía amando como antes de ese incidente.
Ellx no tomó muy bien eso, porque aunque dijo que lo entendía y lo respetó (quiero pensar), de todas maneras su manera de ser cambió.

Dejé de beber por la euforia de este amor y empecé a beber por ansiedad. Parecía que sus desplantes eran un castigo: Dejó de tener sábados conmigo, dejó de desearme los buenos días, dejó de poner música a nuestra playlist. Dejó de hablar conmigo. 

Y yo me morí. Me morí entre la angustia, el desamor y el alcohol.

Y confieso que, pese a que han pasado dos años, no he podido regular del todo mi consumo. A veces creo genuinamente que se me ha ido de las manos.






Terminamos eventualmente, yo inicié la ruptura y ellx lo aceptó. Quisimos mantener una amistad porque según yo, ambxs nos apreciábamos aunque fuera como amigxs pero ellx me ghosteó meses después, exactamente en un día de febrero del 2025.
Simplemente dejó de responder a mis mensajes, mis llamadas, mi todo.

Es cierto que la última conversación que tuvimos "como amigxs" se tornó en discusión pero no fue ofensiva ni hiriente. Fue una plática tensa, incómoda quizás, pero pensé que el sentimiento de apreciación y cariño estaba ahí. ¿Cuántas veces no me dijo que me quería, que me amaba?
Nada de eso importa, porque al final creo que sólo quería aspectos de mi persona: Quería mi corazón, mi cuerpo, mis ideas. Ellx no quería mi amistad, no quería mi compañía. 

Quería mi presencia, sobre todo cuando estaba ebria, en mi mejor versión.

Después de ese bombardeo, intenté retomar mi vida. Intenté olvidar sus reclamos porque le dije que era amiga de mis ex, intenté olvidar sus groserías, sus rechazos, todo lo malo. Intenté olvidar todo lo bonito que vivimos, el amor que sentía por ellx, el amor que ellx dijo sentir por mí. Le borré de mi vida y me concentré en pasar un día a la vez.

Pero ese día se convirtió en un día bueno, y un día malo, y en los días malos la sed me ardía en la boca. En los días malos mis piernas se movían a la vinícola, y mi desesperación me llevó a probar nuevas cosas que antes no consideraba viables "por dignidad".
Mi cartera se hizo anoréxica, me hicieron miembro de la tienda y llegué al punto de que ni necesitaba pedir porque los empleados rápidamente me servían, como si leyeran mi mente.
Llegué al punto de que aprendí a vomitar en silencio, porque que mis xadres se dieran cuenta de que estaba vomitando a las cuatro de la madrugada significaba un regaño.
Me vi obligada a mentir por mi cara ante mis amistades: Las ojeras son porque no he dormido bien. La inflamación es porque estoy en mis días. La resequedad es por el frío. 

Mi cuerpo se debilitó, mi voluntad también.
Si bebía, no lo suficiente como para terminar arrastrando las palabras, era un buen día. 

¿Cuántas cosas no puse en mis redes sociales que tuve que borrar porque al día siguiente me daban vergüenza? ¿Cuántas conversaciones sostuve con mis amistades que me detectaron desde el primer momento?

Una vez di una sesión de mi club de lectura completamente borracha. Al día siguiente no me acordaba de lo que dije, es más, creo que ni terminé de leer el libro pero la di, firme, puntual. ¿Alguien me dijo algo después? No.






Quisiera terminar este post diciendo que estoy mejor ahora. Que aprendí a manejarme más. Que soy más juiciosa.
No es así.

Pero lo estaré, porque a mí lo que no me mata me hace más artística y chistosa.








p#t@s relaciones

Cuando tenía catorce años recibí un mensaje a mi teléfono que decía quieres ser mi novia . Era el verano del 2009, apenas habían pasado un p...