Se fue de todos lados menos de mí.
¿De mi inconsciente, de mi consciente, de mis entrañas, de mis impulsos, de mis deseos, de mis pensamientos, de mi voluntad, de mi estrés post-traumático?
No sé cómo lidiar con esto. Supongo que debería hablarlo, debería ir a terapia para desenredar todo esto, pero no sé qué más podría decir que no haya dicho o escrito antes. No sé qué más hacer: Es evidente que tomo mis precauciones para no detonarme, y aunque a veces digo su nombre en chistes, no significa gran cosa para mí. Por el contrario, es una manera de demostrar que todavía tengo el control.
¿Pero lo tengo?
Activamente diario decido dejarla ir. Decido no llamarla, no ir a su casa a llorarle. Decido no mandar a alguna de mis amigas para que investigue por mí. Decido no contactar a su hermana, a sus xadres. Decido enfocar mis energías en lo mío: En mi escritura, mis espacios, mis amigxs, mis pasatiempos, en mi perro, en mi familia, mi trabajo. Eso es una elección, ¿No? Diario tomo el mismo camino: Dejarla ir.
Es evidente que el peso de mi soledad de ratos se puede volver asfixiante y sí, la extraño. La extraño mucho; pese a eso no la busco, ni intento invocarla. No me gusta sentir que la extraño porque es como vivir la montaña rusa del duelo y es cansado: Me enoja que todo esto se haya terminado así, pero me concilio con la idea de que las relaciones no son para siempre. Me deprime que vaya a estar tan sola y triste el resto de mi vida pero después alguien me hace reír y pienso en lo contenta que estoy con mis amixes y estoy convencida de que es una eventualidad, que todo va a pasar y yo haré más y mejores amigxs.
Durante todo estos altibajos, el vacío de su ausencia es palpable, es innegable pero soy excelente teorizando sobre mis sentimientos y cuestionando lo que pienso:
La extraño porque me siento muy mal con todo: Con mi vida, con el mundo. Con ella nunca me sentí mal.
¿Pero es así, o sólo es el espejismo idealizado de una persona que no siempre fue tan buena onda conmigo? Que me hirió, que me escondió, que dudó de mí, que renunció a mí como si fuera yo un vicio.
Pienso en aquel movimiento suyo, perfectamente calculado, un engaño que me hirió en lo más profundo de mis sentimientos, algo que ni sabía que podía sentir.
Pienso en nuestras discusiones, en aquellas pequeñas trampas suyas en las que nunca podíamos tener un acuerdo porque ella en vez de ofrecer soluciones sólo enredaba más la conversación haciendo preguntas.
Pienso en su abandono, su indiferencia.
Pienso en el brillo en sus ojos cuando me hacía un halago. Pienso en la tensión que sentía cuando nos tocábamos de forma casual, pienso en cuando me tomaba de la mano para ayudarme a cruzar la calle porque sabe que no sé hacerlo de forma prudente. Pienso en su acento chiapaneco, pienso en su risa y su compañía.
Pienso en su silencio, pienso en sus "te amo", pienso en su irritación, y su abandono, quizás uno de los peores que he experimentado, quizás el más devastador.
Era mi mejor amiga.
¿Cuántas oportunidades tenemos, a lo largo de nuestra vida, de darle ese titulo a alguien que realmente lo merezca?
Recuerdo sus comentarios hirientes, sus desplantes y el frío de la inseguridad en la que envolvió nuestra dinámica cuando los rumores comenzaron a volar.
Recuerdo las canciones que me dedicó, recuerdo las madrugadas que pasamos hablando.
Recuerdo sus acciones ofensivas, recuerdo sus regalos.
Recuerdo cuando dijo que le gustaba que fuera "diferente" al resto de las personas. Ahí donde todo el mundo gusta de señalarme, o burlarse de mí, ella encontraba diversión y belleza.
Recuerdo nuestras peleas, y su silencioso adiós.
Y eso es todo: Recuerdos, algunas fotos y la música que sobrevivió. Ahora ella ya no está, y yo estoy experimentado una soledad muy particular que me atormenta, desde hace tres, casi cuatro años.
Cuando algún novix rompía conmigo, era cuestión de meses para encontrarme a alguien más. Aunque fuera una aventurilla, nunca falta quién se acerque y se preste a vivir lo que se tenga que vivir.
Cuando una amistad se rompía, el malestar me duraba un mes y eventualmente me consolaba saber que tengo más amigxs, y que incluso podría hacerme de más si me esforzara un poco.
Pero desde que ella se fue, no sé cómo reponer esta relación, no sé cómo reemplazarla y miren que he intentado de todo: Me abrí tinder, bumble. Me uní a grupos de facebook. Acepté salidas con lxs amigxs de mis besties. Hice un maldito club de lectura. Contesto las cartas de amor que me envía gente sin cara.
Vago por los rincones del mundo, rasco en la tierra y corro bajo la lluvia. Voy a parques, a tiendas, a cafeterías y bares.
Le sonrío a todo el mundo, respondo con aire amigable. Dejo entrar a la gente y nada me llena, nada es igual, nadie se acerca ni tantito.
Y YA SÉ QUE ES UNA MAMADA ESTAR BUSCANDO SATISFACER ESTE ABANDONO CON GENTE INOCENTE QUE POSIBLEMENTE TIENEN BUENA FE CUANDO ME HABLAN.
¿Pero no es así como funciona esto? Rompes, vives tu duelo y luego lo intentas otra vez.
Hacía mucho que no tenía un sueño tan vívido físicamente. Al despertar seguía sintiendo la humedad en mi boca, un palpitar muy ligero en mis labios y el corazón latiéndome tan fuerte que, no miento, sigo sintiendo dolor en mi pecho (ojalámemuera)
Un escalofrío, sudor frío en mi nuca y un aturdimiento que ha persistido durante mi día. Tengo ganas de gritar, tengo ganas de contarle a alguien pero no me siento cómoda ni escribiéndolo en mi diario. ¿Será acaso que porque deseo que se vuelva realidad?
Mis deseos rara vez empatan con la realidad.
Ella se fue, tiene años que así es, ¿Por qué yo no puedo irme también?



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