miércoles, 5 de agosto de 2026

Irremediablemente suya

¿Me ama, no me ama, me ama, no me ama, me ama, no me ama?

Pero me amó, estoy segura. Lo dijo muchas veces, lo demostró varias otras más. ¿Me sigue amando? Quién sabe. Espero que sí y al mismo tiempo me siento egoísta por desearlo.

Han pasado cuatro años de nuestra ruptura y tres personas después, y esta sensación de inevitabilidad sigue presente muy hondo dentro de mí, tan certero como el saber que voy a morir. Algo dentro de toda esta maraña de sentimientos se esconde más fuerte, algo que nunca he sabido cómo explicar: ¿Destino? No sé, nunca he creído en el destino tal cual. ¿Hilo rojo, amor de la vida, alma gemela? Ninguno de esos cuentos me parecen ni tantito realistas. ¿Pero qué es? ¿Obsesión, limerencia, hiperfoco?
¿Es miedo?
¿Es la intensidad de mi propia soledad?

No sé. Sólo sé que cada vez que recibo una carta suya, siento como si me estrujaran todas las entrañas.








Ni siquiera es una historia de amor convencional y lo cierto es que ha pasado tanto tiempo y han acontecido tantas cosas en su vida y en la mía que intentar explicarlo todo es inútil. 
Si son lectores habituales les consta entonces que con determinación he seguido con mi vida, he hecho cosas y he conocido a personas, hasta podemos decir que una vez me enamoré pero aunque despertaba cada mañana con la idea de que ahora yo soy una nueva persona y tengo una nueva vida y una nueva rutina algo siempre  me supo extraño. Melancolía. Una especie de tristeza que me costó trabajo racionalizar. Algo más que sólo ese tono gris que cubría a los aspectos de mi vida.

Tampoco era un tema que pudiera sacar a colación con cualquiera de mis amigxs, familiares o amantes. Nunca he sabido bien cómo abordarlo sin parecer una absoluta demente. Yo sé cómo suena desde afuera, he visto el horror y la preocupación en las miradas de aquellas almas nobles que tuvieron la amabilidad de preguntarme sobre el asunto.

He intentado escribir sobre ello, no sólo en este blog o en mi diario, sino con la ficción torciendo los detalles o pintando el escenario. Sería mentir si digo que no me gustó lo que escribí, pero también sería mentira si digo que representa en un porcentaje importante lo que en verdad pasó y lo que yo sentí -y todavía siento-

Es un asunto complejo que está hundiéndome. Me siento atada de manos, me siento confundida por su vaivén -a veces la siento cerca, a veces creo que todavía me quiere, y a veces creo que le soy indiferente, que quiere que jamás vuelva a escribirle- y me siento triste porque mientras viva, mi incapacidad de ponerlo en palabras me hace no poder inmortalizarlo.
Yo sé que los amantes siempre creemos que estamos inventando algo, pero es que en este caso, en nuestro caso, en mi caso, de verdad creo que inventamos algo que jamás la humanidad ni siquiera pudo soñar.
No poder dejar constancia de ello en la memoria colectiva o no poder volverlo en algo artístico me resulta agónico. Porque creo que nuestra historia es digna de ser contada, sólo que como no termino de entenderla, no puedo escribirla por más vueltas que le dé a mi memoria o cuántos archivos, recuerdos, fotos y testimonios revise.

¿Alguna vez voy a dejar de sentir esto?





Ya sé, me han dicho que soy muy joven para dejarme atormentar por algo que ya ni existe en mi presente. La cosa es que yo no siento que alguna vez se desvaneció, la intensidad pudo disminuir pero jamás se extinguió y aquí sigue conmigo, a veces sólo como un flamazo y a veces como una llamarada, un calor sobrenatural que me rodea y me da fuerza. A veces me quema, pero nunca se apaga.

Soy muy joven para pensar que jamás voy a enamorarme otra vez, que esta espina en mi corazón será eterna, que su presencia me seguirá como fantasma errante. Pero soy lo suficientemente grande como para afrontar la verdad: Si nada ha podido borrarla de mí en todo este tiempo, entonces ya nada lo hará.



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